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martes, 28 de diciembre de 2010

Comunistas: cómo causan disturbios o La técnica roja del motín.

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Comunistas: cómo causan disturbios; o
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La técnica roja del motín
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..Es hora de reconocer una de las más peligrosas armas comunistas:
la manifestación pérfidamente manipulada.
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Por Eugene Methvin

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..Este artículo está basado en las investigaciones practicadas, en el curso de cuatro años, por Eugene Methvin, miembro de la redacción del Reader's Digest en Wáshington. Representa docenas de estudios sobre casos concretos de motines comunistas, además de centenares de entrevistas con el FBI, la Agencia central de inteligencia y servicio secreto de los Estados Unidos, como también con peritos policíacos, autoridades de información académicas y militares, y con antiguos comunistas que personalmente han organizado huelgas y motines. (Nota de la redacción de la revista).
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..Así como el químico sabe que al arrojar un trozo de sodio en el agua se producirá una explosión, y el ingeniero que si entierra dinamita en cantidades adecuadas y en determinada forma y la hace detonar podrá abrir un canal de riego, así también el líder comunista sabe que si escoge lemas apropiados, reúne una muchedumbre y la agita, puede crear un motín.
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..Las técnicas para crear estos movimientos son tan sencillas como científicas y sistemáticas. Y desde que empezó la guerra fría los comunistas han venido usando en todos los continentes la terrible arma del motín dirigido, para corromper alianzas, derribar gobiernos, humillar gobernantes y anular el efecto de la ayuda económica extranjera. Entre los casos de violencia organizada, se cuentan las sangrientas peleas callejeras ocurridas entres budistas y católicos en Vietnam, los desfiles en demandas de alimentos que hubo en la India, el caos reinante en el Congo y las ejecuciones en masa por el régimen rojo instalado en Zanzíbar por medio de un motín. Un reciente estudio llevado a cabo por la Secretaría de defensa de los Estados Unidos reveló que en los cinco últimos años, sólo en Iberoamérica se registraron, fomentados por los comunistas, 351 estallidos de terrorismo, sabotaje y guerra de guerrillas, además de 299 motines, manifestaciones y huelgas.
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..Tormenta roja.Recordemos la forma como se esgrimió el motín de Panamá en enero de 1964. En los cuatro días que duró esa tormenta provocada contra los Estados Unidos, veinticuatro personas perdieron la vida, 400 quedaron heridas y los daños materiales llegaron a dos millones de dólares de esa época. Cuando los soldados estadounidenses, atacados a balazos por francotiradores, se vieron en el caso de contestar el fuego, aquellas república hizo circular por el mundo entero el cargo de «agresión de los Estados Unidos».
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..¿Qué fue lo que ocurrió verdaderamente en Panamá? Los comunistas ya venían haciendo preparativos para explotar la agitación producida por una huelga de autobuses, cuando de pronto les cayó entre manos un pretexto mucho mejor. Varios estudiantes estadounidenses de la Escuela secundaria de Balboa, contraviniendo acuerdos existentes para izar en determinados lugares tanto la bandera de Panamá como la de los Estados Unidos, izaron únicamente esta última en el asta del colegio.
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..Los informadores llevaron volando la noticia a los líderes comunistas, y en el curso de pocas horas muchos estudiantes y centenares de inocentes patriotas panameños cayeron en la trampa de una tormenta planeada por los rojos. Reconstruyendo la asonada, los peritos en la materia descubrieron los hechos siguientes:
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Los cócteles Molotov (o botellas incendiarias llenas de gasolina) que se lanzaron contra las casas, negocios y coches de estadounidenses, no contenían trapos embutidos de improviso en botellas, sino mechas cuidadosamente cosidas a mano. Algunos estudiantes pertenecientes a un organismo castro-comunista se habían quedado después de clase, desde una semana antes del motín, para fabricar las bombas incendiarias.
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Un testigo presencial que estuvo al lado de un locutor de radio oyó con asombro que éste decía por un transmisor portátil: «Diez mil personas desafían las balas y se dirigen a la zona del Canal... Las tropas norteamericanas están ametrallando a los valerosos patriotas panameños... Sus tanques penetran ahora en nuestro territorio».
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..Lo que describía este locutor no correspondía en absoluto a la realidad que tenía ante los ojos: un pequeño grupo de espectadores que veían arder las oficinas de la Braniff Airwards, atacadas con bombas incendiarias. (No se empleó ni un solo tanque ni una sola metralleta de los estadounidenses en los cuatro días de desórdenes).
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Un panameño que llevaba una máquina fotográfica salió rápidamente del Palacio legislativo, sacó una pistola y le pegó un tiro a un individuo que estaba entre la multitud. Deposiciones juradas de testigos oculares han confirmado que el asesino tomó una fotografía de su víctima , subió a un coche que le esperaba y huyó. Más tarde, seis conocidos comunistas encabezaron un desfile fúnebre para honrar a los «mártires asesinados por las tropas imperialistas norteamericanas».
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►Autoridades fidedignas identificaron por los menos a setenta comunistas de los cuales se calcula que cincuenta y cinco fueron adiestrados en Cuba entre los agitadores que dirigían el tumulto.
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..Violencia por etapas.—Los comunistas han estudiado y enseñado la manipulación de multitudes durante más de cien años. El propio Lenin perfeccionó esas técnicas y las enseñó en una escuela clandestina en Longjumeau (Francia), en 1911. Decía con audaz jactancia: «Cuando dispongamos de cuerpos de trabajadores revolucionarios especialmente adiestrados, y que hayan cursado un largo período de entrenamiento, no habrá policía en el mundo que pueda con ellos». Hoy, gracias a una colección de datos obtenidos de todo el mundo, inclusive documentos recogidos e interrogatorios a que se han prestado varios desertores de las escuelas de adiestramiento comunistas, es posible revelar ampliamente las diversas etapas por que pasan gradualmente las explosiones de violencia manipuladas por el comunismo. Helas aquí:
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1.ª etapa. Infiltración de agentes en organismos estratégicos y en medios de comunicación destinados a las masas. Para movilizar a las muchedumbres, el partido tiene que colocar primero a sus agentes en los periódicos, estaciones radiofónicas, sindicatos obreros, asociaciones cívicas, facultades universitarias, asociaciones estudiantiles, y hasta en los cuerpos militares y de la policía. En Venezuela, por ejemplo, los comunistas dominan la principal escuela de periodismo, que es la de la universidad Central de Caracas.
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..Los rojos no necesitan siempre el completo control de un organismo, según descubrieron los democráticos sindicatos de obreros de Inglaterra en marzo de 1963. Cuando en esa ocasión sus pacíficas manifestaciones para protestar contra el desempleo llegaron hasta Londres, los comunistas se infiltraron en sus filas e invadieron la entrada al Parlamento, donde están tradicionalmente prohibidas las manifestaciones. Intervino la policía montada y hubo una refriega de una hora. Siguiendo las instrucciones que publicó el periódico comunista Daily Worker sobre «Cómo desmontar a un policía por medios rápidos y seguros», los amotinados aplicaban cigarrillos encendidos al costado de los caballos. Los periódicos londinenses dijeron que aquel fue uno de los peores motines ocurridos en muchos años.
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2.ª etapa. Ablandamiento de las masas con símbolos y lemas. En la etapa inicial de una campaña de propaganda, los rojos profesionales jamás echan mano de una causa abiertamente comunista para ganar adeptos; por el contrario, explotan aspiraciones universales de «paz», «pan», «derechos civiles», «libertad», etcétera, y presentan estas aspiraciones en la jerga incendiaria de la «lucha de clases». A todos los descontentos les señalan como cabeza de turco al «imperialismo yanqui», a los «explotadores capitalistas», o a «la élite blanca que ejerce el poder». Bombardeando sistemáticamente a los ciudadanos corrientes con tales lemas, es posible excitarles lo suficiente para que se lancen a las calles cuando los comunistas inciten al motín.
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..Tan eficaz es la técnica de las consignas que, valiéndose de ella, los comunistas organizaron tumultos con motivo del alza de la tarifa de tranvías en Calcuta y las de energía eléctrica en Buenos Aires; contra las fuerzas armadas estadounidenses en el Japón y contra la audiencia del congreso celebrada en San Francisco de California.
