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jueves, 4 de mayo de 2017

Argentina cómo son sus habitantes


Argentina

CÓMO SON SUS HABITANTES

Por Pierre Gosset

    No; la Argentina no es un país tropical. Ésta es una de las nociones que debemos examinar. Llega un momento en que continuando hacia el sur se cesa de ir hacia el Ecuador para dirigirse hacia el Antártico. Allí está la Argentina, pero su verdadero exotismo no son las palmeras, ya que tiene siete mil metros de altura en la mejor parte de su territorio, y algunas de sus provincias están cubiertas de nieve durante seis meses al año.

    No; los argentinos no son como los parientes ricos que llegan de la provincia. El argentino posee un sentido del refinamiento que desgraciadamente se va perdiendo en Europa. No se contentará con recitar una estrofa de la última pieza de Anouilh (que ustedes ya conocen), sino que está al corriente de todas las producciones literarias más modernas, que no enumero porque sería algo interminable.

        No; la Argentina no desciende de los incas, ni de los aztecas, ni de los mayas. Quisiera hacer creer que no desciende de ninguno, pero esto ya es más difícil.

    Además, en la Argentina un ganadero no es un hombre grosero, inculto y con mucho dinero. El ganadero argentino es un aristócrata  con dinero que en invierno frecuenta los salones y los grandes teatros.

    El dinero.Al desembarcar no se encontrará usted en otro continente, sino en otra Europa, que probablemente sería la de nuestros abuelos. Hay algunos lugares en Buenos Aires que recuerdan al parque Monceau y que habrían encantado al Barón Haussmann, si nuestros abuelos hubieran tenido ideas más gigantescas y un concepto menos convencional del dinero.

    Es el dinero que corre, y, sobre todo, su modo de correr, lo que nos lleva a las tierras americanas. Es la manera de ganarlo y de gastarlo. Y más aun, la ligereza con la cual se le trata. Cada cual se enriquece o se arruina, pero gasta sin temor hasta el último céntimo de las ganancias. Existe un ciclo cerrado de créditos no pagados, en el cual en un momento dado todo el mundo resulta ser acreedor y deudor de alguien. El sistema es correcto. Hipotecar una propiedad significa por lo menos que se tiene una, y probablemente que se va a adquirir otra más. Obtener un crédito es la prueba de que se tiene crédito. No obstante, pague usted al minuto su cuenta en el hotel.

    La sociedad a caballo.No habrá usted terminado de deshacer su equipaje, a su llegada a la Argentina, cuando ya las llamadas telefónicas se sucederán unas a otras invitándole a comer, al teatro, a cenar, a un té, a un aperitivo, etc... La lista de pasajeros de Europa habrá dado su nombre, y por poco que usted figure en el campo de la literatura, de las artes, del teatro o del periodismo, del deporte o de los negocios, todo el mundo querrá agasajarle. Pero tranquilícese: esto durará ocho días, o a lo más quince. Después habrá usted pasado de moda, ya que se espera otro transatlántico u otro avión, y entonces su tranquilidad será completa.

    Y ahora una ligera información sobre la sociedad que va a conocer.

    La «sociedad», en la Argentina, es tanto más importante cuanto que no existe aristocracia. Podrá usted encontrar marqueses de Salamanca o duques de Luynes perfectamente auténticos, pero estos han venido en busca de tejas para sus castillos de España o de Francia. Tampoco hay clase media (1).
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(1) Dato erróneo. La clase media es la predominante en ese país, la cual constituye la gran mayoría de sus habitantes.
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    Se es de la sociedad o no se es nada. Y se pertenece tanto más a la sociedad cuando más emparentado se está con los Unzúa, Alvear, Cobo, Tornquist, Alcorta, Anchorena y Dugan, que forman su trama.

    La sociedad argentina tiene los defectos inherentes a toda sociedad, dondequiera que es encuentre. Es algo esnob con cierto complejo de superioridad. Además es rica y hace ostentación de ello. Pero al estar en contacto con la tierra ha conservado las virtudes tradicionales. Puede decirse que es de origen rural: vive de la tierra y tiene el instinto de su explotación y la pasión por la ganadería. La Sociedad Rural es un verdadero club, y la Exposición Rural el acontecimiento mundano más importante de toda la temporada. Entonces se divide la curiosidad entre los toros premiados y las colecciones de los modistas. No hay un argentino de categoría que deje de ir a pasar unas semanas una vez al año a su estancia (hacienda) y la recorra a caballo en compañía de sus peones (2).
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(2) Esto es cierto solo cuando se trata de ricos terratenientes, o en casos de gente de clase media que tiene una pequeña finca en el campo. Pero fuera de estos casos, los habitantes de las ciudades que no poseen tierras en el campo no tienen vínculos con aquellos terratenientes, ni siguen costumbres campesinas.
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    Si usted no posee el talento de la equitación o de la ganadería, cuando le inviten a conocer una estancia no deje de admirar a aquellos enormes monstruos rojizos de cortas patas y cortos cuernos, relucientes de grasa y que apestan a rancio a diez metros. Van tapados con mantas que llevan la iniciales del propietario, y los criados los hacen desfilar ante usted agarrados por la correa, hasta conducirlos adonde está la vaca, que espera acostada en una galería. Y este desfile representa millones...
Toro Braford, premiado en la Exposición Rural (Buenos Aires).
    Extasíese usted, sobre todo, ante los árboles del campo argentino. Hay muchas probabilidades de que hayan sido plantados por el abuelo del dueño cuando hace treinta o cuarenta años trajo de Europa las plantas. 

    La mesa.—No abuse usted de la hospitalidad argentina. He conocido a unos franceses que un año fueron invitados por unos amigos a pasar el fin de semana en su hacienda, y todavía estaban cuatro años después. El fin de semana debe durar solamente, y como máximo, hasta el martes siguiente. Además le habrán hecho comer tanto que a su estómago le convendrá descansar. En todo el país se come demasiado. Si le sirven alguna vez setas u hongos, dé a entender que sabe apreciarlos, porque es un plato raro en la Argentina. La ternera sólo se encuentra clandestinamente; la ley prohíbe matar a ningún animal antes de su completo desarrollo. Sin embargo, si va usted a la Patagonia, podrá observar que matan corderos todos los días.

