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domingo, 29 de agosto de 2010

Joseph Palmer, el paria que luchó por sus derechos


El adalid que luchó toda la vida por uno de los derechos del hombre.
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Joseph Palmer, el paria que luchó por sus derechos; o
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«La barba de Joseph Palmer»
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(condensado de “The American Scholar”).
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por Stewart Holbrook
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. .. El derecho del hombre a que se respete su individualidad, halló en Joseph Palmer uno de sus más decididos campeones. Al defender ese derecho, Palmer contribuyó a crear en su patria, los Estados Unidos, un ambiente más liberal y agradable. Sin embargo, hasta en la misma comarca donde nació la de Fitchburgo, en el estado de Massachusetts se han olvidado de este yanqui enérgico e incapaz de amilanarse ante el qué dirán, ni las amenazas, ni las mismas vías de hecho. Y es lástima que así haya sido, pues hombres del temple de Palmer no abundan en estos tiempos.
. . .. Le tocó a él enfrentarse a una de las persecuciones más extraordinarias del mundo. No fueron prejuicios de raza o intransigencias de fanáticos la causa de ella. Por increíble que parezca, se debió únicamente... a una barba. Verdad que era una barba excepcional: la más larga, la más poblada que se ha visto en los Estados Unidos, y acaso en toda la Tierra.
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.. Joseph Palmer era de vieja cepa yanqui. Su padre peleó en las jornadas de la independencia norteamericana. El propio Joseph hizo armas contra los ingleses en 1812. En 1830, a los cuarenta y dos años de edad, tuvo la desdichada ocurrencia de mudarse de su granja al floreciente pueblecito de Fitchburgo, donde su copiosa barba atrajo al momento las miradas y las burlas de sus vecinos.
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.. Antes de hablar de los actos de violencia que siguieron a esto, es indispensable referirse brevemente al florecimiento y decadencia de la barba en los Estados Unidos.
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.. El continente del cual forman parte fue descubierto y conquistado por hombres de diversa nacionalidad, pero que tenían casi todos una característica común: la de ser barbados. Hernán Cortés, Champlain, Drake, Raleigh, el capitán John Smith, De Soto, usaron barbas, diferenciales sólo en cuanto al largo y a la forma. Concretándonos a los Estados Unidos, después de los descubridores y conquistadores llegaron los peregrinos y los puritanos, que tampoco se afeitaban. Pero, al corto tiempo de establecidos los primeros colonizadores, empezó la decadencia de la barba, que se redujo a sencilla perilla y, hacia 1720 había desaparecido ya por completo. Los patriotas de la guerra de emancipación se rasuraban toda la cara. No se ve en las de Washington, Gates, Greene o Ethan Allan ni siquiera un principio de patilla. Ninguno de los firmantes de la declaración de la independencia norteamericana llevaba barba, ni siquiera bigote.
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. .. Esa siguió siendo la moda por años y años. Hasta que Lincoln subió al poder, ningún presidente estadounidense se había apartado de ella. Al mismo tío Sam lo representaban los caricaturistas antes de 1858, completamente afeitado. Sólo bastante después de 1860, ya bien entrada la guerra de secesión, fueron los Estados Unidos una nación de barbudos.
. . .. Cuando Palmer se presentó en Fitchburgo con sus barbas de zamarro, hacía por lo menos un siglo que era rarísimo el norteamericano que no se rasuraba. Bajo la apariencia severa y un tanto rara del recién llegado, se ocultaba un excelente ciudadano, un hombre bueno, temeroso de Dios, tolerante con el prójimo, de entendimiento despierto y de muy varias aficiones intelectuales. Era también Palmer todo un carácter: nada ni nadie le hacía ceder un ápice en la defensa de sus convicciones o de sus derechos. Y entre estos últimos incluía él su derecho de no afeitarse aquellas barbas torrenciales.
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. .. En el pueblo lo entendieron de otro modo. Los chiquillos le perseguían a gritos y pedradas. Las mujeres, al verlo, hacían una mueca despreciativa y cambiaban de acera, por que no les pasara cerca. La gente maleante se entretenía con frecuencia en ir a romper los cristales de las ventanas de su casa. Los hombres se burlaban de él en sus propias barbas.