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3.ª etapa. Formación del núcleo sedicioso. Valiéndose de los métodos normalmente empleados para enardecer al público —avisos en la prensa, hojas volantes, anuncios por radio y oferta de transporte gratuito—, los jefes de célula atraen a los curiosos, a los descontentos, a los aburridos y perezosos, que siempre están dispuestos a congregarse para ver un circo, un incendio o una tremolina. También se pueden contratar manifestantes. En el Brasil un extranjero se mezcló con una multitud que protestaba contra la muerte de Patrice Lumumba, el líder comunista del Congo.
..¿Quién es ese Lumumba? preguntó a las personas que estaban cerca.
..Nadie supo contestarle.
..¿Dónde está el Congo? volvió a preguntar, y tampoco le pudieron dar razón.
..Entonces, ¿por qué toman parte en esta manifestación?
..Porque me pagaron diez cruzeiros contestó un interrogado.
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..En el Japón, durante las semanas de manifestaciones contra Eisenhower en 1960, los agitadores comunistas contrataban con tanta regularidad a todos los desocupados que acudían a las agencias de empleo, que la policía podía informar a los reporteros de los diarios que la ausencia de colas en las agencias por la mañana, significaba manifestación segura por la tarde. Las autoridades japonesas calculan que las cinco semanas de disturbios anti-estadounidenses les costaron a los comunistas 1.400.000 dólares.
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4.ª etapa. Agitación de la muchedumbre. Para explotar a las masas los comunistas se valen de diversos sistemas, según lo que más convenga a la situación. Pueden mantener la masa compacta, como un rebaño, o aumentar la tensión como en una caldera hasta que estalle; pero los métodos fundamentales son siempre los mismos. Con base principalmente en documentos recogidos al partido comunista en Irak, se explica a continuación la manera como una «célula secreta» roja maneja una manifestación organizada:
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Mando mayor: El jefe del motín y su estado mayor se sitúan en puntos muy alejados del centro de la actividad, desde los cuales puedan observar todo el campo de batalla.
Mando interior: Cuadros comunistas mezclados con la multitud dirigen las manisfestación bajo las órdenes del mando exterior. El jefe interior, que va siempre custodiado estrechamente, suele colocarse cerca de una bandera, muy visible, de modo que los exploradores y los recaderos puedan encontrarle en cualquier momento. (En las manifestaciones anti-norteamericanas de Caracas en 1958, el vicepresidente Nixon pudo reconocer fácilmente a los dirigentes del motín, porque iban montados sobre los hombros de otros de otros co-partidarios para poder ver mejor y dar instrucciones).
Mensajeros: Llevan órdenes y noticias entre el mando interior y el exterior, e informan sobre los movimientos de la policía.
Guardias de choque: Armados con tubos y palos, estos hombres se mantienen en reserva. Si la policía reprime a los comunistas, aquéllos se lanzan a la pelea en un golpe por sorpresa que permite huir a sus copartidarios.
Cuerpos de gritones: A los agitadores de voz fuerte se les ensaya cuidadosamente en los lemas o consignas que deben gritar y el orden en que los deben proferir.
Provocadores de la policía: Mujeres especialmente adiestradas gritan histéricamente, se desmayan a los pies de la policía o les arañan la cara. A otros elementos se les enseña la manera de arrojar canicas a los cascos de las caballerías y atacar a los animales con hojas de afeitar atadas en el extremo de un palo, o pinchar a los animales con alfileres, con lo cual las caballerías se desbocan entre la multitud y proporcionan a los fotógrafos “pruebas” de la “brutalidad de la policía”.
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5.ª etapa. Fabricación de “mártires”. A todos los agitadores se les enseña a forjar un supuesto mártir, llevar su cadáver por las calles, hacerle grandes funerales y conmemorar su muerte tan a menudo como sea posible, con el objeto de mantener vivo el fanático ambiente de “lucha”. Agentes del Servicio secreto de los Estados Unidos vieron en Caracas que los comunistas empujaban a personas al paso del automóvil oficial del vicepresidente Nixon, con la esperanza de crear un mártir cuya muerte pudieran achacar a la “crueldad de los imperialistas yanquis”.
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..La agitación brota dondequiera.Estas cínicas técnicas han demostrado su eficacia en todas partes. Aunque en la investigación llevada a cabo por la Oficina federal de investigaciones (FBI) después de los violentos tumultos ocurridos en el decenio de 1960 en el barrio, preponderantemente negro, de Harlem, en Nueva York, y en el sector negro de otras cinco ciudades de los Estados Unidos, no se hallaron pruebas de que hubiesen sido el resultado de una organización o planeamiento sistemático nacional —aparte de los actos de organismos de poca importancia—, el informe de J. Edgar Hoover sí puso al descubierto la participación de muchos individuos y grupos comunistas aislados. Y, dijo Hoover, por lo menos en dos ciudades de Nueva Jersey «dos individuos con antecedentes de afiliación comunista fueron instigadores de los disturbios».
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..En Harlem los comunistas contribuyeron a crear un ambiente que tenía inevitablemente que estallar. Desde mucho antes de los motines habían emprendido una campaña preparatoria con repetidas acusaciones de “brutalidad policíaca”. Las publicaciones rojas de Harlem fomentaban la formación de cuerpos armados para combatir a los «borrachos y fanáticos rufianes del uniforme». En febrero de 1964 la policía halló folletos impresos en Cuba por un negro comunista estadounidense, Robert Williams. Acababa de regresar después de entrevistarse con Mao Tse-tung en la China roja y desde La Habana distribuía instrucciones sobre la manera de adaptar las tácticas de guerrilla de Mao a las calles de las ciudades estadounidenses.
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..Los organizadores comunistas habían formado comités y capitanías de manzana para reunir revoltosos, de la misma manera en que los partidos políticos movilizan electores. Trataron de reclutar adolescentes sin trabajo, jefes de pandillas y delincuentes juveniles. Los líderes comunistas presionaron secretamente a los capitanes de manzana para que estuviesen listos para atacar a la policía apenas ocurriera el primer incidente incendiario.
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..Seis semanas antes de la asonada, la policía empezó a encontrar en las azoteas de Harlem rimeros de botellas y ladrillos. Ya para julio del mismo año el “Consejo de defensa de Harlem” decía que contaba con treinta comités de manzana, y su presidente, William Epton, declaró: «Esta es una organización comunista. Yo soy comunista. Trabajaremos con cualquier grupo de Harlem con el que estemos de acuerdo: nacionalistas negros, musulmanes o con cualquiera».
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..[Musulmanes: grupo de agitadores negros de los Estados Unidos que se dan así mismo este nombre. (N. de la R.)].
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..Tal fue el ambiente que existió en esa época, concretamente el 16 de julio de 1964, cuando un policía dio muerte de un balazo a un muchacho negro de 15 años de edad que blandía un cuchillo. El organismo comunista se movilizó inmediatamente. Cuarenta y ocho horas después del incidente, una tensa y calurosa tarde de sábado, Epton convocó a una reunión callejera y, según se comprobó posteriormente, díjole a la turba: «Vamos a hacer una manifestación, y no decimos que va a ser pacífica porque la policía ha declarado la guerra a la gente de Harlem. Cada vez que los policías maten a uno de los nuestros, nosotros mataremos a uno de ellos».
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..Sin embargo, la violencia no estalló realmente sino hasta que, esa misma noche, algunos líderes irresponsables de la Comisión pro igualdad racial (CORE) y varios agitadores profesionales celebraron otra reunión callejera. La multitud se arremolinó a las puertas de una estación de policía y fue creciendo por centenares. Antes de una hora volaban por el aire piedras, botellas y basuras. En este punto ya no se necesitaba la ayuda de los comunistas.
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..No tiene objeto discutir ahora si los motines de Harlem habrían podido ocurrir sin la presencia de los comunistas. Atribuir estos motines, o cualesquiera otros, a la instigación comunista únicamente, sería tan equivocado como descartar totalmente la influencia roja. La lección de Harlem es que los destructores rojos pueden aprovecharse de cualquier controversia, y toda persona capaz de reflexión debe estar al tanto de los métodos y objetivos de aquéllos. La creciente marea mundial de estallidos de violencia organizados por los rojos nos ofrece también otra lección, una de las más viejas de la historia: el precio que se debe pagar por la libertad es la vigilancia constante.
«Selecciones» del Reader's Digest, tomo XLIX, No. 292.
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martes, 30 de noviembre de 2010

Remedio extraordinario para las enfermedades nerviosas.

