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miércoles, 10 de agosto de 2016

La mirada hipnótica de las serpientes

Palabras clave: serpiente mirada hipnosis hipnotismo hypnotic gaze of snakes

La mirada hipnótica 
de las serpientes

Por Noel Clarasó

    Se suele admitir que las serpientes (algunas razas de serpientes) ejercen un poder hipnótico sobre otros animales, les inmovilizan con este hipnotismo y así les devoran fácilmente; pero ¿es verdad la existencia de este poder? Si nos hemos de fiar de los datos que nos dan los libros hemos de creer a la vez que sí y que no.

    Los que sostienen que no, añaden que las serpientes (las grandes serpientes) se limitan a inmovilizarse al acecho de la presa, sobre la cual se lanzan con la rapidez de una flecha en el momento oportuno; pero que en ningún momento la hipnotizan.

    Los que sostienen que este poder existe, le atribuyen una fuerza capaz de hipnotizar también a los hombres, o al menos a los niños.

    Lo que sí parece cierto es que algunas serpientes venenosas, la serpiente cascabel, por ejemplo, exhalan, sobre todo en ciertas épocas de su vida, un aliento venenoso que puede intoxicar a distancia, e incluso causar la muerte de una persona que lo respire durante mucho tiempo.

    Citan los libros casos de niños negros, en el Congo, que han quedado como hipnotizados por serpientes venenosas, y aunque se ha conseguido evitar que las serpientes los devoraran, los niños han muerto después víctimas de una intoxicación.

    Parece que este aliento venenoso de las serpientes se produce después de la muda.

    También se dice que la inmovilización de algunas aves ante la serpiente, cosa que ciertamente se ha observado, no significa que el ave esté hipnotizada, sino que es un truco de la misma ave para detener en ella la atención de la serpiente y evitar que le devore la cría que está en el nido inmediato. Mantiene la inmovilidad con las alas abiertas, a veces tarda demasiado en huir y la serpiente la devora.

lunes, 1 de agosto de 2016

El elogio o alabanza

Palabras clave: praise eulogy lisonja psicología sociología elogio alabanza

Cuando de elogios
se trata...

¿Por qué una palabra amable nos hace sentir incómodos, torpes y aun desconfiados? Podemos aprender a recibir los elogios con más gracia y a decirlos con sensatez.

Por Sally Wendkos Olds

    Decimos que la adulación insincera nos repugna, pero la alabanza auténtica nos agrada. En realidad, el elogio, «el más dulce de los sonidos», según Cicerón, incomoda a la mayoría de las personas. Aunque deseamos, necesitamos y generalmente buscamos en forma indirecta las alabanzas, casi nunca sabemos qué hacer  al oír que nos las dicen.

    Cuando Charles Edgley y Ronny Turner cursaban el doctorado en sociología,(*) un condiscípulo suyo exteriorizó gran incomodidad al felicitarle el maestro por haberse desempeñado bien en el examen final. Tal actitud tocó una cuerda sensible en Turner y en Edgley, quienes de común acuerdo resolvieron estudiar a fondo el fenómeno del elogio.
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 (*) Ambos fueron profesores adjuntos de sociología; Turner, en la universidad Estatal de Colorado; Edgley, en la universidad Bautista y en la universidad del Estado de Oklahoma.
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    Organizaron un equipo de investigación integrado por diez estudiantes, los cuales se dedicaron a escuchar las conversaciones de los jóvenes universitarios y, siempre que sorprendían un elogio, interrogaban al elogiado. Las conclusiones de ese estudio, ya publicadas, demuestran que el 65 por ciento de las personas alabadas reconoció haber sentido cierta incomodidad, incluso cuando los cumplidos se consideraron sinceros.

    ¿Por qué tantas personas aceptamos el halago de una palabra elogiosa  con el recelo con el recelo con que recibiríamos una bomba de tiempo envuelta como regalo? De ese estudio se desprenden las siguientes seis razones principales:

    1ª La mayoría de las personas se sienten obligadas a devolver el elogio, así como sentimos el deber de corresponder a una invitación a cenar o a una tarjeta de Navidad. Algunas se preocupaban hasta el grado de creer que todas sus relaciones con el elogiante dependen de esa correspondencia; pero a casi todas les desagrada quedar en deuda con quienes les alaban y tratan de estar a la par con ellos en cuanto pueden.

    Refiriéndose a tal apremio para devolver los cumplidos, Sidney Simon, profesor de pedagogía en la universidad de Massachusetts, lo ha llamado síndrome del contraelogio. «Muchas personas no pueden sufrir que las alaben, y por tanto se sacuden el elogio que les dirigen apresurándose a corresponderlo», comenta.