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.. En 1840, Joseph Palmer era personaje conocidísimo en todos los Estados Unidos. Debía esta celebridad a dos episodios. A pesar de los desprecios que le hacían los otros adeptos, jamás faltaba Palmer a los oficios de su iglesia. Un domingo, al dar la comunión —que según los ritos de la secta se administraba bajo las especies de pan y vino—, el oficiante pasó de largo frente a Palmer. Indignado por esta pública humillación, el barbudo avanzó resueltamente, le echó mano al cáliz y tomó un buen sorbo. En seguida, en medio de la estupefacción general, se marchó de la iglesia.
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. .. A los pocos días de este escándalo, saliendo Palmer del Hotel de Fitchburgo, le cayeron encima cuatro hombres que iban provistos de tijeras, navaja de afeitar, brocha y jabón. Una vez que le tuvieron bien sujeto, le tiraron al suelo y se dispusieron a desbarbarlo. Aunque, al caer, se lastimó cruelmente la espalda y la cabeza, el agredido conservó la presencia de ánimo; y sacando del bolsillo una navaja, la emprendió con sus atacantes, a los cuales hirió en las piernas, ya que no se gravedad, sí en forma bastante dolorosa para que salieran corriendo. Levantóse él entonces, herido y magullado, pero sin que le faltase un pelo de su espléndida barba.
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.. Las autoridades lo prendieron por escándalo en la vía pública y agresión ilegítima, y le impusieron una multa, que él se negó a pagar, declarando que procedía así por cuestión de principios. Lo encerraron entonces en la cárcel municipal de Worcester, en la cual permaneció más de un año, parte del tiempo incomunicado. Aun allí tuvo que defender su barba. Un día se le presentó en la celda el alcaide, acompañado de varios mocetones que iban resueltos a afeitarlo quieras que no. Opuso una resistencia tan decidida, que desistieron de hacerlo. También tuvo Palmer, en dos distintas ocasiones, que rechazar a viva fuerza a otros presos, confabulados para raparlo.
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. .. Desde la cárcel escribió cartas en que explicaba que lo tenían allí, no por haber agredido a nadie, sino sencillamente por no haberse dejado cortar la barba lo cual era la pura verdad. Su hijo consiguió que el Spy de Worcester las publicase. Otros periódicos las reimprimieron. Se empezó a hablar en todo Massachusetts del episodio. El jefe de policía comprendió que le había caído una brasa ardiendo entre las manos. Palmer iba camino de convertirse en víctima... y de convertir a él en verdugo. Le dijo que podía irse cuando quisiera, y que no se acordara más de lo sucedido. Palmer no se movió. Fue inútil que el alcaide le mandara una y otra vez que se marchase. Tampoco surtieron efecto las cartas que le escribió su anciana madre instándole a volver al hogar. El barbudo preso se mantuvo inflexible. Sentado en una silla, inmóvil como un Buda, parecía dispuesto a pasar allí el resto de su vida. No les quedó más remedio al alcaide y a los guardas que levantarle en peso, con asiento y todo, y depositarlo en midad de la calle.
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.. No volvió a ejercerse acto alguno de violencia contra la barba ya famosa de Joseph Palmer. Tranquilo por ese lado, aprovechó la libertad de que ahora gozaba para tomar parte muy activa en la campaña contra la esclavitud. Iba a menudo a Boston, donde los abolicionistas celebraban reuniones. Contribuía al triunfo de la causa con su tiempo y su dinero. Conoció a Emerson y a Thoreau, que elogiaron su buen juicio. Su fama se extendía más y más por toda la nación. En lugar de verse perseguido, gozaba de los favores del aura popular.
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.. Fueron pasando los años. La barba crecía, se ensanchaba, se desparramaba frondosa e invasora. A juzgar por un retrato que Palmer se hizo en esa época, Walt Whitman a su lado era un mozalbete barbilampiño. Antes de morir, tuvo el gusto de ver que las barbas se ponían de moda. Fue cosa repentina. De la noche a la mañana empezaron a verse hombres y más hombres que convertían calles, plazas, teatros, cualquier lugar donde hubiese público, en un océano de barbas.