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Remedio extraordinario contra las enfermedades nerviosas
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En la siguiente carta enviada hace muchísimo tiempo a una publicación francesa, se describe un remedio singular para curar las enfermedades nerviosas.
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(Carta dirigida a los redactores del Diario de Economía rural y doméstica).
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París. 1.° de Prairal, año 11.
Señores:
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La seriedad con que publican Vds. todo lo que puede ser útil a la humanidad, me da motivo de aguardar que tendrán a bien insertar en su diario un remedio tan sencillo como fácil contra las enfermedades que provienen de los nervios, de cuyos felices efectos he sido yo propio testigo. El hecho es este.
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Comiendo yo hace poco en Ivetot en la fonda del Sr. Julienne, me quedé sorprendido de ver servir la mesa a su hija, a quien había visto algunos antes baldada. Un ataque de nervios la había dejado tal que estaba enteramente privada del uso de las manos y aun del de los pies; tenía los dedos medio cerrados y rígidos como si fuesen de hierro; no podía extenderlos y todos los auxilios de la medicina habían sido inútiles para proporcionarle el menor alivio. Estaba pues enteramente exhausta y sin esperanza alguna de remedio, cuando una mujer de Vandrenil, que de casualidad hallábase en casa de unos parientes, le prometió completo restablecimiento con la condición de que aceptara sujetarse a un remedio cuya eficacia tenía experimentada en sí misma por haber padecido el mismo mal. Este remedio consiste en formar un lecho de masa hecha de harina de trigo y agua hirviendo, y cubrirse después con otra capa igual hasta el pescuezo por espacio de seis horas. Se tuvo al principio semejante remedio por cuento de viejas; pero en adelante viendo que los facultativos con toda su ciencia nada podían adelantar, logróse que la enferma se resolviese a ponerle en práctica. Hicieron con harina —se entiende sin quitar el salvado— y agua hirviendo una porción de masa con que cubrieron una cama en la cual se tendió la enferma, echándole después encima otra capa de masa, de modo que quedó empanada hasta la barbilla.
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A poco rato notó en sí la enferma una abundante transpiración, y todavía no habían pasado cuatro horas en aquel estado cuando se quedó admirada de ver que podía mover pies y manos, aumentándose insensiblemente la facilidad de hacerlo hasta recobrar enteramente su juego.
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La sacaron de la masa y la trasladaron a otra cama que estaba bien caliente, y en fin por este método obtuvo una curación perfecta, de forma que al verla tan desembarazada y ágil nadie es capaz de sospechar que ha padecido tal enfermedad. D. F.
Manual de sanidad y economía doméstica, por Augusto Carón.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

La fragata «Eagle», una presa de guerra.

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La fragata «Eagle», una presa de guerra
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El «Eagle» fue la fragata alemana «Horst Wessel», nombre de un joven nazi. En los astilleros Blohm & Voss de Hamburgo, el 12 de junio de 1936, fue lanzada la «Horst Wessel», que hoy sirve de buque-escuela al U.S. Coast Guard. A la ceremonia asistió el propio Hitler ya que se trataba del primero de cuatro veleros iguales, ordenados por él para instruir a los futuros oficiales de la Kriegsmarine de Alemania.
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Se trata de una hermosa nave de 90 metros de eslora, 1.800 toneladas, tres palos, casco metálico, propulsado alternativamente por su velamen o el motor diésel que tiene incorporado. Durante la II Guerra mundial, el buque fue destinado al mar Báltico y sin perder su condición de buque-escuela, transportó abastecimientos para las tropas que guarnecían esas costas. Debidamente artillado, su bitácora consiguió que su fuego lograse abatir a tres de los aviones que le atacaron en diversas ocasiones. En los últimos días de la resistencia de Alemania, la «Horst Wessel» se dirigió al puerto militar de Kiel, pero no pudo arribar debido al toque de queda impuesto por su autoridad. Debió hacer una larga espera en las afueras del puerto, lo que la liberó del furioso bombardeo que destruyó esa noche gran parte de las instalaciones portuarias y produjo severas pérdidas entre las naves que allí se encontraban.
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PRESA DE GUERRA.—Tras la rendición de Alemania, el velero terminó en Bremerhaven, donde fue recibido como presa de guerra por el comandante Gordon McGowan, del Servicio de guardacostas de Estados Unidos, y una pequeña dotación de oficiales y tripulantes. Las instrucciones eran, primero, sacar el buque del estado de desastre en que se encontraba y luego llevarlo a Estados Unidos. Había una dura condición para McGowan: tendría que restaurarlo sin gastar un dólar americano sino a costa de Alemania, y con el trabajo de la tripulación alemana que había quedado a bordo. En un comienzo las relaciones entre los marineros estadounidenses y alemanes fueron, justificadamente, muy tensas; pero se distendieron al integrarse todos al duro trabajo de restaurar el navío. Para los alemanes era un motivo de orgullo colaborar en la recuperación de un buque que era la joya de su armada. Para los norteamericanos era un verdadero tesoro que testimoniaba su victoria, e iba a sumarse al historial de su Servicio de guardacostas. Esos elementos, actuando en paralelo, permitieron alcanzar un ambiente de camaradería al cual aportaban alegría las dificultades idiomáticas que se les presentaban a cada instante. La misión encomendada fue una tarea larga y muy difícil, porque estaban en un país destruido y cada vez que McGowan iba a la dirección de algún fabricante especializado en busca de piezas y repuestos navales se encontraba con que el edificio de esa empresa o taller era un montón de escombros. Según cuentan las crónicas de la época, la solución llegó con el hallazgo de las bodegas del muelle donde, antes de la guerra, operaban los trasatlánticos alemanes Bremen y Europa. Allí habían gran cantidad de repuestos y piezas de todo orden que fueron muy útiles para devolver al buque su antigua categoría.
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LAS ÁGUILAS.—En medio de las grandes tareas de restauración, hubo otras menores, pero no por ello menos importantes. Fue largo de cambiar la totalidad de los letreros en alemán que estaban en todo el barco y en gran número en los mecanismos y la máquina. Simbólico fue quitar el mascarón de proa que representaba un águila al estilo nazi, la que portaba una cruz gamada entre sus garras. Se la cambió por la representación del águila de cabeza blanca que es el ave heráldica de Estados Unidos. El 15 de mayo de 1946, en Bremerhaven, el «Eagle» entró oficialmente al Servicio de guardacostas de Estados Unidos. El buque debió sortear una severa dificultad antes de partir. La tripulación estadounidense no alcanzaba para maniobrar un velero construido para ser operado al estilo antiguo, a fuerza de brazos, desde las velas hasta el ancla. Cabe mencionar que la operación de izar el ancla requería de cuarenta hombres. Lo anterior no era una dificultad en sus orígenes, porque la dotación original era de 220 cadetes, quince marineros y catorce oficiales. La de marinos norteamericanos era muy inferior y carecían totalmente de experiencia en maniobras de vela. Como era lógico, el cruce del Atlántico se aparecía al comandante McGowan como una travesía muy riesgosa. La solución fue el astuto uso de una iniciativa de post-guerra: Estados Unidos había autorizado la contratación de marinos alemanes para servir a bordo de dragaminas estadounidenses, en el proceso de limpiar los mares de los millares de minas que habían sido instaladas durante la guerra. Se contrató a la tripulación alemana del ex «Horst Wessel» para ese efecto y se llevó a Estados Unidos a bordo del «Eagle», en un viaje que sirvió para el traspaso de su experiencia a los nuevos tripulantes. El velero «Eagle» es hoy uno de los orgullos tradicionales del Servicio de guardacostas de Estados Unidos. Según sus jefes, la formación de sus oficiales a bordo de una fragata es de tal calidad, que el costo de la mantención de la misma en las excelentes condiciones en que se encuentra, se justifica plenamente y el origen de la adquisición, su condición de presa de guerra, enorgullece a los ciudadanos de Estados Unidos que ven en ese buque el testimonio de su valentía durante la guerra.
Fuente: revista Nuestro mar. N.° 232/30. El Mercurio de Valparaíso, de enero de 2003. Fotografía: US Coast Guard Website.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Cándido da Silva Rondón