    2ª Educadas desde la niñez para no alabarse a sí mismas, muchas personas tampoco soportan el oírse encomiar, pues esto podría tomarse como vanidad. La cantante folclórica Jean Ritchie, recordando su niñez, relata: «Mi madre solía poner una mesa espléndidamente servida cuando tenía invitados, ante los que luego se excusaba diciendo: Perdonadme, pero esto es todo lo que tenemos. Así nos enseñó a conducirnos. Por tanto, cuando comencé a cantar y la gente venía a decirme que les había gustado mucho, yo me resistía a aceptar sus elogios: temía parecer demasiado engreída».

    3ª El hecho mismo de proferir una alabanza implica que quien la expresa asume, al menos por el momento, la actitud de juez para con su interlocutor. Cierto director de una escuela de segunda enseñanza se siente receloso cuando recibe un informe favorable de un representante de los maestros de su institución, «pues que él me elogie hoy implica que tiene también el derecho de criticarme mañana».

    4ª Algunos sospechan que quienes los ensalzan ocultan un designio ulterior.  Turner y Edgley descubrieron que las palabras elogiosas entre hombres y mujeres se juzgan generalmente insinuaciones amorosas. En el ámbito de los negocios, los elogios suelen tomarse como un medio de cerrar una venta o para asegurarse  en lo sucesivo el favor de aquel a quien los dirigen.

    5ª Los cumplidos también son causa de que nos preocupe no poder repetir aquello que nos han alabado en determinado momento. Acaso ocurra que el agente de publicidad cuyo cliente comenta: Esa campaña que hizo usted dio excelentes resultados, se alarme con la idea de que su próxima campaña quizá no los logre en el mismo nivel. Por ello, aun las personas de mucho éxito temen las alabanzas directas.

    6ª Cuando recibimos el elogio de algunas personas, nos quedamos pendientes de sus labios, por temer que sus encomios no sean sino un preludio a sus críticas. Tal vez digan: Si eres tan inteligente, ¿cómo fracasaste en álgebra? O bien: Tienes muy buen gusto para vestir, pero ese traje...  Haim Ginott, especialista en psicología infantil, sentenció: Es más fácil y menos desconcertante ser objeto de elogios sinceros o de una crítica franca, que vérselas como una dolosa mezcla de ambas cosas.   

    Como las alabanzas pueden provocar  tal desasosiego, a todos nos aprovecha aprender tanto a darlas como a recibirlas. Un profesor de psicología educativa aconseja: Al alabar a alguien, no conviene exceder los límites de su tolerancia. Si lo hacemos exageradamente, la persona elogiada nos dirá: Ese no soy yo realmente. No quiero que diga usted que valgo tanto, pues sus palabras me hacen pensar que soy falsa apariencia.  

    Ginott afirmó un segundo principio: El elogio directo de la personalidad resulta, como el resplandor directo del sol, molesto y deslumbrante. En sus clases y en sus libros recomendaba el empleo de la descripción más que el de los adjetivos, insistiendo en que es preferible describir lo hecho por una persona a calificarla. Por ejemplo, en vez de decir a su hijo: ¡Qué fuerzas tienes!, un padre expresaría lo mismo al comentar: Hace falta mucha fuerza para mover ese banco de trabajo, pues pesa mucho. El mismo principio se puede aplicar también a los adultos. 

    Por supuesto, no faltan personas que se acostumbran de tal modo a las alabanzas, que viven, virtualmente, pendientes de los elogios. Elisa, joven muy inteligente y atractiva, se había visto colmada de loas toda su vida: la ponían por las nubes sus padres, sus maestros, los amigos con quienes salía de paseo. Hoy, tras cinco años de casada, su marido le prodiga cada vez menos halagos. Dirigente de negocios, esta señora siente que sus colegas y rivales del sexo masculino son muy parcos en sus elogios. Privada del constante incienso a que estaba acostumbrada, empezó a sentir las angustias de una crisis de identidad.

    Sometida a tratamiento, Elisa aprende ya a advertir por qué llegó a depender a tal punto de la aprobación de los demás, con lo cual se ha aplacado su anhelo de halagos. La gente no debería depender de esta constante reafirmación exterior para confiar en sí misma, comenta su psicoanalista. Necesitamos tomar conciencia de nuestras propias cualidades y limitaciones para poder valorarnos en la justa medida. 

    No obstante, a todos nos hace falta una buena dosis de aprobación. No conozco a nadie que sufra por el constante reconocimiento de su valor, asegura el profesor Simon. A la mayoría se nos ha corregido y criticado tanto que, cuando alguien nos alaba, nos resistimos a creerlo. Entonces nos decimos que, si la gente nos conociera de veras, nos se expresaría en términos tan halagüeños. Simon enseña a sus alumnos a vencer esta inclinación a la autocrítica y a aceptar de cuando en cuando que se les refuerce un poco en lo positivo.

