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martes, 12 de junio de 2012

Fuego líquido para uso casero.


Fuego líquido para uso casero

El nuevo adelanto: una sola fuente de energía
para cocinar y para otras faenas domésticas (*)

Por Frederick Tisdale

    En una casa moderna, lo corriente es que guisen con gas, empleen la hulla o el gasóleo para la calefacción y la electricidad para alimentar la nevera y hacer funcionar la aspiradora y otros utensilios domésticos.

    «¡Eso es tan anticuado como antieconómico!» le dirán a usted los técnicos.

    Según ellos, una sola fuente de energía basta para todo eso. Y el utilizarla evitaría el desperdicio de calor que es desperdicio de dinero—; simplificaría las reparaciones; aligeraría las faenas de la casa.

    De estar a lo que aseguran los técnicos que lo recomiendan, el «calor líquido» —sustancia nueva que preparan los laboratorios de la Fundación John B. Pierce— puede producir toda la energía que se necesita en una casa.

    En la generalidad de ellas se aprovecha apenas, por término medio, como el 55 por ciento de la energía caloríca de la hulla que se quema. En vista de este derroche, Orion O. Oaks, ingeniero de una compañía estadounidense de caloríferos, la American Radiator Company, se propuso, para remediarlo, hallar un líquido portador de calor capaz de resistir altas temperaturas sin vaporizarse y de «funcionar en la casa con rendimiento de cerca del 100 por ciento».

    La idea de Oaks entusiasmó a J. F. O’Brien, director de la Pierce, cuya misión es hacer investigaciones y estudios encaminados al mejoramiento de la vivienda. La Pierce entró a colaborar con los que buscaban la solución deseada, que se halló al n en unos laboratorios de Massachusetts, los de Arthur D. Little, en la ciudad de Cambridge. La fórmula del calor líquido es todavía un secreto. Lo único que se sabe es que entre los ingredientes que sirven de base guran dos substancias muy comunes: petróleo y arena. Su nombre técnico es «silicato de tetracresilo».

    El agua hierve y se vaporiza a la temperatura de 100 grados centígrados. El silicato de tetracresilo no se vaporiza antes de que la temperatura suba hasta 436° C., que es un poco más alta que la necesaria para fundir el cinc. A diferencia del vapor de agua, el calor líquido puede emplearse para transmitir altas temperaturas sin alta presión y sin peligro de explosiones. Funciona con desperdicio mínimo, pues en lugar de escapar después de llegar por las tuberías de abastecimiento a los puntos donde se usa, regresa a la caldera, donde se calienta de nuevo y se pone otra vez en circulación.

    A temperaturas ordinarias, el líquido tiene la apariencia y algunas de las propiedades del aceite lubricante para motores. Huele a fenol (propiedad muy útil cuando ocurren fugas). Su no inflamabilidad se demostró vaciando gran cantidad de él sobre hulla ardiendo, la cual no lo encendió. No es venenoso y no ataca los metales. Cuando se quiera, con él pueden obtenerse, para cocinar, temperaturas muy superiores a las obtenibles con gas o electricidad, lo cual mejora el sabor y aumenta el valor nutritivo de ciertos alimentos.

    La instalación que la Pierce tiene en Summit, población de Nueva Jersey, ha estado cociendo pasteles, calentando agua y haciendo hielo por medio del nuevo líquido desde hace muchos meses, y enseñándoles cómo se usa a muchos industriales que van allí a estudiarlo. Como la Pierce no es empresa de negocios, en las casas no podrá empezarse a usar el calor líquido antes de que lo pongan en el mercado fabricantes autorizados por ella.

    Las partes principales del equipo con que Oaks enseña el uso del líquido son una caldera y un horno de calefacción ordinarios. Oaks quema antracita en el horno, pero puede quemarse cualquier otro combustible. La caldera y las tuberías contienen, en vez de agua, como 230 litros de silicato de tetracresilo. En los Estados Unidos este silicato cuesta unos seis y medio dólares el litro; pero es probable que cuando se produzca en grande escala el coste baje a la quinta parte del actual. Si no se producen fugas, la dueña de casa no tendrá que echar a su mecanismo de calor líquido sino como cuatro litros de tetracresilo cada cuatro años. Muchos experimentos han demostrado que el líquido, lejos de deteriorarse, mejora con el uso.