Cándido Mariano da Silva Rondón (1865 – 1958), el extraordiario prócer que civilizó la selva amazónica de manera pacífica. El siguiente es un curioso e interesante artículo, escrito en la época en que el mariscal Rondón aún vivía en este mundo. Se sabe muy poco de este héroe, y se ha publicado este artículo tratando de llenar un poco ese vacío.
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«Yo soy soldado, pero he consagrado toda mi vida a demostrar por los hechos que la razón es superior a la fuerza bruta».
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Cándido da Silva Rondón, 
el civilizador de la selva
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(Condensado de «The Pan American»)
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Por Desmond Holdridge
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     En uno de los majestuosos edificios del barrio comercial de Río de Janeiro, hallamos sentados ante sencillo escritorio, en un despacho sin pretensiones, a uno de los hombres más notables de América. Es bajo de estatura y extraordinariamente ancho de pecho; recio de músculos y más derecho que un huso. En sus ojos, acostumbrados a sondear la selva, brilla la sagacidad del hombre al que nada se le escapa y que de nada se olvida. Acompaña la conversación con ademanes expresivos. Su genial cortesía se manifiesta por igual al dictarle una carta a la taquígrafa y al hablar con un ministro. Salta a la vista que lleva sangre india en sus venas: aunque todos le tomarían por un sesentón bien conservado, tiene sus ochenta años cumplidos.
     El hombre del cual estamos hablando es el general Cándido Mariano da Silva Rondón, a quien el Brasil debe la conquista pacífica de cerca de 65o.ooo kilómetros cua-
drados de tierras antes inexploradas. Ha fijado con exactitud una de las líneas fronterizas más largas del mundo, y agregado al mapa de su patria quince ríos, algunos de los cuales figuran entre los más caudalosos del mundo; ha tendido millares de alambres telegráficos en los inmensos despoblados del interior del país; ha pacificado tribus salvajes que durante tres siglos habían recibido al hombre civilizado con flechas de dos metros de largo, y ha aportado al museo nacional de Río de Janeiro miles de ejemplares de seres orgánicos e inorgánicos de que los sabios no tenían ni noticia. Casi todas las sociedades geográficas del mundo le han hecho objeto de honrosas distinciones.
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    La maravillosa carrera de este hombre principió en las circunstancias más humildes que puedan imaginarse. Nació en 1865 cerca de Cuyabá, remota capital del estado de Matto Grosso, cuyas poblaciones parecen esparcidas al vuelo en una región agreste. Tuvo por padre al hijo de un bandeirante (explorador de la selva) de San Pablo, y de una india terena; y por madre a una india borora. A la edad de dos años quedó huérfano.
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     Aprendió las primeras letras con su abuela materna, que, a su vez, las había aprendido en las haciendas de familias acomodadas donde trabajaba. Uno de sus tíos le costeó los estudios en la escuela. El muchacho era excepcionalmente talentoso, y tenía aptitudes especiales para las matemáticas y la ingeniería. A los dieciséis años, terminada la segunda enseñanza, se sometió a examen para ingresar a la escuela militar de Río de Janeiro. Mientras, lleno de esperanza, aguardaba la decisión, trabajaba de secretario en una oficina pública de Guyabá.
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     Su condición social era para él una gran desventaja. Difícil era que un huérfano desvalido de familia obscura pudiese entrar en una escuela de primera categoría en competencia con centenares de jóvenes pertenecientes a familias acaudaladas de alta posición y grande influencia. Sin embargo, los funcionarios públicos del lugar, movidos por la diligencia y capacidad de Rondón, lo recomendaron a las autoridades superiores, las cuales le asignaron una plaza en la escuela militar.
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     Allí se dio a estudiar con sumo esmero el mapa del Brasil. Llamóle la atención el gran número de espacios extensos del mapa en que no se leía sino esto: “Región desconocida habitada por indios salvajes”. Observó también que había fronteras interminables sin líneas que las definiesen con precisión, por cuanto para trazar los linderos no se disponía sino de tratados vagos celebrados hacía varios siglos. Consecuencia de esto era, por ejemplo, que el descubrimiento de una mina de oro en las regiones fronterizas originara acres y ruidosas controversias entre el Brasil y la región vecina, pues cada parte podía demostrar, con antiguos y fehacientes documentos, que la mina estaba dentro de su territorio..
     La cuestión de los indígenas presentaba también muchas dificultades. La gran importancia que habían cobrado las caucheras del Amazonas, al par que convertía a Manaos en la ciudad donde la riqueza per cápita era mayor que en ninguna otra ciudad del mundo, atraía gran número de aventureros faltos de todo escrúpulo. Hacían éstos irrupciones en las aldeas y caseríos de los indios, de donde se llevaban todos los hombres fuertes, para ponerlos a trabajar como esclavos en la construcción de trochas y en la extracción de caucho, y las muchachas más bonitas para satisfacer su lujuria.
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     Pensando en esto, Rondón se preguntaba cómo podía remediarse. La fundación de los Estados Unidos del Brasil en 1891 le deparó la ocasión de hacer algo en ese sentido. El nuevo régimen resolvió tender una red telegráfica en el interior del país. El mayor Gómez Carneiro, encargado de la instalación de unos 64o kilómetros de telégrafos entre Cuyabá y Araguaya, escogió por ayudante a un teniente recién salido de la escuela militar: Cándido Mariano da Silva Rondón.