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.. Nunca ha podido precisarse la causa de tan súbito cambio. Pero ahí están los hechos. Lincoln, que no usaba barba cuando lo eligieron presidente, lucía ya, al tomar posesión del cargo, la misma con que le vemos en los retratos. Grant, que en sus tiempos de teniente llevaba apenas un bigotito insignificante, era hombre de barba corrida cuando llegó a general. Robert E. Lee, que se afeitaba toda la cara en la época en que estalló en el Sur de los Estados Unidos la rebelión en la que fue jefe, se había dejado ya crecer la barba al concluir la guerra. Para 1862, es decir, un par de años después de rotas las hostilidades, casi todos los generales, jefes, oficiales y soldados que combatían en la guerra de secesión, tanto sudistas como nordistas, exponían a las balas, no solamente el pecho, sino las barbas.
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.. En las décadas de 1860 y 1870, los jugadores de béisbol gastaban barba. La barba del banquero, por su corte especial, llegó a ser casi un distintivo de clase. Desaparecieron las navajas de afeitar y aparecieron los vendedores de tónicos para hermosear la barba, y hasta para convertir en barbudos a los lampiños. El regalo más indicado para un amigo era una taza con bigotera. Llevar la cara más o menos cubierta de pelos confería cierto carácter; era indicio de hombre serio, solvente, respetable. Los Estados Unidos eran una exposición ambulante de esta moda. Había barbas cortadas en punta y barbas cuadradas. Había patillas y perillas. Había sotabarbas. Y no era menor la abundacia de bigotes, generalmente estupendos.
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.. Todo esto alegraba la vejez de Palmer; le hacía sentir que había sido profeta en su tierra. Murió en 1875, cuando la moda estaba en su apogeo. La suerte piadosa quiso ahorrarle al anciano el espectáculo, tristísimo para él, de la decadencia y final derrumbe del imperio de las barbas.
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.. La gradual desaparición de las caras barbudas en los últimos treinta y cinco años, es asunto que nos ha robado más de una hora de sueño a nosotros los historiadores de segunda fila. Afortunadamente, un entendido en la materia, el señor Lewis Gannett, ha deslindado con toda propiedad el terreno que hemos de explorar. Para hacerlo utilizó, a modo de jalones, los grupos fotográficos que, al final de cada año, sacan en la universidad de Harvard que fue su alma máterlos alumnos que salen graduados. En esas fotografías se ve que, en tanto que en 1860 eran todos barbados, en 1872 la mayoría usaba nada más que patilla y bigote, y para 1890 la patilla, al igual de la barba, no se estilaba ya, y sólo el bigote era de rigor.
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.. En los años siguientes, el crepúsculo de barbas, patillas y bigotes va haciéndose noche completa. Entre los graduados de 1900 no hay uno solo que lleve barba. En 1901, en todo el equipo de fútbol de Harvard sólo se ve un bigote. En 1905 hay también nada más que uno el último bigote en el equipo de béisbol.
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. .. Más o menos lo mismo ocurre en la casa blanca. De Lincoln a Taft, sólo un presidente McKinley lleva la cara completamente afeitada. En cambio, de Wilson, que sube al poder en 1912, hasta la fecha, todos los presidentes estadounidenses van rasurados. De hecho, cuando Hughes salió derrotado en las elecciones presidenciales de 1916, muchas personas creyeron que debía ese fracaso a su barba, que, por cierto, ha sido por espacio de años, la única que se ha visto en la corte suprema de justicia de los Estados Unidos, donde abundaban antes.
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.. Joseph Palmer supo, pues, morirse a tiempo; y no dejó por otra parte de tomar sus precauciones para que no le olvidaran del todo. A corta distancia de Fitchburgo, en el antiguo cementerio de Leominster del Norte, se levanta sobre su sepultura una estela de piedra berroqueña. Es del alto de un hombre. En el medallón de mármol que la adorna, aparece la noble cabeza de Joseph Palmer, con su blanca barba majestuosa. Un poco más abajo, tropiezan los ojos con este epitafio: «Perseguido por usar barba».