    Tal vez el modo más importante de saborear un cumplido estribe en saber cómo reaccionar ante él. En general, la mejor respuesta consiste en decir sencillamente ¡Gracias! ... aunque tengamos que reprimir el impulso de contestar: ¡Ah! ¿Este vestido? Lo compré en un baratillo. Cierto pintor confiesa: Antes no sabía qué decir cuando la gente expresaba su admiración por mis obras. Ahora me limito a responder: ¡Gracias! ... También yo estoy muy contento de lo que logré en este cuadro. Si no me siento especialmente satisfecho de él, me basta con decir: ¡Gracias! ... mientras en mi fuero interno reconozco que mis exigencias  artísticas son mayores que las de otros.
«Selecciones» del Reader's Digest, tomo XI, núm. 60. [Condensado por el R. D. de Today's Health].

sábado, 16 de julio de 2016

Tabla de equivalencias tazas a gramos


Tabla de equivalencias 
tazas a gramos

     Cuando queremos preparar un pastel, una comida, o cualquiera otra cosa de pastelería o cocina, vemos en muchas recetas, tanto de libros como de páginas de internet, que la cantidad de algunos ingredientes está expresada en tazas. ¿Cuántos gramos son media taza de mantequilla? ¿A cuántos gramos equivale una taza de azúcar?...

   Especialmente las recetas modernas de países de habla inglesa (estadounidenses, australianos, británicos, etc.), están formuladas así. Asimismo, los libros antiguos en español decían con frecuencia algunos ingredientes por tazas. Es un problema, si  no conocemos las equivalencias, saber a cuántos gramos equivale media taza de mantequilla, por ejemplo, sin tener que fundir dicha materia grasa; y en la mayoría de los libros de cocina o de repostería, no están esas equivalencias. Téngase en cuenta que la taza a que se refieren los libros de cocina es la taza de té con leche, que tiene una capacidad de 250 centímetros cúbicos. He aquí la tabla de equivalencias:


Mantequilla y margarina:

  1/8 de taza =  30 gramos.
  1/4 de taza =  55 gramos.
  1/3 de taza =  75 gramos.
  3/8 de taza =  85 gramos.
  1/2   taza   =   115 gramos.
  5/8 de taza = 140 gramos.
  2/3 de taza = 150 gramos.
  3/4 de taza = 170 gramos.
  7/8 de taza = 200 gramos.
  Una taza  =    225 gramos.


Azúcar blanco granulado:

 1/8 de taza =   30 gramos.
 1/4 de taza =   55 gramos.
 1/3 de taza =   75 gramos.
 3/8 de taza =   85 gramos.
 1/2   taza   =    115 gramos.
 5/8 de taza =  140 gramos.
 2/3 de taza =  150 gramos.
 3/4 de taza =  170 gramos.
 7/8 de taza  = 200 gramos.
 Una taza   =     225 gramos.


 Harina común y azúcar glaseado (glas):

 1/8 de taza  = 15 gramos.
1/4 de taza  =   30 gramos.
1/3 de taza  =    40 gramos.
3/8 de taza  =   45 gramos.
1/2   taza      =   60 gramos.
5/8 de taza  =   70 gramos.
2/3 de taza  =   75 gramos.
3/4 de taza  =   85 gramos.
7/8 de taza  =  100 gramos.
Una taza    =     110 gramos.


Azúcar moreno o negro:

1/8 de taza  =   25 gramos.
1/4 de taza  =   50 gramos.
1/3 de taza  =   65 gramos.
3/8 de taza  =   75 gramos.
1/2  taza     =   100 gramos.
5/8 de taza  =  125 gramos.
2/3 de taza  =  135 gramos.
3/4 de taza  =   150 gramos.
7/8 de taza  =   175 gramos.
Una taza    =     200 gramos.


Cacao:

1/8 de taza  =  15 gramos.
1/4 de taza  =  30 gramos.
1/3 de taza  =  40 gramos.
3/8  de taza  = 45 gramos.
1/2  taza    =     60 gramos.
5/8 de taza  =  70 gramos.
2/3 de taza  =  75 gramos.
3/4 de taza  =  85 gramos.
7/8 de taza  = 100 gramos.
Una taza   =    125 gramos.


Harina de repostería:

1/8 de taza  =   10 gramos.
1/4 de taza  =   20 gramos.
1/3 de taza  =   25 gramos.
3/8 de taza  =  30 gramos.
1/2  taza    =     50 gramos.
5/8 de taza  =  60 gramos.
2/3 de taza  =  65 gramos.
3/4 de taza  =  70 gramos.
7/8 de taza  =  85 gramos.
Una taza   =     95 gramos.


Coco rallado:

1/8 de taza  =  10 gramos.
1/4 de taza  =  25 gramos.
1/3 de taza  =  35 gramos.
3/8 de taza  = 40 gramos.
1/2  taza   =     50 gramos.
5/8 de taza  =  60 gramos.
2/3 de taza  =  65 gramos.
3/4 de taza  =  75 gramos.
7/8 de taza  =  85 gramos.
Una taza   =   100 gramos.