     A poco de principiar el trabajo, surgieron desavenencias con los indios bororos. Sin embargo, la suavidad con que les trataban los militares, y los regalos que les hacían, convencieron pronto a los bororos de que estos hombres de uniforme eran muy distintos de los bandidos “civilizados” que habían saqueado antes los pueblos. Establecióse la paz, y trece meses después quedaba tendida la primera línea telegráfica del inmenso estado de Matto Grosso.
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     En los diez años que siguieron, Rondón se ocupó en la instalación de líneas telegráficas y en la benéfica labor de poner fin a odios y refriegas que habían afligido al país durante tres siglos. Se tendieron cerca de 3.2oo kilómetros de alambre, atravesando regiones que antes se habían creído impenetrables. Rondón formó un cuerpo de ayudantes enérgicos y leales; hombres vigorosos y perseverantes que sin quejarse ni abatirse podían pasar meses enteros en el corazón de la selva. En su tratamiento de los indios se guiaban por la política de Rondón, de no hacer nunca fuego a los indios, por hostiles que éstos se mostraran, ni llevarse nada de ningún pueblo.
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     A los empedernidos y belicosos invasores de la selva que no confiaban sino en la fuerza bruta, semejante práctica
les parecía un despropósito; pero Rondón logró excelentes resultados en una tribu tras otra. Sirva de ejemplo el modo como se captó la amistad de los nambicuaras, que habitaban en la región del fabuloso río Juruena. La primera vez que los vio fue un día en que le atacaron por sorpresa con flechas. Las dos primeras que le lanzaron no le dieron, aunque le pasaron muy cerca. La tercera se clavó en la bandolera. A no ser por esta correa, la flecha le hubiese traspasado el corazón. El golpe lo desconcertó y le hizo perder por un momento el equilibrio en la silla; pero pronto recobró su sangre fría y siguió llamando a los indios con palabras de paz y amistad. Atónitos y confundidos al ver conducirse de este modo a aquel hombre extraño, al que, según les parecía acababan de clavarle una flecha en el pecho, los indios emprendieron la fuga. Rondón y su gente dejaron en el lugar regalos de hachas, machetes y telas, y continuaron su marcha. Los indios no volvieron a atacarles.
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     Pocos años después, Rondón volvió a entrar con su cuadrilla en la tierra de los nambicuaras . Un sendero muy trillado indicaba la proximidad de un pueblo grande. Rondón partió hacia él con dos de sus compañeros, después de ordenar a los otros que esperasen. Tropezaron a poco con cinco indios fornidos que no llevaban armas y les condujeron pacíficamente al pueblo. Allí fueron recibidos y festejados con ruidoso entusiasmo. Les obsequiaron con maíz, frutas, carne de mono ahumada, gusanos asados, cigarros negros, que casi espantaban por lo descomunales, y zumo de piña silvestre, conservado en calabazos de gran tamaño. Rondón no había fumado nunca cigarros; pero, sabiendo que si rehusaba el que le ofrecían inspiraría desconfianza, lo aceptó. Al día siguiente llevó un grupo de indios a su campamento, donde, en medio de la mayor cordialidad, hubo abundancia de regalos de una y otra parte.
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     Actualmente, los nambicuaras tienen colegios, iglesias y médicos. Reverencian la bandera verde y amarilla del Brasil que Rondón les llevó como símbolo de paz y de reforma voluntaria. El gobierno les garantiza la posesión de sus tierras y les reconoce el derecho de conservar sus creencias y costumbres. Pero, bajo la benigna influencia de Rondón, los indios las van abandonando gradualmente y entrando en las vías de la civilización. El idioma portugués se generaliza más y más entre ellos. La vida agrícola va va reemplazando la nómada, y todo se va modernizando.
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     Los indios llaman al telégrafo «la lengua de Mariano». Cuando oye este nombre, tan curioso como significativo, Rondón deja escapar una sonrisa entre burlona y satisfecha. «Hubo un tiempo —dice— en que los indios robaban el alambre del telégrafo para hacer objetos de adorno; pero cuando se les hizo ver que el telégrafo servía para comunicarse a gran distancia, cesaron de meterse con él. Sin embargo, como se nota por el nombre que le dieron, tuvimos que recurrir a una figura de retórica, que ellos tomaron casi literalmente, para acabar de convencerles».
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     El medio de que se valió Rondón para llevar a cabo sus planes y captar la buena voluntad de los indios fue un cuerpo de colaboradores que organizó en 1910, y al cual dio el nombre de «Servicio de protección a los indios». Se promulgaron leyes que garantizaban a los moradores de las selvas la posesión inestorbada de sus tierras y les protegían contra la usurpación y la explotación. En todo el interior del país se establecieron puestos de pacificación y de relaciones mutuas, que poco a poco fueron atrayendo a los indígenas.
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     Al mismo tiempo que se efectuaba esta conquista pacífica, se rectificaba el mapa del Brasil. La Comisión de Rondón, como generalmente se llamaba el mencionado servicio de protección al indígena, señaló el verdadero curso de ríos que en los mapas viejos aparecía con errores de hasta 16o kilómetros, y marcó el de otros que no figuraba en tales mapas. El más famoso de los ríos que se hallaban en este último caso es el de la Duda, cuyo curso se marcó en el mapa cuando Teodoro Roosevelt fue al Brasil. El famoso yanqui quería explorar el río y verlo con sus propios ojos, y Rondón lo llevó a aquellas regiones remotas. Cuatro meses pasaron juntos explorándolo, hasta su confluencia con un río ya conocido. En los mapas actuales el río de la Duda figura con el nombre de río Roosevelt.
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     Con la valiosa cooperación de Rondón, el gobierno del Brasil se ocupó enérgicamente de llevar a cabo su programa de inducir a las naciones vecinas a que nombrasen comisiones que trabajaran con la Comisión de Rondón. Centenares de expertos han explorado las selvas fronterizas, levantado planos y trazando líneas, y hoy casi toda la frontera terrestre más larga del mundo está indicada definidamente en los mapas. En 1932 estuvo a punto de estallar una guerra entre Colombia y el Perú, con motivo de una disputa de límites que causó varias escaramuzas en la región de Leticia, pueblo colombiano situado sobre el río Amazonas. El que la disputa se arreglara sin hostilidades más graves, se debió en gran parte al prestigio y la cordura de Rondón, que era el delegado brasileño a la comisión mixta internacional nombrada para ventilar el asunto, y también presidente de la comisión. Las dos partes contendientes tenían el derecho de apelar a la Sociedad de Naciones, pero no hubo ninguna apelación.
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     Rondón pagó por su triunfo diplomático con la pérdida total de la vista de un ojo, y la pérdida parcial de la del otro, como resultado de una fuerte tracoma que contrajo durante los cuatro años que trabajó sin descanso en la comisión. Sólo su maravillosa resistencia le ha librado de achaques peores. Ha pasado cincuenta años en lejanas tierras incultas, muchas de ellas malsanas, y hoy, a los ochenta años, es admirable ejemplo de vigor físico e intelectual. Siempre cansaba a los que viajaban con él; aun a los indios. Una vez, dirigiendo un grupo de jinetes, todos los cuales estaban ya agotados, se detuvo a las once de la noche, se desmontó tan fresco como si tal cosa, y les dijo:
     —Cenaremos ahora, y emprenderemos otra vez la marcha a la una de la mañana.
     ¿Cómo podemos seguir sin más que una hora de sueño?le preguntaron quejumbrosamente.
Rondón, mirándoles con aire de sorpresa, contestó:
     —Pero, amigos, ¿es posible que ustedes no sepan dormir en la silla?
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     Algunos hombres que le han acompañado en sus expediciones han dudado, antes de conocerle bien, de la resistencia casi fabulosa que la fama le atribuye y que se ha convertido en una especie de leyenda. Uno de ellos, atleta de veintiocho años, dijo una vez fanfarronamente: «El general es más de dos veces mayor que yo, y no tiene mi aguante, ni con mucho. Que apueste a andar conmigo y le cansaré hasta que la lengua le cuelgue sobre la pechera como corbata». Naturalmente, alguien le contó la ronca a Rondón. Sin demora invitó al atleta a que fuera con él a inspeccionar una trocha nueva. Partieron a paso tremendamente veloz, como desbocados. El atleta sonreía y hacía muecas con aire de desprecio y de triunfo; pero, después de dos horas de marcha al mismo paso, principió a dudar y dejó de sonreír. A las seis horas, dijo con voz desfalleciente que quizá conviniese comer algo.
     —No, nocontestó Rondón—; yo nunca como cuando estoy inspeccionando una trocha.
     Como una hora después, el fachendoso atleta se dejó caer, y tendido en el suelo, desmadejado y acezando, dijo con voz entrecortada:
     —No puedo dar un paso más.
Rondón le miró despreciativamente y le contestó:
     —Bien lo sé, y así lo esperaba. Como usted ve, éste es el monte; no un gimnasio. En adelante, piense usted bien lo que dice antes de hacer declaraciones y promesas jactanciosas a sus compañeros.
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     Otro ejemplo de la pasmosa resistencia física de Rondón ocurrió al fin de la expedición al río de la Duda. Acompañó a Roosevelt y a los otros expedicionarios a un vapor cómodo , donde se despidió de ellos. En vez de regresar él también por mar a Río de Janeiro, volvió a internarse en la selva e hizo por tierra el viaje de más de 3.ooo kilómetros.
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Rondón ha sufrido casi todas las enfermedades tropicales.
Ha tenido muchos ataques de malaria que hubiesen matado a un hombre de menor resistencia. En una exploración que hizo para la instalación de una línea telegráfica, le dio una fiebre tan fuerte, que el médico le dijo que era preciso que regresase a Río. «Usted puede regresar si quiere, doctor contestó Rondón; pero yo me estaré aquí dirigiendo la expedición hasta que terminemos la tarea».
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Las regiones que Rondón exploró tienen enormes potencialidades agrícolas, mineras y ganaderas. En las del extremo occidental hay petróleo. En varias partes hay oro y diamantes. Encuéntranse bosques enteros, que apenas si se han tocado, de algunas de las maderas más finas del mundo, y abundan el caucho y la balata.
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     Al presente, los brasileños hablan sin cesar de la marcha al oeste. Las carreteras y los ferrocarriles van penetrando en los que eran vastos despoblados cuando Rondón los exploró por primera vez, y empiezan a fundarse allí ciudades modernas. Millones de gentes encontrarán hogar y subsistencia en estas regiones recién sometidas al imperio del hombre. Tal vez en ellas hallen asilo muchos europeos desdichados a quienes la guerra ha dejado en la miseria. «Nosotros dice Rondón les recibiremos con los brazos abiertos. Que vengan. Aquí hay lugar bastante para quienes quieran trabajar».
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     «Todos los que nos conocen —agrega—, saben que nosotros los brasileños no somos amigos de la violencia. Yo soy soldado, pero he consagrado toda mi vida a demostrar por los hechos que la razón es superior a la fuerza bruta. ¡La matanza de los indios! Muy fácil es matarlos; ¡pero cuán poco se logra con ello! Naturalmente, es más difícil recurrir a la razón, y esto a veces requiere más valor. Mis compañeros, que decían: Quizá muramos, pero nunca mataremos, eran en verdad más valientes que los caucheros ignorantes que hacían fuego a cualquiera que no llevase pantalones».
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     «Los mismos sentimientos y la misma política nos guían en nuestras relaciones con el resto del mundo. Esta fe en la eficacia de la paz da a quienes la profesan un poder y una confianza de que el adorador de la violencia es incapaz».
«Selecciones» del Reader's Digest. Tomo XII, No. 70.

viernes, 22 de octubre de 2010

La Ley de atracción.