    Después de salir de la caldera, el líquido pasa por un serpentín, en el cual calienta agua instantáneamente y la mantiene caliente. Así pues, no se necesita tanque de depósito. El líquido pasa luego por una gasa tubular y pone en actividad un frigoríco de Servel.

    La cocina para cocinar con calor líquido está provista de una tortera o plancha de asar, una lámina calentadora, un tostador de pan, cinco aberturas circulares en que encajan otras tantas ollas metálicas especiales, y dos hornos. El abastecimiento de líquido para las diferentes partes se gobierna por medio de grifos. Sin embargo, la cocina tiene un sistema de regulación automático tan sencillo como los usados en las cocinas eléctricas y de gas. Mediante materiales atérmanos, o malos conductores del calor, se impide que éste se disipe y por tanto se pierda.

    El último artefacto de la tubería de retorno del líquido es un pequeño calorífero cerca del cual hay un ventilador que pone en circulación suciente aire caliente para la calefacción de una casa de cinco aposentos. A la cañería maestra del líquido pueden unírsele tuberías secundarias para las máquinas de lavar platos y de planchar, secadores de ropa, aparatos de enfriamiento del aire, etc.

    «Todo eso es admirable —dirán muchos—; pero ¿cuánto costará?» El equipo necesario para el uso del calor líquido en una casa mediana costará poco más o menos lo que cuesta hoy en los Estados Unidos el que se emplea para los mismos nes; o sea, entre 5.000 y 7.000 dólares. En lo que más se ahorrará será en el combustible. Oaks asegura que el nuevo sistema reducirá a la mitad los gastos de calefacción y del funcionamiento de los artefactos a que el líquido se adapta.

    El calor líquido, y así lo reconoce Oaks, adolece de varias deciencias. Por ejemplo, el aislamiento atérmano necesario para cubrir la manguera que va a una plancha, sería demasiado grueso e incómodo. Si el combustible que se usa es hulla, habrá que mantener el fuego constantemente encendido, tanto en verano como en invierno. Sin embargo, en muchas casas se hace ahora lo mismo, a n de que siempre haya agua caliente. Además, con un alimentador mecánico del horno de calefacción puede aminorarse mucho el trabajo.

    El inventor tiene planes según los cuales toda casa situada en cualquier lugar donde haya combustible suciente, podrá disfrutar de grandes comodidades sin necesidad de valerse de la energía suministrada por las empresas de servicio público. Se necesitará una pequeña turbina de vapor de baja presión, de unos 7½ caballos de vapor, acoplada a un generador eléctrico de 5.000 vatios. El calor líquido producirá vapor para el turbogenerador. Semejante instalación de energía —dice Oaks— suministrará electricidad suciente para usos domésticos y para las necesidades agrícolas de una granja pequeña. Está seguro de que, en los Estados Unidos, su generador podrá producir electricidad a cincuenta céntimos por kilovatio-hora, poco más o menos.

    El calor líquido hallará probablemente aplicaciones útiles en las panaderías, lavanderías, restaurantes y otros establecimientos que necesitan calor y acogerán con entusiasmo este método de producirlo fácil y económicamente.
    «Selecciones» del Reader's Digest, tomo XI, núm. 66.

(*) El sistema es excelente y muy superior a todos los convencionales. No obstante, no se ha generalizado, y posiblemente sea porque algunos artefactos del sistema, en especial la cocina, sean más caros que los de los sistemas convencionales. Ello no es óbice para que alguna otra empresa pueda lanzarlo con éxito al mercado, en especial en los países desarrollados, con una adecuada mercadotecnia. Este artículo se ha publicado aquí, pues, a título de curiosidad.---Sherlock.

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