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viernes, 15 de julio de 2016

México cómo son sus habitantes y cómo comportarse en ese país


Méjico

CÓMO SON SUS HABITANTES 
Y CÓMO COMPORTARSE EN ESE PAÍS

Por Robert Escarpit

     Lo más característico de Méjico es la gran amplitud de la jerarquía social. Son mejicanos con el mismo título y patriotismo el sabio ilustre, conocido y respetado por todos los intelectuales de todo el mundo, y el indio medio desnudo que vive de la caza con su arco primitivo en la selva tropical. En Méjico es posible encontrar toda suerte de mestizos. El indígena y el español son los dos antepasados contradictorios que el mejicano siente vivir en sí con una mezcla de amor y de odio, de vergüenza y de fidelidad. Los psicólogos lo califican de complejo. En todo caso, es en esa sensibilidad donde nacen susceptibilidades o se crean malentendidos.

    Tres consejos.Conviene dar tres consejos al europeo que piense ir a Méjico: no llegar como conquistador; no juzgar antes de tiempo; no criticar sin saber.

    Sin los cuales los mejicanos, que han sufrido todo tipo de conquistas (¡fuimos conquistadores suyos y nos costó caro!) le juzgarían con menosprecio. Conviene también procurarse un mínimo de informaciones. Méjico es uno de los países peor conocido. Conocí a un funcionario de Asuntos Exteriores que situaba a Méjico en América del Sur.

    Una de nuestras revistas literarias más serias, lo denominaba el país de los incas, confundiéndole con el Perú, del que está separado varios millares de kilómetros. No faltan los que atribuyen a Méjico las Pampas y los gauchos de la Argentina, las sambas del Brasil o los vaqueros de Tejas.

    Lo primero que debe hacer el viajero que desea visitar Méjico es documentarse un poco, si ya no lo estaba, en historia y geografía principalmente.

    Sin conocimiento de causa no hable de generales ni de revoluciones.Un arraigado prejuicio hace creer que en Méjico todos los soldados son generales y que los pronunciamientos están a la orden del día. Es cierto que la revolución de 1910 creó muchos generales en Méjico, así como en Francia lo hizo la Liberación, en 1944; pero el actual régimen se mantiene desde hace muchos años y las instituciones democráticas no funcionan ni mejor ni peor que en otros países. También es verdad que hay algunos aspectos de violencia o corrupción en la vida política, que puede sorprender al viajero que llega del Viejo Mundo. Los mejicanos critican a su gobierno libremente. No les imite usted. Les molestaría que lo hiciese un extranjero y negarían lo evidente. El patriotismo (o patrioterismo) mejicano es muy susceptible. Ama extraordinariamente su bandera, adora su himno nacional y rinde honores a los de otros países. Use usted esa misma cortesía; es de rigor.

    En Méjico hay cosas muy bellas y algunas que no lo son. Sea discreto si saca fotografías, y no haga ninguna de una casa o ser viviente, sin haber pedido antes la autorización a los interesados. No insista si un indígena no quiere ser retratado; sin duda piensa que no está bien vestido y que se reirán de él  cuando lo vean en otros países.

    El funcionario mejicano, generalmente mal retribuído, suele tener la costumbre de pedir una propina por el servicio proporcionado. A esto le llaman morder, lo cual es sólo especialidad de Méjico; tienen además la ventaja de morder con gracia y tacto. Dobléguese sin protestar ante esa costumbre y no creo por ello que aquí todo se compra con dinero. Más de uno le arrojaría los billetes que se le hubiese ofrecido de mal modo, ofendido en su pundonor nacional. Jamás un mejicano vende su dignidad, ni renuncia a un gesto caballeroso por todos los dólares del mundo.

    Asuntos de dinero.Si le roban alguna cosa, como es muy probable que suceda, será ingeniosamente, y algo de poco valor para evitar una denuncia. Le agradecerán que en atención a la astucia empleada se les perdone el hecho, porque piensan que después de todo, si tanto le interesaba conservarla, habría debido tener más cuidado.

    Si a un muchacho cualquiera de la calle le dice usted que tenga cuidado de su coche, aunque seguramente había venido dispuesto a quitarle algo del auto, se hará matar antes de que alguno lo toque. La confianza es la mejor defensa. El contrato verbal, lo mejor respetado. 

    Saben de antemano que usted regateará al comprar. Hágalo, pero con discreción. Cuando un artesano le ofrezca un objeto de arte popular mejicano por un precio ridículamente bajo, tenga presente que le habrá costado algunas semanas de trabajo y conténtese con una pequeña rebaja, por su dignidad de comprador. Si él ha ganado más de lo que esperaba, alégrese usted con él. Siempre le habrá resultado barato. No obstante, no distribuya su dinero con profusión. Sería el mejor medio de que se burlaran de usted después de aprovecharse de su generosidad. Por lo demás, el indio no es ambicioso; sólo desea lo necesario para poder vivir y trabaja lo estrictamente indispensable para lograrlo.