    Si es usted francés y está usted invitado, procure ser locuaz. Es de rigor. Además, esperan que sea usted el comensal de Sartre, el confidente de Gide y el amigo de la infancia de Audiberti. La mayor parte de sus huéspedes conocieron a Sartre en su último viaje a París, enviaron regalos a Gide y tuteaban a Audiberti...

    Y puesto que se trata de literatura, sepa quién era Jorge Luis Borges o Victoria Ocampo (Junon o Ana de Noailles, como usted quiera) y que Jules Supervielle era un pariente uruguayo y que la Argentina ha recogido a Roger Caillois durante la guerra (así como a Ray Ventura, Jean Sablon y Henri Salvador, aunque esto no viene a cuento).

    Al terminar la comida se colocan como en Inglaterra los hombres a un lado y las mujeres al otro—. No intente usted ir contra la corriente...

    Los clubes.—Los clubes bonaerenses son los más suntuosos del mundo, y al mismo tiempo los más cerrados, aunque estando de paso y siendo extranjero seguramente le invitarán. En primer lugar está el Jockey, con sus grandes salones decorados por renombrados artistas, su biblioteca, en la cual se toman los venerables vinos de Oporto que no han sido sacudidos por las bombas, como los de los clubes Pall Mall de Londres; las salas de duchas, de masaje, de esgrima, de gimnasia, las salas de juego, el restaurante, el hipódromo, etc. Tan difícil es pertenecer a él que hay quien, a pesar de tener un gran capital y caballos de carrera, no se atreve a pedir su admisión, temiendo alguna bola negra, porque su origen europeo quizá no sea étnicamente todo lo que debiera ser.

    Al Círculo de las Armas pertenecen las personas más ricas de la capital. También es extremadamente difícil hacerse socio. El Círculo del Progreso es un círculo donde se juega. No juegue usted. Siga este consejo. 

     Distancias y teléfonos.En realidad todo lo anterior cabe en un pañuelo, pues en esta enorme ciudad que cuenta más de trece millones de habitantes y que está atravesada por una calle de 21 kilómetros en línea recta, el centro donde se encuentran todas las tiendas elegantes y los grandes almacenes Harrod's, puede decirse que es minúsculo.


Avenida 9 de Julio, ciudad de Buenos Aires.
















     El punto de reunión de todos los elegantes es el Plaza. Y el Plaza es uno de los hoteles más agradables del mundo. A la hora del aperitivo uno cree encontrarse en Deauville, en el pesaje, un día del Gran Premio, o en un desfile de modelos de la casa Fath. Si tiene usted que invitar a personas de categoría, los sitios más indicados son el hotel Alvear, o uno de los bares del Plaza. (A uno de ellos puede ir una señora sola; al otro, no). Usted podrá aquí pedir una bebida o cóctel llamado «San Martín» (un martini) y con él le servirán tan excelentes comidas que impedirían a cualquier estómago europeo hacer la próxima comida.

     El instrumento del clásico cotilleo es el teléfono, que constituye el tormento mayor de la vida bonaerense. Es gratuito (3). Cualquiera
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(3). Ya no es así. El dato está desactualizado.
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 entra en un café, en una tienda cualquiera o en un gran almacén, y sin pedir permiso a nadie, descuelga el aparato, habla cuanto le place, y luego se marcha sin haber consumido ni comprado nada. Se hace todo por teléfono: las visitas, los encargos, las disputas, la crítica de los espectáculos, los negocios, la corte, las reconciliaciones, las excusas y las compras.

     Vacaciones.Tres meses cada verano desde diciembre a febreroBuenos Aires se queda vacío. Todos emigran hacia los eucaliptos de las estancias, junto a los sauces del delta del Tigre, o a Mar del Plata, feria de las vanidades de la Argentina, paraíso de los bañistas que tiene sucursales de las grandes casas de París y un Casino de tres pisos o plantas y fachada tan severa como el Banco Morgan, con cuarenta y cinco mesas de ruleta que funcionan simultáneamente.

Ciudad de Mar del Plata: casino y gran hotel Provincial.






       Los argentinos que desean divertirse todo lo posible durante sus vacaciones, toman un barco, atravesando el río durante la noche y se van al Uruguay, a Punta del Este, que les ofrece unas playas magníficas y unos pretenciosos bares de palma.

     Terminadas las vacaciones, todos los argentinos se reintegran a su gran ciudad, a su respetabilidad y a sus almidonados cuellos blancos. Excepto en las vacaciones el verdadero argentino no vuelve a poner los pies en el Uruguay, como no sea para divorciarse, lo cual es otra de las comodidades que la pequeña república democrática ofrece a su gran vecina (4).
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(4). Dato desactualizado, ya que el divorcio también existe hoy en la Argentina.
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      Al regresar a la capital, todo argentino, rico o pobre, estanciero o funcionario, vuelve a ser el hombre mejor vestido de la Tierra, pero con una sobriedad exagerada; con la línea del pantalón siempre tan recta como el filo de una navaja; y la chaqueta, de corte inglés, sin faltarle ninguno de los detalles confortables que un Lord Brummel le exigiría; cuello apenas almidonado, siempre con corbata, hasta cuando el asfalto de la calle Florida se derrite debajo del calzado o cuando va a pasear en bote por el Tigre.

     Las mujeres visten mucho de negro y les va muy bien. Permanecen siempre fieles a los modistas de París, a pesar de una ofensiva estadounidense, que finalmente no arraigó. Lo que más las desespera es tener que llevar, por la diferencia de estaciones, la moda de invierno o la de verano seis meses después que en París... En compensación usan muchas alhajas, tal vez demasiadas y enormemente caras.
Teatro Colón, Buenos Aires. Uno de los más importantes teatros operísticos del mundo.













     Viva la Patria.El complejo de superioridad que sienten desde la cuna, es el único punto sensible de la epidermis argentina. Procure no tocarlo. Y si en su presencia alguien se permite ponderar alguna otra república iberoamericana más joven sobre todo el Brasil por su belleza, su alegría, su dinamismo, apresúrese a salvar la situación dejando caer al descuido en la conversación estas palabras:
        ¡Sí... pero son tan pobres!...     
      Las miradas se aclararán en seguida. Esto no es más que un aspecto del hipernacionalismo que transfigura la cara de los argentinos al oír los primeros acordes del himno nacional o cuando ven ondear su bonita bandera azul y blanca. En los colegios hay la hermosa tradición de izar y arriar bandera y emplear un catecismo patriótico que recomienda a los colegiales al oír pronunciar en nombre del general San Martín (
el héroe nacional) decir con naturalidad: ¡Viva la Patria!