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La Ley de atracción
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por William W. Atkinson
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Un sabio en metapsíquica nos dice en qué consiste esta ley universal y nos enseña como utilizarla en nuestro beneficio.
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   Aún mucho tiempo después de interesarme en el estudio del “Nuevo Pensamiento”, el trabajo de la ley de atracción fue algo que me intrigó sobremanera. Soy de la opinión de que para la generalidad de las personas este punto es de difícil comprensión.
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Es comparativamente fácil comprender el efecto que ejerce la mente sobre el cuerpo y sobre la mente de los demás; el efecto de la voluntad sobre la mente y aquello de que un pensamiento pueda atraer otro semejante, etc.; pero cuando uno descubre por primera vez que hay una ley de atracción, por medio de la cual se atraen cosas hacia sí, ejerciendo un control sobre las circunstancias por medio del carácter de los pensamientos, uno se inclina a creer imposible el hecho; o le cuesta penetrarse y entender la ley que opera en este sentido.
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    Existe aparentemente gran diferencia entre el efecto del pensamiento sobre las personas y el efecto del mismo sobre las cosas; pero recordando la idea de la Unidad del Todo, se empieza a comprender por qué una parte del todo puede afectar a otra parte, ya sea ésta una persona o una cosa. Nunca he oído una explicación concisa y completa del trabajo interno de la ley de atracción, a pesar de que muchos le conocen en general y podrían obtener una idea clara de él, razonando por analogía.
.    Lo cierto es que la ley de atracción existe; que está en pleno trabajo y fuerza y que muchas personas de ambos sexos la conocen por experiencia. El estudiante que no pueda comprenderla, necesitará tomar la ley como un misterio de fe al principio, hasta que se convenza de su existencia verdadera por los resultados que él mismo obtuviere.
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    Parece que existe una gran Ley Natural, por medio de la cual un átomo atrae hacia sí aquello que necesita para su desenvolvimiento, y la fuerza que produce este resultado se manifiesta en deseo. Pueden existir muchos deseos, pero el predominante es el que tiene la fuerza atractiva de mayor poder. Esta ley está reconocida en los diversos reinos de la naturaleza, pero sólo comienza a comprenderse cuando la misma ley se manifiesta en el reino de la mente.
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    Nuestra actitud mental hace que atraigamos hacia nosotros cosas correspondientes en calidad a nuestros deseos y pensamientos predominantes. Un pensamiento mantenido con firmeza y continuidad atraerá hacia su mantenedor las cosas representadas por tal pensamiento, excepto en aquellos casos en que otras influencias estén en trabajo contradictorio al poder de dicha mente. Por ejemplo, si dos personas desean intensamente la misma cosa, la fuerza de pensamiento superior obtendrá el objeto. Por esto no es siempre lo mejor desear una cosa particular, ya que ella puede no ser lo más conveniente para su estado de desenvolvimiento presente. El plan más beneficioso es mantener el pensamiento de éxito absoluto, dejando los detalles al trabajo de la ley, y sacando usted ventaja de cuanta cosa ocurra para transformarla en provecho suyo, sin dejar pasar nada sin utilizarlo. De este modo encontrará usted que ha dado con la clave de la ley que opera en este sentido.
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    He conocido personas que fijaban su ambición y sus aspiraciones en una cosa dada, y una vez obtenidas encontraban, que después de todo no era aquello el ideal deseado o necesitado.
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    En la práctica he verificado que el mejor plan es el de mantener la actitud en el deseo vehemente del éxito completo, dejando usted que los detalles sean elaborados por la ley y obteniendo ventaja de toda coyuntura que se presentare, sintiendo siempre que la cosa particular que está ocurriendo es lo mejor que puede suceder para conducirle al éxito completo que espera.

.   Yo creo que gran parte de la Ley de Atracción se lleva a cabo por medio de que uno atrae hacia sí mismo hombres de ideas similares que están preparados para asociarse a nuestros planes, ideas, negocios, etc.; lo que trae como consecuencia que uno a su vez sea atraído hacia otros hombres que pueden o deben sernos útiles. Es un caso de atracción mutua; no un caso de una mente sobre otra. Dos seres de actitudes mentales semejantes se atraerán y unirán para ventaja de ambos, y aunque en el resultado parezca que han estado siendo atraídos por cosas, la verdad es que las cosas son movidas por los hombres. Muchos otros resultados ocurren por medio de la atracción de pensamientos e ideas ajenas, las cuales puestas en práctica nos hacen capaces de cumplir nuestros deseos. Hay casos, sin embargo, en los cuales se ve que la mente tiene un efecto positivo sobre las cosas. Algunos hombres parecen estar exentos de accidentes, mientras que otros se diría que corren hacia ellos. Los hombres de naturaleza valiente están libres de muchas cosas que ocurren a los hombres tímidos. Hay seres que parecen poseer cierto encanto en medio de las balas de un combate, mientras que otros sólo la pasan heridos. He oído casos innumerables en los cuales los hombres han ido al encuentro de la muerte sin poder encontrarla, y aunque a la simple vista parece que debía venirles aquello en que piensan, un análisis más íntimo demostrará que lo único que les ha sucedido es que han vencido el temor.
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    El mismo hecho se realiza en la vida diaria de los negocios. El hombre que desafía y vence el temor adquiere toda clase de ventajas, pues generalmente si no obtiene el éxito final es porque pierde precisamente el dominio de sus nervios en el último momento. Le repito: el miedo es una de las fuerzas de mayor atracción de la mente. Es de igual poder que la confianza absoluta, y de hecho no es otra cosa que la confianza absoluta en un mal próximo, variando el grado de atracción según sea el monto de temor o confianza , que es lo mismo.

.     Sus pensamientos de usted le ponen en conexión con el mundo exterior y sus fuerzas, y tiene usted el poder de atraer o repeler gentes y cosas según sea el carácter de los pensamientos mantenidos. Usted y ellos son atraídos mutuamente porque sus pensamientos están afinados en el mismo tono. Está usted en contacto íntimo con todas las partes del todo, pero atrae hacia usted sólo aquellas partes que corresponden en calidad con su actitud mental. Si mantiene pensamientos de éxito conocerá pronto que ha puesto usted en operación las fuerzas que le conducirán a él; y si sostiene la misma actitud mental, irá hallando día por día en su camino todo aquello que sea necesario para ayudarle en sus esfuerzos, pareciéndole que las cosas le llegan del modo más milagroso, presentándose a su paso oportunidades que si sabe aprovecharlas le darán completo éxito. También verificará usted que vendrán en tropel nuevos pensamientos a su mente, para que saque ventajas de ellos y encontrará personas que le ayudarán de mil modos, ya sea con ideas, estímulo o trabajo activo. Naturalmente su lote de trabajo no será hecho por los demás, pero la ley le ayudará y le asistirá continuamente. Ella le atraerá oportunidades y casualidades —como decimos comunmente— a su puerta, debiendo darle la molestia de abrirla por usted mismo, como es natural, para dejarlas entrar.
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    Habrá veces que el camino se le presentará muy intrincado, pero eso no debe afligirle, porque llegará al final de la jornada a pesar de todas la revueltas de él, habiendo aun veces en que las cosas que le parecían el total de sus aspiraciones y que inspiraban sus energías, aparecerán nimias antes sus ojos, pasando rápidamente a ideales mucho mayores por medio de las fuerzas irresistibles que habrá puesto usted en operación, provocándole entonces risa la contemplación de lo que poco antes le parecía su propio destino y el motivo de todos sus esfuerzos.
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    La fe en la ley y el reconocimiento de ella, parece que trajesen como premio inmediato el avance y ascenso; y al revés, la falta de fe y negación de la Ley producen como una traba al progreso, con la circunstancia esencial que no debemos olvidar un momento, de que «la Ley» está siempre en operación, y por lo tanto nos impulsa en alguna dirección, de acuerdo con las fuerzas de atracción que hayamos puesto en moción, aunque lo hayamos hecho inconscientemente.
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    La Ley trabaja aparentemente en dos sentidos, aunque los dos en realidad son sólo diferentes manifestaciones de Uno. Aquello que teméis atrae tanto como aquello que deseáis. El que teme el sufrimiento en general, se lo atrae, y cuando siente en sí fuerzas suficientes para dominar los que pudiesen venirle, éstos ni siquiera se acercan. La mayoría de las veces se encuentra lo que se busca, y el dicho antiguo de que el mundo aprecia al hombre en lo que vale, aunque no estrictamente correcto, está basado en el reconocimiento de esta Ley. Un ser que espera o teme ser humillado y maltratado, generalmente ve realizados sus temores y aquel que exige o espera consideración y respeto, también los obtiene.
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    Como ya he dicho, la Ley no hace el trabajo para el hombre, pero sí coloca materiales y herramientas al alcance de su mano y lo mantiene con gran refuerzo de ellos. La Ley nos da constantemente oportunidades a cada uno de nosotros estando a nuestro servicio; de nosotros depende utilizarlas o no. Pensamientos, cosas, personas, ideas, oportunidades y otras cosas que nosotros atraemos, están pasando ante nosotros continuamente, pero se necesita carácter para utilizarlas. El hombre de éxito es aquel que sabe sacar ventajas de esos acontecimientos que otros hombres no ven. Él tiene confianza en sí mismo y en su habilidad para dar forma al material en crudo que tiene a su alcance. De este modo nunca siente que la suerte pueda abandonarle, ni que todas las cosas buenas puedan haber pasado; al revés; sabe que hay muchas cosas buenas de donde mismo han salido las demás, y que necesita sencillamente abrir los ojos para aprovechar la oportunidad debida, a fin de llevarla a buen término.