    Trabajos pequeños.Un mejicano trabaja mucho cuando es preciso. Los que digan lo contrario no advierten que suelen trabajar con desgana cuando el dueño o encargado les resulta desagradable. Trate a sus empleados como iguales, pero sin familiaridad; a pesar de ello, tema que una sirvienta mejicana trate de inmiscuirse en sus asuntos familiares. Vive independiente, en el piso que le está destinado en el ático. Son muy limpias (esta es una cualidad de su raza). Quieren a los niños; agradecen que se les trate bien; pero el día menos pensado desaparecen porque se han cansado de trabajar o por haber reunido algún dinero. La gente del pueblo vive al día, sin preocupaciones. Abunda el trabajo de artesanía. Todos los años el cartero, el basurero, el limpiabotas, el jardinero, el aguador, que lleva el agua potable, el que lleva los periódicos y el vigilante que silba por las noches para advertir a los ladrones de su presencia, todos le harán una visita protocolaria pidiendo un aguinaldo. Además de la fiesta nacional, Navidad y Año Nuevo, cada uno tiene su día festivo.

    Cuando le lleven una tarjeta escrita en verso... ya sabe usted lo que significa. Cuando el mejicano ha ganado lo suficiente para vivir, no trabaja más, a menos que sea un caso de fuerza mayor. Cuentan que un sombrerero estadounidense hizo un gran pedido de sombreros de paja a un cestero de Oajaca. En vez de bajar el precio ante la cantidad, el indio lo aumentó. El estadounidense le hizo notar que, tratándose de un pedido tan importante, el negocio era muy bueno; y el indio le contestó, meneando la cabeza:  «Sí, señor; ¡pero quinientos sombreros! ¡Lo que voy a aburrirme haciéndolos!...»          

    Cabeza de turco.Aunque el mejicano parece impasible, en el fondo es un bromista: tenga usted cuidado... Lo que más le divierte es el turista estadounidense, el gringo, por su manera de vestir y por su acento. Le comparan al pato Donald. En un pueblecito de Michoacán llaman a los estadounidenses los guiriminis, lo que dicho a su manera, es una corrupción del wait a minute, furioso dicho que usan los estadounidenses para elejar la horda de chiquillos que les ofrecen sus servicios. Procure usted que su traje no dé lugar a risas. Las gringas (estadounidenses) que se pasean por las calles en pantalones cortos, no lo harían si comprendiesen el sentido malicioso de los comentarios que a su paso hace la gente. El error contrario es vestirse con el traje nacional: las blusas de encaje, las faldas bordadas con colores vivos que sientan admirablemente al tipo moreno de las mejicanas, resultan ridículas en las siluetas de la Rue de la Paix o de la Quinta Avenida.   

    Los hombres deben vestirse como en Francia. Nada de traje de explorador con camisa de caza y salacot (casco colonial), etc... Si no, dirían que se había disfrazado de ingeniero inglés.    

    Es un indio de Francia.Si los mejicanos ven sencillez en usted, dirán: es de los nuestros; de lo contrario, le aplicarían lo que humorísticamente dijo un viejo cura de Tzintzuntzan: 
         Es un indio de Francia.     

    La amistad mejicana es muy sincera; trate de conservarla. El mejicano es ceremonioso, besa la mano a las señoras. Saludan a los hombres con fuerte abrazo, pecho contra pecho, y con fuertes palmadas en la espalda. Este saludo es de origen español. Los indios tienen también sus cortesías y refinamientos. Entre los tarascos el protocolo es largo y complicado. Los jóvenes se arrodillan ante sus mayores y les besan la mano. Se usan como fórmulas de cortesía las expresiones:  «Póngame a los pies de su señora esposa», o al final de una carta de negocios: «Me felicito por haber hecho un negocio con una persona tan respetable y distinguida como usted, y le ruego, una vez más, me considere como su sincero amigo y fiel servidor».

    Los mejicanos han conservado la afición al florilegio epistolar, que nosotros hemos perdido junto con el de la hipérbole. Si su interlocutor escribió alguna vez unos versos, puede usted llamarle ilustre escritor sin que se sorprenda. Por poca habilidad que tengan en su oficio un carpintero, un electricista,  o un albañil, se le llama maestro, igual que a un profesor universitario.   
Vista panorámica de la ciudad de México.
    Cumplidos.La hospitalidad mejicana es proverbial. No dicen: «Yo habito aquí», sino «esta es su casa», lo que da lugar a divertidos Quid pro quos. Yo conocí a un bromista que al decir «esta es su casa», añadía: «aunque yo la pago...» No crea usted que en estos casos se trata sólo de una figura retórica. El ofrecimiento es sincero. Tanto en un lujoso piso de los barrios nuevos, como bajo el techo de palma de un pescador del barrio de Patzcuaro, le recibirán con iguales agasajos. Aprenda usted a beber tequila aguardiente de pita— con una pizca de sal sobre el dorso de la  mano y un pedazo de limón entre los dedos. Aprenda también a poner la comida sobre la tortilla, o sea, sobre un pan de maíz que le servirá al mismo tiempo de plato, de pan y de tenedor. La comida mejicana es excelente, sana y variada, pero hay que acostumbrarse a soportar el pimiento picante que llaman chile, que resulta más fuerte que la pimienta de Cayena. 