     Si usted pone en su balcón el 14 de julio la bandera tricolor, o enarbola el pendón estrellado el día de la independencia estadounidense, no deje de colocar, por lo menos, una argentina al lado derecho de la otra, sin lo cual vería usted presentarse en su casa a dos vigilantes antes de diez minutos. La causa fundamental es bien sencilla: el argentino está orgulloso de su origen, de que pertenece a una nación tan privilegiada que parece haber sido sabiamente elegida. No obstante, no manifiesta desagrado a los extranjeros, y esto por varias razones. Una de ellas es que el comercio con el extranjero es siempre provechoso. Un ejemplo: a pesar de haber cambiado por motivos patrióticos el nombre de martini dry por el de San Martín, ningún argentino se llevaría la bebida a los labios si no estuviera hecha con ginebra británica y vermut francés.

Ciudad de San Carlos de Bariloche, prov. de Río Negro.











     Imperativos categóricos.Decimos todo esto porque nos lo han pedido. Usted no lo diga aunque se lo pidan. Procure no criticar, aunque sea con buena intención; les heriría. El sentido del humor se detiene en las fronteras. Hay que saber y hay que ignorar. 

     Debe saber por ejemplo que Buenos Aires es la sexta ciudad del mundo (después de Londres la más extensa), la segunda del mundo latino y la que tiene el mejor periódico, la calle más larga y la avenida más ancha... aunque debe ignorar también que es la más corta, según dicen las malas lenguas.

     No olvide que su metro es el más limpio y el más confortable del mundo y que los mosaicos que adornan sus estaciones son obras de arte, pero ignore que ninguna de sus siete líneas corresponde con otra. Por lo demás puede usted tomar un taxi como hacen todos, en una ciudad que abundan más que en ninguna parte, y donde menos cuestan... Ha de saber además que Buenos Aires posee un obelisco, pero no averigüe que está hecho con bloques de cemento.

     Francés hasta el fin.—Si es usted francés le será fácil acostumbrarse a esta vida. Déjese llevar por las afinidades que le unen a este pueblo esencialmente latino. Si es usted yanqui también se aclimatará. Déjese arrastrar por las afinidades que le impulsarán hacia este pueblo auténticamente americano. Si es usted británico, no le será difícil tampoco. No se deje llevar por nada. Diga sólo que es conservador.

     El desacuerdo anglo-argentino es muy complejo: la Argentina reprocha a la Gran Bretaña el sortilegio que parece echó a sus ferrocarriles el día que los nacionalizaron: cuando los accionistas y los maquinistas argentinos sucedieron a los accionistas y maquinistas británicos, cesaron, misteriosamente, de llegar a la hora en punto. El cambio de nacionalidad de los accionistas no debería ser el motivo de que los trenes no lleguen con puntualidad.

     Existe otra querella por culpa del nombre de ciertas islas que hay a lo largo de la costa argentina. Los argentinos las llaman Malvinas, con lo que señalan sus títulos de propiedad. Los británicos las llaman solamente Falkland, pero están instalados en ellas.  

     Si le llegan cartas de la Gran Bretaña con el sello conmemorativo de las islas Falkland, no reconocido por el correo argentino, tendrá que pagar una enorme sobretasa. Y si es usted británico, esta será la gota de agua que colmará el vaso, sobre todo si recuerda el precio que el gobierno hace pagar por la carne de Sir Stafford, a pesar de que es vegetariano... Pero todo esto a usted no le interesa y me pregunto por qué se lo estoy contando. Además, usted es conservador...

     Si es francés no conocerá estos problemas. Estamos muy lejos del tiempo en que el terrible presidente Rosas empezaba los actos oficiales con esta fórmula: «Muerte a los repugnantes franceses; muerte al inmundo Luis Felipe». Desapareció la época en que se prohibía La Marsellesa, por considerarla un canto sedicioso.  

     Aquí, en la Argentina, se sentirá usted personalmente querido y respetado. Podrá comprar en las librerías todas las revistas francesas que quiera (aunque con tres meses de retraso), y encontrará en numerosas familias a un señor de más de cincuenta años que habla el francés como usted y yo. Si además tiene la suerte de hablar el Slang estadounidense con los jóvenes que llegan de Harvard y de Yale, se sentirá como en su propio país...

     Como antes he dicho, esperan encontrar en un francés el encanto y la gracia de un espíritu exquisito, a imagen y semejanza de los venerados conferenciantes que la propaganda francesa delega en estos admirables países.

     Beberán sus palabras materialmente, aunque las pasarán por un exigente tamiz. Será usted una especie de embajador... pero no haga como aquella embajadora de Francia quien, la primera vez que fue invitada a la Casa Rosada, creyendo sin duda, que estaba en Bogotá o en Caracas, dijo a la señora doña Eva Perón:
           ¡Qué maravillosas alhajas lleva, señora! ¡Son tan magníficas que se tomarían por falsas!      

     Le juzgarán a usted como a ella...
Saber vivir internacional. (Varios autores). Traducción del francés por Celia de Aimerich.
     Pierre-Gosset (1918 - 1998) fue una periodista y escritora viajera francesa.

lunes, 1 de mayo de 2017

Incayuyo o té del inca y sus virtudes curativas


Incayuyo

Por Domingo Saggese

 Nombre científico: Virginæ exelcis L.

Labiadas

 Otros nombres: Té del inca; yerba o hierba del inca; incaté.

     Crece en las altas cimas de las provincias argentinas de San Juan, La Rioja y Catamarca.

     Es una bendición en las provincias andinas, donde su uso está muy difundido. Favorece la digestión después de una comida pesada; sana los empachos de agua, tan graves y difíciles de curar, los cuales en dos días desaparecen, y en cualquier caso de malestar de estómago, del género que sea, una taza de infusión (20 gramos en 1.000) es de una eficacia tal, que quien lo emplea una vez, no lo abandona más.