.     La Ley de atracción está en pleno trabajo. Usted hace uso de ella constante e inconscientemente en cada minuto de su vida; ¿qué clase de cosas está usted atrayendo? ¿Cuáles necesita? ¿Corresponden sus pensamientos a las cosas que desea o a las cosas que teme? ¿Cuáles son? La Ley es, o su Amo o su Siervo. Haga usted su elección, y hágala desde ahora.
«La Ley del Nuevo Pensamiento».

miércoles, 20 de octubre de 2010

Un hombre que compitió con la «Coca-Cola».


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La curiosa historia de un bioquímico argentino que se hizo empresario y compitió contra la compañía Coca-Cola.
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Un hombre que compitió 
con la Coca-Cola

«Haciendo cola»

por Sergio Núñez y Ariel Idez

    A fines de la década de 1940, un bioquímico de apenas veintidós años que trabajaba para una fábrica de licor tipo Fernet, catando bebidas y creando recetas, desveló el que se consideraba uno de los secretos mejor guardados del mundo: la fórmula de la Coca-Cola. Ni lento ni perezoso, mudó el laboratorio al patio de su casa del barrio de Devoto, en la ciudad de Buenos Aires. Ganó el primer juicio del mundo a la multinacional por el uso de la palabra “cola” y empezó una empresa que en los siguientes veinte años se convertiría en un éxito nacional tan grande que hasta se le atribuía al mismísimo Perón. Y que dicho éxito murió con la merma de la industria nacional, los almacenes [tiendas de comestibles] y el sifón de mesa.

   Si esta historia fuera una película, seguramente comenzaría en un laboratorio. Apenas iluminado por la luz mortecina de una lámpara de 25 vatios. La primera toma mostraría a un científico enfundado en su guardapolvo blanco en el preciso instante en que descubre, por accidente, una valiosísima fórmula secreta. Casi como si hubiera dado con la piedra filosofal del siglo XX, aunque en este caso, en vez de transmutar el plomo en oro, lograra convertir el agua en algo similar a la «Coca-Cola» Sin embargo, la historia es verdadera y su protagonista se llama Saúl Patrich, el creador de la bebida argentina más popular de la década de 1960: la Refres-Cola.

¡Eureka!: un hallazgo accidental.

   En 1948 Patrich era un técnico químico especializado en bromatología que, pese a sus escasos veintidós años de edad ya había trabajado para diversas empresas elaboradoras de bebidas como asesor y degustador profesional. Esta experiencia le había permitido desarrollar un paladar absoluto y con sólo probar un sorbo era capaz de detectar sus componentes. Tal vez por eso los dueños del fernet Leocatta, para quienes trabajaba, acudieron a él como su última salvación: su licor era un fracaso, pero un distribuidor se había comprometido a comprarles toda la producción si cambiaban de rubro y lograban una imitación de un conocida bebida amarga serrana. “¿Usted puede hacerlo?”, le preguntaron a Patrich, y de inmediato le extendieron un vaso con el producto por emular. El joven técnico hizo un buche y dejó que el líquido recorriera su boca para estimular las papilas gustativas, sopesó sus componentes, realizó unos cálculos mentales, tragó y respondió: “Dénme una semana”.

Luego visitó una herboristería y
compró todo tipo de hierbas, las llevó a su laboratorio, las trituró, las maceró en alcohol y elaboró ocho muestras distintas. De una de ellas derivaría el amargo serrano que le habían solicitado y las siete restantes serían desechadas. Pero sucedió algo inesperado: En la prueba número 6 encontré una pista —recuerda como si narrara una investigación detectivesca—. Al principio no sabía a dónde me iba a llevar, aunque intuí que podría ser algo grande; así que me deciqué día y noche a experimentar con esa muestra para ver si podría dar con la clave de ese gusto tan extraño. Si bien a él mismo le costaría creerlo, esa pesquisa resultó clave para acercarse al sabor de aquella gaseosa de color negro y nombre raro originaria de los Estados Unidos.

   Seis años antes, el lunes, 3 de agosto de 1942, Coca-Cola había llegado al país y su primer aviso publicitario se difundía en los principales diarios a página completa. “Usted no olvidará jamás la inefable sensación de frescura y exquisito sabor de Coca-Cola”, decía la cuña publicitaria; pero a la vez advertía: “Eso sí; ¡pídala siempre bien helada!”. Hasta ese momento, el mercado de las gaseosas estaba dominado por Bilz, Pomona y Crush, los chicos tomaban chocolatada Vascolet y deportistas como Juan Manuel Fangio y el futbolista Vicente de la Mata recomendaban Kero, una bebida nutritiva “rica en dextrosa”.

   Para imponerse en el gusto popular, Coca-Cola desplegó una enorme campaña publicitaria que aún continuaba seis años después de su arribo a estas tierras, y de ese modo llegó a manos de quien desentrañaría su preciado secreto: “Una tarde encontré un camión gigante de Coca-Cola en la esquina de casa, en las calles Beiró y Bermúdez”, rememora Patrich, y agrega con una sonrisa: “Había dos chicas lindísimas: una rubia y una morocha [morena] repartiendo botellitas. Como no me podía decidir, le pedí una a cada una”. Apenas entró a su hogar, el químico destapó uno de los envases y probó su contenido. “No está mal”, pensó. Era un gusto nuevo, absolutamente original. Guardó la segunda botella y sólo la retiró días más tarde, para llevarla a su precario laboratorio en la fábrica Leocatta y cotejar su contenido con los resultados de su experimento número 6. Allí trabajó día y noche, haciendo innumerables pruebas hasta dar con la fórmula. “Era medianoche —señala don Saúl—. Pesé cada hierba por separado en la balanza de precisión y anoté cuidadosamente las cantidades. Luego hice un jarabe con 50 gramos de azúcar, y le agregué acidez tartárica. Mezclé todo, lo diluí con agua y lo probé, lo comparé con la Coca-Cola y grité: ‘¡Lo tengo!’”.

La batalla por el nombre.

   Al poco tiempo, Patrich dejó su puesto en la empresa Leocatta y abrió su propia fábrica... en los dos metros cuadrados que abarcaba el patio trasero de su casa. Allí ajustó su fórmula y preparó varias jarras que dio a probar entre familiares y vecinos.
—Es muy bueno. ¿Cómo se llama? —le preguntaban.
—Refres-Cola —respondía, con el pecho henchido de orgullo.
No obstante, pronto se toparía con un problema. “Yo quería registrar el nombre ‘Refres’ porque consideraba que ‘Cola’ era de uso genérico, pero Coca-Cola se oponía”, afirma. Claro que eso no le amedrentó; todo lo contrario; y se puso a investigar a su contrincante. “Las bebidas cola son ácidas, y la acidez puede ser cítrica o tartárica, aunque en el caso de la Coca-Cola no detectaba ninguna de las dos”, explica el técnico, a quien le llevó tres años resolver el misterio: “Un día se me ocurrió consultar el código bromatológico de Estados Unidos y vi que ahí estaba permitido el ácido fosfórico. Entonces hice nuevas pruebas y descubrí que ésa era la sustancia responsable de la acidez de la Coca-Cola”.
Con ese dato, descubierto en los fondos de una modesta casa de Devoto, le inició juicio a una de las compañías más grandes del mundo: “Mi argumento era que la marca estaba mal concedida, porque ellos utilizaban ácido fosfórico, que en ese entonces no estaba habilitado por el código bromatológico de nuestro país”. Y debió ser un argumento de peso porque los abogados de Coca-Cola le propusieron llegar a un acuerdo para evitar el juicio. Así, la palabra “cola” pasó a ser de uso genérico y pudo ser utilizada por otras bebidas.