    Si admira usted algún objeto en casa de un amigo, hágalo con discreción, porque se lo regalarán enseguida. Si recibe usted en su casa, hágalo bien, pero sin ostentación. Atender a unos huéspedes con mayor suntuosidad de lo que ellos mismos pudieran ofrecerle  sería rebajarles; y ellos se considerarían secretamente ofendidos. Pero tampoco escatime, porque entonces dirían que es usted codo o que viene de Monterrey; es decir, le llamarán avaro; y la avaricia es un defecto que no conciben los mejicanos.   

    Si tiene usted una sirvienta, es casi seguro que vea todos los días caras desconocidas que suben por la escalera de servicio; es su familia de ella compuesta por hombres, mujeres y niños, que esperan ayuda económica de su pariente que trabaja; todos ellos están dispuestos a hacer con gusto cualquier trabajo que usted les ordene. La familia por lo general es muy numerosa y muy unida y en ella abundan los niños y los parientes lejanos. Usted tendrá que preguntarles por todos los parientes ausentes... Esto es de rigor. Y debe saber que nunca ha de preguntar a un mejicano por su madre, sino por su mamá. La palabra madre implica una expresión injuriosa; y evítese conflictos, porque en Méjico la madre cuenta más aun que la esposa. 


    Amor.Si absurdas leyendas le han hecho soñar con amores fáciles y aventuras imprevistas, tendrá usted que ir a buscarlas en los cabarés que frecuentan los turistas. En Méjico la gente se acuesta temprano; es una ciudad de gente sencilla empleados, obreros, agricultores, etc.. Tal vez sea porque las noches son bastante frías, debido a los 2.300 metros de altitud. En Veracruz, por el contrario, hace mucho calor, pero a medianoche las calles también están solitarias. En todo caso, las mujeres no son nada fáciles. Son puritanas y apasionadas, en una mezcla desconcertante de estusiasmo y desdenes súbitos. El delito pasional es frecuente. El matrimonio, menos estable que en Francia. El hijo natural y la madre soltera son acogidos con benevolencia; pero ello no representa inmoralidad, sino indiferencia por el estado civil. No obstante, en público, los enamorados observan una conducta más seria que en otros países.

    La palabra flirteo no existe. Se hace la corte con mucha gentileza, ofreciendo a las novias mañanitas, o sea, serenatas de madrugada. Si el galán no sabe tocar la guitarra alquilará unos mariachis que debajo del balcón de la joven cantarán y tocarán. Si a ella le agrada se asomará y ordenará bebidas para los músicos. Algunas veces, en plena noche, se oyen guitarras y violines tocar en sordina un gallo (imitación del canto del gallo).                            

    La muerte.Al indio no le preocupa saber dónde y cuándo nació; tampoco le preocupa cómo y cuándo morirá. La muerte es un personaje cotidiano tanto hoy como en el tiempo de Huitzilopochtli, el dios de los sacrificios. Los indígenas mezclan a un ferviente catolicismo, un fondo de ritos y leyendas paganos. Les desagrada que se asista a sus fiestas religiosas por pura curiosidad; y hay que tener presente que si le permiten entrar es sólo por puro favor. En todo caso conviene asistir con una actitud reverente y tener preparadas una justa recompensa.

    El mejicano es casi siempre muy piadoso... pero a veces, anticlerical. Es preferible no abordar el tema religioso. Desde hace muchos años sostienen con tesón una gran revolución económica y social. Se sienten orgullosos y con razón, de los buenos resultados obtenidos, sobre todo por haberlos conseguido exclusivamente con sus propias fuerzas, y contando muchas veces con poderosas oposiciones.

    Si alguna vez admira usted el viejo Méjico, acuérdese de que le agradecerán que admire también el nuevo. Observe el folclore, arte popular, iglesias antiguas, ruinas precolombinas, mercados, costumbres, que son muy interesantes, pero aprecie también detenidamente las escuelas, los institutos científicos, las carreteras, las granjas colectivas y las nuevas industrias: no lo sentirá usted y dará un merecido gusto a sus amigos.

    De los extranjeros, el que mejor se adapta al país es el francés, porque gran número de costumbres mejicanas se parecen a las suyas más de lo que pudiera imaginar. Esto hace que se establezca un afecto recíproco. No he conocido a ninguno que al volver de este país no se haya encariñado con él, y no se sienta más humano... más sencillo.
    Saber vivir internacional. [Varios autores]. Traducción de Celia de Aimerich.
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Robert Escarpit (1918 - 2000) fue un sociólogo, escritor y periodista francés.

martes, 12 de julio de 2016

Molletes de miel Ketty de Pirolo


Molletes de miel

Por Ketty de Pirolo

    INGREDIENTES
                                        2 tazas de copos de trigo
                                        1/2 taza de miel de caña (melaza)
                                        1  1/2 taza de leche
                                        Un huevo batido
                                        Una taza de harina
                                        Una cucharadita de bicarbonato de sodio
                                         1/2 cucharadita de sal