     En las provincias andinas lo toman a la mañana en ayunas, mezclado con yerba mate, con bombilla para entonar el estómago debilitado y como tónico del mismo.

     Es conveniente prepararlo en el momento de usarlo, y beberlo bien caliente, y se endulza con azúcar, si se desea.

     Como su nombre lo dice (incayuyo), esta hierba era considerada sagrada y sólo podían usarla los incas del Perú, siendo condenado a muerte si se comprobaba que algún indígena la empleaba; pues era parte del tributo que anualmente los antiguos indios calchaquíes, quechuas y diaguitas enviaban a sus soberanos los incas que residían en Cuzco (Perú). Hoy mismo es tradicional en ciertas regiones recogerla con los ritos, usanza y palabras cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos.

     Parte empleada: las hojas.
Yerbas medicinales argentinas.

Incayuyo

     Por el Dr. Leo Manfred

     Ésta planta aromática es conocida en las provincias argentinas de Mendoza, Catamarca, San Juan, La Rioja y Córdoba. Su uso entre la gente de campo es muy común y muy estimado, pues la usan para varias enfermedades con muy buenos resultados.

     Su uso más importante y con resultados espléndidos es en las enfermedades nerviosas, en la tristeza, melancolía, debilidad nerviosa, neurastenia y dolores neurálgicos en personas débiles.

     También tiene fama de curar las toses crónicas y el asma nerviosa.

     Se hace un té al 2 % y se toma por tazas después de las comidas. Este mismo té ayuda en las digestiones y cura la dispepsia nerviosa. Es muy indicado tomar en ayunas un poco de incayuyo en la yerba mate con bombilla, pues fortifica y tonifica el estómago. Después de una comida pesada y abundante, una taza de té de incayuyo ayuda la digestión.
Mil trescientas plantas medicinales americanas.

miércoles, 10 de agosto de 2016

La mirada hipnótica de las serpientes

Palabras clave: serpiente mirada hipnosis hipnotismo hypnotic gaze of snakes

La mirada hipnótica 
de las serpientes

Por Noel Clarasó

    Se suele admitir que las serpientes (algunas razas de serpientes) ejercen un poder hipnótico sobre otros animales, les inmovilizan con este hipnotismo y así les devoran fácilmente; pero ¿es verdad la existencia de este poder? Si nos hemos de fiar de los datos que nos dan los libros hemos de creer a la vez que sí y que no.

    Los que sostienen que no, añaden que las serpientes (las grandes serpientes) se limitan a inmovilizarse al acecho de la presa, sobre la cual se lanzan con la rapidez de una flecha en el momento oportuno; pero que en ningún momento la hipnotizan.

    Los que sostienen que este poder existe, le atribuyen una fuerza capaz de hipnotizar también a los hombres, o al menos a los niños.

    Lo que sí parece cierto es que algunas serpientes venenosas, la serpiente cascabel, por ejemplo, exhalan, sobre todo en ciertas épocas de su vida, un aliento venenoso que puede intoxicar a distancia, e incluso causar la muerte de una persona que lo respire durante mucho tiempo.

    Citan los libros casos de niños negros, en el Congo, que han quedado como hipnotizados por serpientes venenosas, y aunque se ha conseguido evitar que las serpientes los devoraran, los niños han muerto después víctimas de una intoxicación.

    Parece que este aliento venenoso de las serpientes se produce después de la muda.

    También se dice que la inmovilización de algunas aves ante la serpiente, cosa que ciertamente se ha observado, no significa que el ave esté hipnotizada, sino que es un truco de la misma ave para detener en ella la atención de la serpiente y evitar que le devore la cría que está en el nido inmediato. Mantiene la inmovilidad con las alas abiertas, a veces tarda demasiado en huir y la serpiente la devora.

lunes, 1 de agosto de 2016

El elogio o alabanza

Palabras clave: praise eulogy lisonja psicología sociología elogio alabanza

Cuando de elogios
se trata...

¿Por qué una palabra amable nos hace sentir incómodos, torpes y aun desconfiados? Podemos aprender a recibir los elogios con más gracia y a decirlos con sensatez.

Por Sally Wendkos Olds

    Decimos que la adulación insincera nos repugna, pero la alabanza auténtica nos agrada. En realidad, el elogio, «el más dulce de los sonidos», según Cicerón, incomoda a la mayoría de las personas. Aunque deseamos, necesitamos y generalmente buscamos en forma indirecta las alabanzas, casi nunca sabemos qué hacer  al oír que nos las dicen.

    Cuando Charles Edgley y Ronny Turner cursaban el doctorado en sociología,(*) un condiscípulo suyo exteriorizó gran incomodidad al felicitarle el maestro por haberse desempeñado bien en el examen final. Tal actitud tocó una cuerda sensible en Turner y en Edgley, quienes de común acuerdo resolvieron estudiar a fondo el fenómeno del elogio.
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 (*) Ambos fueron profesores adjuntos de sociología; Turner, en la universidad Estatal de Colorado; Edgley, en la universidad Bautista y en la universidad del Estado de Oklahoma.
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    Organizaron un equipo de investigación integrado por diez estudiantes, los cuales se dedicaron a escuchar las conversaciones de los jóvenes universitarios y, siempre que sorprendían un elogio, interrogaban al elogiado. Las conclusiones de ese estudio, ya publicadas, demuestran que el 65 por ciento de las personas alabadas reconoció haber sentido cierta incomodidad, incluso cuando los cumplidos se consideraron sinceros.

    ¿Por qué tantas personas aceptamos el halago de una palabra elogiosa  con el recelo con el recelo con que recibiríamos una bomba de tiempo envuelta como regalo? De ese estudio se desprenden las siguientes seis razones principales:

    1ª La mayoría de las personas se sienten obligadas a devolver el elogio, así como sentimos el deber de corresponder a una invitación a cenar o a una tarjeta de Navidad. Algunas se preocupaban hasta el grado de creer que todas sus relaciones con el elogiante dependen de esa correspondencia; pero a casi todas les desagrada quedar en deuda con quienes les alaban y tratan de estar a la par con ellos en cuanto pueden.