Los duros inicios.

   Patrich había ganado la batalla por el nombre, pero ahora tenía que convertirlo en una marca reconocida. Para empezar, la Refres-Cola no era una gaseosa sino un jarabe concentrado listo para ser diluído con agua carbónica. De hecho, su etiqueta mostraba una familia tipo con el padre en el acto de accionar un sifón. Sus ventajas consistían en que podía ser utilizado mucho tiempo después de haber abierto el envase sin perder sus cualidades, y en que cada persona podía regular la intensidad del sabor a su gusto, como una gaseosa bajo el concepto de hágalo usted mismo.
  Aunque su principal atributo era económico, como proclamaba uno de sus eslóganes: Con una sola botella, cuarenta vasos de Refres-Cola. Es decir, rendía casi diez litros por botella. “Y aparte era más saludable —añade don Saúl—, porque no contenía ácido fosfórico ni cafeína, que son las sustancias más cuestionadas de la Coca-Cola”. Pese a todo esto, no le fue sencillo imponer una bebida elaborada en el patio de su casa, con una cuba de madera de 200 litros, sin bomba ni filtro, y cuyas botellas eran llenadas, etiquetadas y encorchadas a mano, una por una, por el propio Saúl Patrich y sus hermanos.

   El primer almacén que exhibió la Refres-Cola estaba en las calles Canning y Warnes. El químico hacía el reparto a bordo del colectivo [autobús] 124 . “Cuando llegaba yo al comercio dejaba los cajones afuera, me asomaba y gritaba: ¡Un cajón de Refres-Cola! El dueño me pedía que lo bajara como si estuviera el transporte estacionado en la puerta. Entonces yo salía, esperaba un poco y volvía a entrar con el cajón”, recuerda risueño. Luego alquiló una camioneta con chofer una vez por semana. La Refres-Cola empezó a ganar clientes, y su dueño dolores de espalda, por cargar los doce kilos que pesaba cada caja. Ese moderado éxito le obligó a trasladar la “fábrica”: tras compartir una planta con otra empresa en Haedo (un barrio de Buenos Aires), tuvo su primera sede propia en un modesto galpón en calle Navarro, núm. 4547, equipado con una llenadora de seis picos, una encorchadora manual, una bomba y un filtrador. Las ventas crecieron bastante, pero después se estancaron. Sin embargo, a Patrich le aguardaba un inesperado golpe de suerte.

El enigmático señor Pollak.

   Una tarde de 1955, el técnico recibió la visita de un desconocido que se presentó como León Pollak, quien le ofreció comprar toda su producción para ser su representante exclusivo.
—¿Pero usted sabe cuál es nuestra producción? —le preguntó Patrich.
—No; pero eso es un detalle menor —contestó Pollak en tono despectivo. 

   El dueño rechazó la oferta. No obstante, días más tarde, recibió un llamado de Raúl Pereyra, director de la agencia de publicidad Naype: Pollak le había encargado una gigantesca campaña publicitaria para difundir la Refres-Cola y él había preparado afiches para vía pública y tenía reservados espacios en diarios, revistas y radios. Pero Pollak había desaparecido y la agencia quería saber cómo recuperar el dinero invertido. “Lo lamento —se excusó Patrich—. Yo tengo una pequeña fábrica y no puedo afrontar semejante gasto.” Entonces Pereyra le propuso un pacto de caballeros: él asumiría la inversión y si la campaña daba resultado, se cobraría los costos de las ganancias. En cambio, si fracasaba, el químico no tendría que pagar nada.


   El eslógan ideado por la agencia destacaba la principal virtud de la bebida, era efectivo y hasta admitía cierta belleza poética: “Haga cola con Refres-Cola... y verá que resulta más”. A las semanas, esa frase empapelaba las paredes de Buenos Aires, se leía en los laterales de los tranvías, en las páginas de los diarios y se escuchaba en forma de jingle (cuña) por las principales radios. La repercusión fue descomunal y la capacidad productiva de la modesta sede de la calle Navarro se vio rápidamente desbordada. “Recibimos tantos pedidos que los camioneros se llevaban las botellas sin etiquetar y pegaban las etiquetas en el camino”, rememora don Saúl.

Auge y caída.

   Dos años después de esa campaña, el 12 de octubre de 1957, quedó inaugurada la nueva fábrica de Refres-Cola: una planta modelo totalmente automatizada que ocupaba una manzana completa en Ciudadela; y con ella comenzó la edad dorada de la bebida, que se extendió desde fines de la década de 1950 hasta principios de la de 1970. De calle Rivadavia, núm. 12120 partían veinte camiones por día a las órdenes de las veintiocho distribuidoras que hacían llegar la Refres-Cola a todo el país. Los salones de fiestas encargaban damajuanas para preparar sus propias jarras de gaseosa y hasta hubo un pedido de Aerolíneas Argentinas, que en uno de sus vuelos convidó a sus pasajeros con la cola nacional. “Pero se ve que no prosperó porque no volvieron a pedirla”, dice Patrich.
   Durante la década de 1960, Refres-Cola fue un habitual patrocinador de programas de radio y televisión. Su repercusión fue tal que los memoriosos aún recuerdan el rumor que afirmaba que la bebida había sido un invento de Juan Perón para amargarle la vida a los capitales foráneos, versión que el técnico desmiente a carcajadas.


Publicidad directa.

   Para posicionar su producto y competir con Coca-Cola, Saúl Patrich tuvo que recurrir al ingenio; y a tal fin pidió ayuda al actor Max Berliner, con quien el técnico químico y su mujer tomaban clases de teatro en ídish en la escuela judía Scholem Aleijem.
De esa relación, una amistad que se mantiene hasta la actualidad, surgió la idea de montar una suerte de escena de teatro callejero en la que Berliner entraba a bares, restaurantes, cafés y almacenes a solicitar la primera cola nacional y detrás de él, separados por pocos minutos, ingresaba Patrich en su papel de vendedor.
—Por favor, una botella de Refres-Cola —pedía el actor.
—No, no tengo. Sólo me queda Coca-Cola —recibía siempre como respuesta.
—¿Cómo que no le queda? Yo quiero Refres-Cola —insistía el supuesto interesado.
   Berliner recuerda: “Empezamos en la esquina de calle Corrientes y Canning (hoy Scalabrini Ortiz), primero por una vereda [acera] hasta la calle Juan B. Justo, y regresamos por la otra hasta el mismo punto de partida”. Y agrega entre risas: “Como actor, Saúl era un poco duro, aunque evidentemente su parte no la hizo tan mal porque obtuvo un montón de pedidos”.
“El resultado final de esa gira fue dieciocho cajas vendidas, toda una marca. Era el efecto de la publicidad directa”, rememora Patrich.
   Los vaivenes de la industria a mediados de la década de 1970 y la lenta aunque inexorable decadencia del almacén y el sifón, sus dos principales aliados, signaron el declive de la Refres-Cola, cuya producción continuó hasta fines de la década de 1980, cuando los costos de distribución hicieron el negocio inviable. A principios de la década de 1990 don Saúl vendió la marca de la primera bebida cola argentina a una empresa multinacional, que sólo la utilizó para una efímera campaña publicitaria. Hoy, a casi sesenta años de su descubrimiento, Patrich se enorgullece: “Creé un producto nuevo y logré que entrara a todos los hogares. Esa es mi mayor satisfacción”, sostiene. Sin embargo, si bien no lo proclama, también es el responsable de un capítulo significativo en la memoria emotiva del país.
   Quizás en algún bar desmemoriado todavía sea posible pedir una Refres-Cola, echar una medida en el vaso, agregar agua carbónica y brindar por eso.
Fuente: periódico Página/12. Buenos Aires.
Fotografías. 1.ª: publicidad callejera de la bebida. 2.ª: don Saúl Patrick con un botella de su bebida.
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N. B.—Al publicar este artículo en esta bitácora, he efectuado sobre el original algunas pequeñas correcciones gramaticales y de puntuación. Asimismo, he hecho algunas aclaraciones a argentinismos; dichas aclaraciones aparecen entre corchetes y en un castellano puro, para que sean inteligibles a todos los lectores.—Sherlock.