    Preparación.Mezclar la miel de caña con la leche y agregar los copos de trigo, dejando remojar durante quince minutos. Añadir el huevo batido. Tamizar juntos la harina, sal y bicarbonato e incorporar a lo anterior. Mezclar suavemente. Verter la preparación en moldes enmantecados, llenándolos hasta las dos terceras partes. Cocer a horno moderado de 20 a 25 minutos. 
   «Repostería».                
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N. B.Ketty de Pirolo fue una muy destacada cocinera argentina, confitera y autora de libros de gastronomía. Entre sus obras más importantes figuran Cocinemos con Ketty, obra en dos tomos de más de 550 páginas cada uno, Repostería, Decoración artesanal de tortas, El microondas, usted y yo, etc. Junto a Petrona C. de Gandulfo y Emmy de Molina fue una de las más importantes cocineras, ecónomas y escritora de libros de gastronomía de la Argentina, y de nivel internacional.

sábado, 14 de mayo de 2016

El diseño precursor


El diseño precursor

¿Qué vendrá después?

Por Otto F. Reiss

    Es propio de la naturaleza humana querer cambiar las cosas que nos rodean. Nos fastidia nuestra casa, y la pintamos de nuevo o nos mudamos de piso. Nos cansamos de la marca habitual  de nuestros cigarrillos o de la mermelada diaria del desayuno, y probamos otras clases. Al vernos en el espejo nos molesta incluso nuestra apariencia exterior. Una mujer en esta disposición de ánimo prueba otro peinado o se compra una prenda nueva. Un hombre quizá se ponga una corbata de lazo, decida dejarse crecer el bigote o se afeite el que tiene.

    Este continuo deseo de cambio se debe probablemente a que las cosas nuevas llegan a conocerse con mayor rapidez. Cuando, por ejemplo, la gente oye una canción por la radio dos o tres veces al día, se cansa de ella en seguida y pide otra música. Las últimas palabras pronunciadas en los anuncios comerciales radiados son: «¡Es algo nuevo!» La novedad se ha convertido en mérito por derecho propio, del mismo modo que puede ser ventajoso para una cosa ser más hermosa o más eficaz. Y no es necesario que un artículo nuevo contenga maravillas como las inventadas por Thomas A. Edison. 

    Las modas, por lo general, tenían que ver únicamente con vestidos, sombreros y zapatos. Pero hoy en día son cada vez más los artículos que se ven sujetos a los caprichos y variaciones de la moda. La moda varía el modo de disponer la mesa, las clases de tapicería, los estilos de los muebles e incluso los de las casas. El público lo quiere así.

    Un ejemplo es el afán de aerodinamizar, principal esfuerzo del proyectista industrial. La carrera hacia el aerodinamismo ha significado vender montañas de mercancías y ha dado ocupación a millones de obreros. Sin duda alguna, supone un gran progreso en la fabricación del automóviles, trenes y otros vehículos veloces. Pero, ¿porqué han de ser aerodinámicos los artículos estáticos? Ninguna ventaja ha proporcionado el aerodinamismo a los aparatos de radio, lámparas, básculas y otros mil objetos, si se exceptúa, quizá, la de un nuevo perfil contra el que nada puede el polvo. Buena idea es el aerodinamismo, pero sólo es una idea más. Hoy, los mismos proyectistas y dibujantes industriales empiezan ya a abandonarla.

    Todo esto lleva a la conclusión de que la gente quiere cambiar, cambiar continuamente. La razón de muchas ideas es la de cambiar algo por el solo gusto de cambiarlo. Y es una suerte que el público pida cada día novedades, pues si se contentara con lo ya conocido, el zumbido de la industria se detendría. La producción de nuestra época, de unos alcances antaño inverosímiles, debe ir acompañada de un rápido olvido de la antigua fabricación (1). Es el mejor medio de mantener en movimiento los engranajes y seguir pagando los jornales.
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(1) Esto es válido solo en caso de que las nuevas mercancías mantengan la calidad de las anteriores. En el caso de mercancías que se averían en poco tiempo, no se justifica mucho el cambio de modelo.
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   El deseo de cambiar va tan lejos que, en algunos casos, se abandonan cosas útiles. Las perchas de pared tenían un brazo largo y otro corto, los cuales servían para colgar el sombrero y la chaqueta, respectivamente; pero para darles una apariencia moderna, muchas perchas se han reducido a una simple clavija en la que no puede sostenerse ni siquiera una boina. La producción de cámaras fotográficas estereoscópicas para la obtención de fotografías en relieve se abandonó virtualmente bastante antes de la segunda guerra mundial. Un fabricante construyó máquinas de coser con ángulos y esquinas afiladas, cuando antes eran de curvas muy suaves. Las tapaderas, que mantenían calientes las salsas y los jugos, han desaparecido de las vajillas, pues de esta manera, según dicen, las fuentes lucen más en la mesa. Y así, los fabricantes de automóviles, que un año introducen mejoras utilísimas en los coches, tales como ruedas independientes, marcha superdirecta o calefacción interior, dejan de aplicarlas al año siguiente. El público quiere cosas nuevas por el mero deseo de la novedad.