    Refiriéndose a tal apremio para devolver los cumplidos, Sidney Simon, profesor de pedagogía en la universidad de Massachusetts, lo ha llamado síndrome del contraelogio. «Muchas personas no pueden sufrir que las alaben, y por tanto se sacuden el elogio que les dirigen apresurándose a corresponderlo», comenta.

    2ª Educadas desde la niñez para no alabarse a sí mismas, muchas personas tampoco soportan el oírse encomiar, pues esto podría tomarse como vanidad. La cantante folclórica Jean Ritchie, recordando su niñez, relata: «Mi madre solía poner una mesa espléndidamente servida cuando tenía invitados, ante los que luego se excusaba diciendo: Perdonadme, pero esto es todo lo que tenemos. Así nos enseñó a conducirnos. Por tanto, cuando comencé a cantar y la gente venía a decirme que les había gustado mucho, yo me resistía a aceptar sus elogios: temía parecer demasiado engreída».

    3ª El hecho mismo de proferir una alabanza implica que quien la expresa asume, al menos por el momento, la actitud de juez para con su interlocutor. Cierto director de una escuela de segunda enseñanza se siente receloso cuando recibe un informe favorable de un representante de los maestros de su institución, «pues que él me elogie hoy implica que tiene también el derecho de criticarme mañana».

    4ª Algunos sospechan que quienes los ensalzan ocultan un designio ulterior.  Turner y Edgley descubrieron que las palabras elogiosas entre hombres y mujeres se juzgan generalmente insinuaciones amorosas. En el ámbito de los negocios, los elogios suelen tomarse como un medio de cerrar una venta o para asegurarse  en lo sucesivo el favor de aquel a quien los dirigen.

    5ª Los cumplidos también son causa de que nos preocupe no poder repetir aquello que nos han alabado en determinado momento. Acaso ocurra que el agente de publicidad cuyo cliente comenta: Esa campaña que hizo usted dio excelentes resultados, se alarme con la idea de que su próxima campaña quizá no los logre en el mismo nivel. Por ello, aun las personas de mucho éxito temen las alabanzas directas.

    6ª Cuando recibimos el elogio de algunas personas, nos quedamos pendientes de sus labios, por temer que sus encomios no sean sino un preludio a sus críticas. Tal vez digan: Si eres tan inteligente, ¿cómo fracasaste en álgebra? O bien: Tienes muy buen gusto para vestir, pero ese traje...  Haim Ginott, especialista en psicología infantil, sentenció: Es más fácil y menos desconcertante ser objeto de elogios sinceros o de una crítica franca, que vérselas como una dolosa mezcla de ambas cosas.   

    Como las alabanzas pueden provocar  tal desasosiego, a todos nos aprovecha aprender tanto a darlas como a recibirlas. Un profesor de psicología educativa aconseja: Al alabar a alguien, no conviene exceder los límites de su tolerancia. Si lo hacemos exageradamente, la persona elogiada nos dirá: Ese no soy yo realmente. No quiero que diga usted que valgo tanto, pues sus palabras me hacen pensar que soy falsa apariencia.  

    Ginott afirmó un segundo principio: El elogio directo de la personalidad resulta, como el resplandor directo del sol, molesto y deslumbrante. En sus clases y en sus libros recomendaba el empleo de la descripción más que el de los adjetivos, insistiendo en que es preferible describir lo hecho por una persona a calificarla. Por ejemplo, en vez de decir a su hijo: ¡Qué fuerzas tienes!, un padre expresaría lo mismo al comentar: Hace falta mucha fuerza para mover ese banco de trabajo, pues pesa mucho. El mismo principio se puede aplicar también a los adultos. 

    Por supuesto, no faltan personas que se acostumbran de tal modo a las alabanzas, que viven, virtualmente, pendientes de los elogios. Elisa, joven muy inteligente y atractiva, se había visto colmada de loas toda su vida: la ponían por las nubes sus padres, sus maestros, los amigos con quienes salía de paseo. Hoy, tras cinco años de casada, su marido le prodiga cada vez menos halagos. Dirigente de negocios, esta señora siente que sus colegas y rivales del sexo masculino son muy parcos en sus elogios. Privada del constante incienso a que estaba acostumbrada, empezó a sentir las angustias de una crisis de identidad.

    Sometida a tratamiento, Elisa aprende ya a advertir por qué llegó a depender a tal punto de la aprobación de los demás, con lo cual se ha aplacado su anhelo de halagos. La gente no debería depender de esta constante reafirmación exterior para confiar en sí misma, comenta su psicoanalista. Necesitamos tomar conciencia de nuestras propias cualidades y limitaciones para poder valorarnos en la justa medida. 

    No obstante, a todos nos hace falta una buena dosis de aprobación. No conozco a nadie que sufra por el constante reconocimiento de su valor, asegura el profesor Simon. A la mayoría se nos ha corregido y criticado tanto que, cuando alguien nos alaba, nos resistimos a creerlo. Entonces nos decimos que, si la gente nos conociera de veras, nos se expresaría en términos tan halagüeños. Simon enseña a sus alumnos a vencer esta inclinación a la autocrítica y a aceptar de cuando en cuando que se les refuerce un poco en lo positivo.

    Tal vez el modo más importante de saborear un cumplido estribe en saber cómo reaccionar ante él. En general, la mejor respuesta consiste en decir sencillamente ¡Gracias! ... aunque tengamos que reprimir el impulso de contestar: ¡Ah! ¿Este vestido? Lo compré en un baratillo. Cierto pintor confiesa: Antes no sabía qué decir cuando la gente expresaba su admiración por mis obras. Ahora me limito a responder: ¡Gracias! ... También yo estoy muy contento de lo que logré en este cuadro. Si no me siento especialmente satisfecho de él, me basta con decir: ¡Gracias! ... mientras en mi fuero interno reconozco que mis exigencias  artísticas son mayores que las de otros.
«Selecciones» del Reader's Digest, tomo XI, núm. 60. [Condensado por el R. D. de Today's Health].

sábado, 16 de julio de 2016

Tabla de equivalencias tazas a gramos


Tabla de equivalencias 
tazas a gramos

     Cuando queremos preparar un pastel, una comida, o cualquiera otra cosa de pastelería o cocina, vemos en muchas recetas, tanto de libros como de páginas de internet, que la cantidad de algunos ingredientes está expresada en tazas. ¿Cuántos gramos son media taza de mantequilla? ¿A cuántos gramos equivale una taza de azúcar?...

   Especialmente las recetas modernas de países de habla inglesa (estadounidenses, australianos, británicos, etc.), están formuladas así. Asimismo, los libros antiguos en español decían con frecuencia algunos ingredientes por tazas. Es un problema, si  no conocemos las equivalencias, saber a cuántos gramos equivale media taza de mantequilla, por ejemplo, sin tener que fundir dicha materia grasa; y en la mayoría de los libros de cocina o de repostería, no están esas equivalencias. Téngase en cuenta que la taza a que se refieren los libros de cocina es la taza de té con leche, que tiene una capacidad de 250 centímetros cúbicos. He aquí la tabla de equivalencias:


Mantequilla y margarina:

  1/8 de taza =  30 gramos.
  1/4 de taza =  55 gramos.
  1/3 de taza =  75 gramos.
  3/8 de taza =  85 gramos.
  1/2   taza   =   115 gramos.
  5/8 de taza = 140 gramos.
  2/3 de taza = 150 gramos.
  3/4 de taza = 170 gramos.
  7/8 de taza = 200 gramos.
  Una taza  =    225 gramos.


Azúcar blanco granulado:

 1/8 de taza =   30 gramos.
 1/4 de taza =   55 gramos.
 1/3 de taza =   75 gramos.
 3/8 de taza =   85 gramos.
 1/2   taza   =    115 gramos.
 5/8 de taza =  140 gramos.
 2/3 de taza =  150 gramos.
 3/4 de taza =  170 gramos.
 7/8 de taza  = 200 gramos.
 Una taza   =     225 gramos.


 Harina común y azúcar glaseado (glas):

 1/8 de taza  = 15 gramos.
1/4 de taza  =   30 gramos.
1/3 de taza  =    40 gramos.
3/8 de taza  =   45 gramos.
1/2   taza      =   60 gramos.
5/8 de taza  =   70 gramos.
2/3 de taza  =   75 gramos.
3/4 de taza  =   85 gramos.
7/8 de taza  =  100 gramos.
Una taza    =     110 gramos.


Azúcar moreno o negro:

1/8 de taza  =   25 gramos.
1/4 de taza  =   50 gramos.
1/3 de taza  =   65 gramos.
3/8 de taza  =   75 gramos.
1/2  taza     =   100 gramos.
5/8 de taza  =  125 gramos.
2/3 de taza  =  135 gramos.
3/4 de taza  =   150 gramos.
7/8 de taza  =   175 gramos.
Una taza    =     200 gramos.


Cacao:

1/8 de taza  =  15 gramos.
1/4 de taza  =  30 gramos.
1/3 de taza  =  40 gramos.
3/8  de taza  = 45 gramos.
1/2  taza    =     60 gramos.
5/8 de taza  =  70 gramos.
2/3 de taza  =  75 gramos.
3/4 de taza  =  85 gramos.
7/8 de taza  = 100 gramos.
Una taza   =    125 gramos.


Harina de repostería:

1/8 de taza  =   10 gramos.
1/4 de taza  =   20 gramos.
1/3 de taza  =   25 gramos.
3/8 de taza  =  30 gramos.
1/2  taza    =     50 gramos.
5/8 de taza  =  60 gramos.
2/3 de taza  =  65 gramos.
3/4 de taza  =  70 gramos.
7/8 de taza  =  85 gramos.
Una taza   =     95 gramos.


Coco rallado:

1/8 de taza  =  10 gramos.
1/4 de taza  =  25 gramos.
1/3 de taza  =  35 gramos.
3/8 de taza  = 40 gramos.
1/2  taza   =     50 gramos.
5/8 de taza  =  60 gramos.
2/3 de taza  =  65 gramos.
3/4 de taza  =  75 gramos.
7/8 de taza  =  85 gramos.
Una taza   =   100 gramos.


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viernes, 15 de julio de 2016

México cómo son sus habitantes


Méjico

CÓMO SON SUS HABITANTES 
Y CÓMO COMPORTARSE EN ESE PAÍS

Por Robert Escarpit

     Lo más característico de Méjico es la gran amplitud de la jerarquía social. Son mejicanos con el mismo título y patriotismo el sabio ilustre, conocido y respetado por todos los intelectuales de todo el mundo, y el indio medio desnudo que vive de la caza con su arco primitivo en la selva tropical. En Méjico es posible encontrar toda suerte de mestizos. El indígena y el español son los dos antepasados contradictorios que el mejicano siente vivir en sí con una mezcla de amor y de odio, de vergüenza y de fidelidad. Los psicólogos lo califican de complejo. En todo caso, es en esa sensibilidad donde nacen susceptibilidades o se crean malentendidos.

    Tres consejos.Conviene dar tres consejos al europeo que piense ir a Méjico: no llegar como conquistador; no juzgar antes de tiempo; no criticar sin saber.

    Sin los cuales los mejicanos, que han sufrido todo tipo de conquistas (¡fuimos conquistadores suyos y nos costó caro!) le juzgarían con menosprecio. Conviene también procurarse un mínimo de informaciones. Méjico es uno de los países peor conocido. Conocí a un funcionario de Asuntos Exteriores que situaba a Méjico en América del Sur.

    Una de nuestras revistas literarias más serias, lo denominaba el país de los incas, confundiéndole con el Perú, del que está separado varios millares de kilómetros. No faltan los que atribuyen a Méjico las Pampas y los gauchos de la Argentina, las sambas del Brasil o los vaqueros de Tejas.

    Lo primero que debe hacer el viajero que desea visitar Méjico es documentarse un poco, si ya no lo estaba, en historia y geografía principalmente.