    Lo cierto es que se advierte una tendencia a la mejora constante. A medida que el tiempo pasa, los vestidos, los artículos domésticos, las máquinas y los automóviles son más y más eficaces y más baratos, y siguen una línea perfectamente equilibrada en su diseño, aunque resulte imposible a los industriales crear un progreso básico cada temporada. Mientras tanto, dan a sus productos una forma aerodinámica, un alegre decorado novecentista o, sencillamente, los adornan con un trébol de cuatro hojas porque muchos clientes supersticiosos lo creen de buena suerte. No existe una idea final que acabe con todas las ideas. La consigna, particularmente en lo que a las mercancías se refiere, es la de que no existe diseño industrial o funcional, sino un algo para lo que debe crearse una nueva denominación: la de diseño precursor.

    Diseño precursor significa crear rasgos que se adelanten a la imaginación de la gente, tales como dotar de líneas aerodinámicas a un objeto o investirlo de cierto brillo supersticioso. No se necesitan cartabones para esta clase de dibujo.

    He aquí un ejemplo. En la década de 1940, la Compañía Ronson, contrató los servicios de la agencia publicitaria H. A. Salzman con objeto de incrementar la venta de sus encendedores automáticos. En principio, tales adminículos eran privativos de los hombres, y mientras los periódicos dedicaban columnas enteras a la moda femenina y a los temas domésticos, no había una sola sección periodística  en donde Salzman pudiera incluir sus anuncios sobre encendedores. Salzman sugirió a la casa Ronson la fabricación de un encendedor automático que hiciera juego, en una mesa puesta, con la vajilla de plata. Ronson fabricó ese encendedor. Y si un encendedor de caballero halla bien pocas veces espacio adecuado en los periódicos, téngase en cuenta que los redactores de las páginas femeninas de los mismos están buscando siempre nuevas ideas. Cientos de periódicos reprodujeron de este modo la fotografía del nuevo encendedor como el complemento de una mesa bien puesta, lo cual, no sólo divulgó el nombre de Ronson entre millones de lectores, sino que convirtió su nuevo encendedor en un objeto muy solicitado. Diremos de paso que se había concebido éste con un fino adorno floral, pues de haber sido aerodinámico habría desentonado con la vajilla de plata.
El encendedor propuesto por el publicitario: Ronson modelo Crown Silver Plate.
    Lo que hay que destacar en todo esto es que la idea para el nuevo artículo no fue fruto de un experto o de un técnico. El diseño precursor es algo que está al alcance de un comerciante, de un mecanógrafo o de un lego. En otras palabras, ¡de usted!

    El propósito de este capítulo es alentarle en la busca de ideas. Cuando atine usted con algo nuevo, asegúrese de ello, antes de llevarlo a la práctica, con un examen cuidadoso de todas sus facetas, pero no apunte demasiado alto; a menudo una idea sencilla se presenta con tanto acierto al público que se convierte en un gran éxito. Los periódicos comerciales anunciaron cierto día que unos guantes para caballero eran «revolucionarios», «lo más nuevo en guantes», «los guantes más discutidos en el mundo entero». Sin embargo, la única «idea» nueva que había en ellos era que el pespunte no seguía la línea recta usual, sino que estaba hecho en zigzag. Se vendieron miles de pares. En cambio, puede usted anular una buena idea si la menciona de pasada o ni siquiera la menciona. Las pastillas de jabón Pears, un producto inglés que estuvo en venta en los Estados Unidos, tienen una leve cavidad. Cuando se ha gastado la pastilla hasta el punto de reducirla a una delgada película, puede pegarse este sobrante a la pastilla nueva y las dos se unen formando una sola pieza. De este modo se evitan los residuos de jabón en el lavabo (2). Los fabricantes, sin embargo, llevados de su amor británico por lo sobrentendido, guardaron virtualmente secreta tal idea, y dicho producto pasó casi inadvertido.
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(2) Actualmente casi todos los jabones de tocador se fabrican con ese formato ideado por la Cía. Pears; sin embargo, la mayoría de la gente no sabe por qué las pastillas de jabón tienen esa concavidad. Es decir, las demás fábricas de jabón, además de copiar el modelo de Pears, han cometido el mismo error de no explicar al consumidor el objeto de dicho formato.—Sherlock.                     
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      Las ideas nuevas no deben ser humildes violetas. Haga usted cambios aunque sean insignificantes, pero no oculte modestamente el brillo de sus méritos. Posiblemente el público, en su perpetua pesquisa por la novedad, irá a buscarlos y se lo agradecerá.
Las ideas originales en los negocios. (Traducción de Jaime Vicens Carrió).
Véase también la opinión contraria:
 Cómo la manía de continua renovación es contraria a la perfección.