    Sin conocimiento de causa no hable de generales ni de revoluciones.Un arraigado prejuicio hace creer que en Méjico todos los soldados son generales y que los pronunciamientos están a la orden del día. Es cierto que la revolución de 1910 creó muchos generales en Méjico, así como en Francia lo hizo la Liberación, en 1944; pero el actual régimen se mantiene desde hace muchos años y las instituciones democráticas no funcionan ni mejor ni peor que en otros países. También es verdad que hay algunos aspectos de violencia o corrupción en la vida política, que puede sorprender al viajero que llega del Viejo Mundo. Los mejicanos critican a su gobierno libremente. No les imite usted. Les molestaría que lo hiciese un extranjero y negarían lo evidente. El patriotismo (o patrioterismo) mejicano es muy susceptible. Ama extraordinariamente su bandera, adora su himno nacional y rinde honores a los de otros países. Use usted esa misma cortesía; es de rigor.

    En Méjico hay cosas muy bellas y algunas que no lo son. Sea discreto si saca fotografías, y no haga ninguna de una casa o ser viviente, sin haber pedido antes la autorización a los interesados. No insista si un indígena no quiere ser retratado; sin duda piensa que no está bien vestido y que se reirán de él  cuando lo vean en otros países.

    El funcionario mejicano, generalmente mal retribuído, suele tener la costumbre de pedir una propina por el servicio proporcionado. A esto le llaman morder, lo cual es sólo especialidad de Méjico; tienen además la ventaja de morder con gracia y tacto. Dobléguese sin protestar ante esa costumbre y no creo por ello que aquí todo se compra con dinero. Más de uno le arrojaría los billetes que se le hubiese ofrecido de mal modo, ofendido en su pundonor nacional. Jamás un mejicano vende su dignidad, ni renuncia a un gesto caballeroso por todos los dólares del mundo.

    Asuntos de dinero.Si le roban alguna cosa, como es muy probable que suceda, será ingeniosamente, y algo de poco valor para evitar una denuncia. Le agradecerán que en atención a la astucia empleada se les perdone el hecho, porque piensan que después de todo, si tanto le interesaba conservarla, habría debido tener más cuidado.

    Si a un muchacho cualquiera de la calle le dice usted que tenga cuidado de su coche, aunque seguramente había venido dispuesto a quitarle algo del auto, se hará matar antes de que alguno lo toque. La confianza es la mejor defensa. El contrato verbal, lo mejor respetado. 

    Saben de antemano que usted regateará al comprar. Hágalo, pero con discreción. Cuando un artesano le ofrezca un objeto de arte popular mejicano por un precio ridículamente bajo, tenga presente que le habrá costado algunas semanas de trabajo y conténtese con una pequeña rebaja, por su dignidad de comprador. Si él ha ganado más de lo que esperaba, alégrese usted con él. Siempre le habrá resultado barato. No obstante, no distribuya su dinero con profusión. Sería el mejor medio de que se burlaran de usted después de aprovecharse de su generosidad. Por lo demás, el indio no es ambicioso; sólo desea lo necesario para poder vivir y trabaja lo estrictamente indispensable para lograrlo.

    Trabajos pequeños.Un mejicano trabaja mucho cuando es preciso. Los que digan lo contrario no advierten que suelen trabajar con desgana cuando el dueño o encargado les resulta desagradable. Trate a sus empleados como iguales, pero sin familiaridad; a pesar de ello, tema que una sirvienta mejicana trate de inmiscuirse en sus asuntos familiares. Vive independiente, en el piso que le está destinado en el ático. Son muy limpias (esta es una cualidad de su raza). Quieren a los niños; agradecen que se les trate bien; pero el día menos pensado desaparecen porque se han cansado de trabajar o por haber reunido algún dinero. La gente del pueblo vive al día, sin preocupaciones. Abunda el trabajo de artesanía. Todos los años el cartero, el basurero, el limpiabotas, el jardinero, el aguador, que lleva el agua potable, el que lleva los periódicos y el vigilante que silba por las noches para advertir a los ladrones de su presencia, todos le harán una visita protocolaria pidiendo un aguinaldo. Además de la fiesta nacional, Navidad y Año Nuevo, cada uno tiene su día festivo.

    Cuando le lleven una tarjeta escrita en verso... ya sabe usted lo que significa. Cuando el mejicano ha ganado lo suficiente para vivir, no trabaja más, a menos que sea un caso de fuerza mayor. Cuentan que un sombrerero estadounidense hizo un gran pedido de sombreros de paja a un cestero de Oajaca. En vez de bajar el precio ante la cantidad, el indio lo aumentó. El estadounidense le hizo notar que, tratándose de un pedido tan importante, el negocio era muy bueno; y el indio le contestó, meneando la cabeza:  «Sí, señor; ¡pero quinientos sombreros! ¡Lo que voy a aburrirme haciéndolos!...»          

    Cabeza de turco.Aunque el mejicano parece impasible, en el fondo es un bromista: tenga usted cuidado... Lo que más le divierte es el turista estadounidense, el gringo, por su manera de vestir y por su acento. Le comparan al pato Donald. En un pueblecito de Michoacán llaman a los estadounidenses los guiriminis, lo que dicho a su manera, es una corrupción del wait a minute, furioso dicho que usan los estadounidenses para elejar la horda de chiquillos que les ofrecen sus servicios. Procure usted que su traje no dé lugar a risas. Las gringas (estadounidenses) que se pasean por las calles en pantalones cortos, no lo harían si comprendiesen el sentido malicioso de los comentarios que a su paso hace la gente. El error contrario es vestirse con el traje nacional: las blusas de encaje, las faldas bordadas con colores vivos que sientan admirablemente al tipo moreno de las mejicanas, resultan ridículas en las siluetas de la Rue de la Paix o de la Quinta Avenida.   

    Los hombres deben vestirse como en Francia. Nada de traje de explorador con camisa de caza y salacot (casco colonial), etc... Si no, dirían que se había disfrazado de ingeniero inglés.    

    Es un indio de Francia.Si los mejicanos ven sencillez en usted, dirán: es de los nuestros; de lo contrario, le aplicarían lo que humorísticamente dijo un viejo cura de Tzintzuntzan: 
         Es un indio de Francia.     

    La amistad mejicana es muy sincera; trate de conservarla. El mejicano es ceremonioso, besa la mano a las señoras. Saludan a los hombres con fuerte abrazo, pecho contra pecho, y con fuertes palmadas en la espalda. Este saludo es de origen español. Los indios tienen también sus cortesías y refinamientos. Entre los tarascos el protocolo es largo y complicado. Los jóvenes se arrodillan ante sus mayores y les besan la mano. Se usan como fórmulas de cortesía las expresiones:  «Póngame a los pies de su señora esposa», o al final de una carta de negocios: «Me felicito por haber hecho un negocio con una persona tan respetable y distinguida como usted, y le ruego, una vez más, me considere como su sincero amigo y fiel servidor».

    Los mejicanos han conservado la afición al florilegio epistolar, que nosotros hemos perdido junto con el de la hipérbole. Si su interlocutor escribió alguna vez unos versos, puede usted llamarle ilustre escritor sin que se sorprenda. Por poca habilidad que tengan en su oficio un carpintero, un electricista,  o un albañil, se le llama maestro, igual que a un profesor universitario.   
Vista panorámica de la ciudad de México.
    Cumplidos.La hospitalidad mejicana es proverbial. No dicen: «Yo habito aquí», sino «esta es su casa», lo que da lugar a divertidos Quid pro quos. Yo conocí a un bromista que al decir «esta es su casa», añadía: «aunque yo la pago...» No crea usted que en estos casos se trata sólo de una figura retórica. El ofrecimiento es sincero. Tanto en un lujoso piso de los barrios nuevos, como bajo el techo de palma de un pescador del barrio de Patzcuaro, le recibirán con iguales agasajos. Aprenda usted a beber tequila aguardiente de pita— con una pizca de sal sobre el dorso de la  mano y un pedazo de limón entre los dedos. Aprenda también a poner la comida sobre la tortilla, o sea, sobre un pan de maíz que le servirá al mismo tiempo de plato, de pan y de tenedor. La comida mejicana es excelente, sana y variada, pero hay que acostumbrarse a soportar el pimiento picante que llaman chile, que resulta más fuerte que la pimienta de Cayena. 

    Si admira usted algún objeto en casa de un amigo, hágalo con discreción, porque se lo regalarán enseguida. Si recibe usted en su casa, hágalo bien, pero sin ostentación. Atender a unos huéspedes con mayor suntuosidad de lo que ellos mismos pudieran ofrecerle  sería rebajarles; y ellos se considerarían secretamente ofendidos. Pero tampoco escatime, porque entonces dirían que es usted codo o que viene de Monterrey; es decir, le llamarán avaro; y la avaricia es un defecto que no conciben los mejicanos.   

    Si tiene usted una sirvienta, es casi seguro que vea todos los días caras desconocidas que suben por la escalera de servicio; es su familia de ella compuesta por hombres, mujeres y niños, que esperan ayuda económica de su pariente que trabaja; todos ellos están dispuestos a hacer con gusto cualquier trabajo que usted les ordene. La familia por lo general es muy numerosa y muy unida y en ella abundan los niños y los parientes lejanos. Usted tendrá que preguntarles por todos los parientes ausentes... Esto es de rigor. Y debe saber que nunca ha de preguntar a un mejicano por su madre, sino por su mamá. La palabra madre implica una expresión injuriosa; y evítese conflictos, porque en Méjico la madre cuenta más aun que la esposa. 


    Amor.Si absurdas leyendas le han hecho soñar con amores fáciles y aventuras imprevistas, tendrá usted que ir a buscarlas en los cabarés que frecuentan los turistas. En Méjico la gente se acuesta temprano; es una ciudad de gente sencilla empleados, obreros, agricultores, etc.. Tal vez sea porque las noches son bastante frías, debido a los 2.300 metros de altitud. En Veracruz, por el contrario, hace mucho calor, pero a medianoche las calles también están solitarias. En todo caso, las mujeres no son nada fáciles. Son puritanas y apasionadas, en una mezcla desconcertante de estusiasmo y desdenes súbitos. El delito pasional es frecuente. El matrimonio, menos estable que en Francia. El hijo natural y la madre soltera son acogidos con benevolencia; pero ello no representa inmoralidad, sino indiferencia por el estado civil. No obstante, en público, los enamorados observan una conducta más seria que en otros países.

    La palabra flirteo no existe. Se hace la corte con mucha gentileza, ofreciendo a las novias mañanitas, o sea, serenatas de madrugada. Si el galán no sabe tocar la guitarra alquilará unos mariachis que debajo del balcón de la joven cantarán y tocarán. Si a ella le agrada se asomará y ordenará bebidas para los músicos. Algunas veces, en plena noche, se oyen guitarras y violines tocar en sordina un gallo (imitación del canto del gallo).                            

    La muerte.Al indio no le preocupa saber dónde y cuándo nació; tampoco le preocupa cómo y cuándo morirá. La muerte es un personaje cotidiano tanto hoy como en el tiempo de Huitzilopochtli, el dios de los sacrificios. Los indígenas mezclan a un ferviente catolicismo, un fondo de ritos y leyendas paganos. Les desagrada que se asista a sus fiestas religiosas por pura curiosidad; y hay que tener presente que si le permiten entrar es sólo por puro favor. En todo caso conviene asistir con una actitud reverente y tener preparadas una justa recompensa.

    El mejicano es casi siempre muy piadoso... pero a veces, anticlerical. Es preferible no abordar el tema religioso. Desde hace muchos años sostienen con tesón una gran revolución económica y social. Se sienten orgullosos y con razón, de los buenos resultados obtenidos, sobre todo por haberlos conseguido exclusivamente con sus propias fuerzas, y contando muchas veces con poderosas oposiciones.

    Si alguna vez admira usted el viejo Méjico, acuérdese de que le agradecerán que admire también el nuevo. Observe el folclore, arte popular, iglesias antiguas, ruinas precolombinas, mercados, costumbres, que son muy interesantes, pero aprecie también detenidamente las escuelas, los institutos científicos, las carreteras, las granjas colectivas y las nuevas industrias: no lo sentirá usted y dará un merecido gusto a sus amigos.

    De los extranjeros, el que mejor se adapta al país es el francés, porque gran número de costumbres mejicanas se parecen a las suyas más de lo que pudiera imaginar. Esto hace que se establezca un afecto recíproco. No he conocido a ninguno que al volver de este país no se haya encariñado con él, y no se sienta más humano... más sencillo.
    Saber vivir internacional. [Varios autores]. Traducción de Celia de Aimerich.
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Robert Escarpit (1918 - 2000) fue un sociólogo, escritor y periodista francés.