.. «Selecciones» del Reader's Digest, tomo X, núm. 56.

sábado, 28 de agosto de 2010

Los pensamientos son cosas.

Un excelente escritor y jurisconsulto llamado William Walker Atkinson, que ha publicado libros excelentes acerca de la mente humana y de uso práctico, nos dice cosas sumamente interesantes acerca del pensamiento. Aunque invisibles, los pensamientos son cosas; es decir, existen igual que la silla en que estamos sentados, o que la casa que habitamos. No deje usted de leer este interesante capítulo de este gran escritor de temas metapsíquicos y de autoayuda.




Los pensamientos son cosas
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por William W. Atkinson
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   Cada idea que concebimos pone en movimiento ondas-pensamientos o vibraciones que viajan en el espacio con mayor o meno intensidad, según sea la fuerza del pensamiento original y que afectan en mayor o menor grado a personas muy alejadas de las que han emitido el pensamiento.
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    Nosotros enviamos constantemente a los demás influencias mentales en forma de ondas pensamientos y a la vez las recibimos de ellos.
No me refiero a los pensamientos mandados deliberadamente a la mente de persona determinada o a pensamientos por nosotros del mismo modo de la mente de otros —de acuerdo con las leyes de la telepatía ya conocidas y establecidas—, sino al envío y recepción inconscientes de pensamientos que se opera en nosotros constantemente y que es un hecho igualmente real al telepático, aunque mucho menos comprendido.
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    Naturalmente todas estas son distintas manifestaciones de lo que llamanos telepatía o transmisión del pensamiento, pero dichos términos son generalmente usados para designar el elvío y recepción conscientes de mensajes mentales.
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    Este poder de transmisión de pensamiento lo ejerce constantemente todo ser humano, pero en general de un modo indirecto e inconsciente. Nuestros pensamientos crean vibraciones que parten en ondas al espacio en todas direcciones y que afectan en mayor o menor grado a todas las mentes con quienes se ponen en contacto. Diariamente podemos ver efectos de lo dicho. Los hombres son afectados por pensamientos extraños en los negocios, en la calle, en el teatro, en la iglesia y en realidad en todas partes. La opinión pública la forman generalmente un número de pensadores vigorosos y positivos que lanzan sus ondas-pensamientos y dominan rápidamente al pueblo entero. Esta ola-pensamiento va progresando y ganando fuerza a medida que añade a sí misma las vibraciones de todo aquel a quien afecta.
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    Grandes ondas de sentimiento popular flotan sobre la ciudad envolviendo a todos, excepto a aquellos que conocen las leyes de la influencia mental y que se han protegido contra estas influencias externas. Las ondas-pensamiento combinadas de la mayoría del pueblo se estrella contra la mente individual y ejerce sobre ella una influencia casi irresistible.
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    Hay un hecho muy importante en el estudio del poder de las vibraciones del pensamiento que cada ser lleva constantemente en su mente. Me refiero al hecho de la ley sostenida en el mundo del pensamiento de que lo semejante atrae a lo semejante, y que por lo tanto uno atrae hacia sí mismo los pensamientos extraños que corresponden en calidad con aquellos mantenidos por la mente propia. Un ser que odia atraerá hacia sí mismo todas las ondas-pensamientos de odio y maledicencia existentes dentro de un gran radio, y esta adición de pensamientos actuará como leña en la hoguera de su base pensante, poniéndole más malévolo y agresivo que nunca.
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    Aquel que concibe en su mente pensamientos de amor y que ha expulsado de sí mismo los antiguos pensamientos negativos de desenvolvimiento imperfecto, no atraerá hacia sí tales pensamientos negativos, sino que éstos pasarán a su lado precipitadamente hacia algún punto de otras mentes que estén pensando en el mismo sentido. El ser animado de sentimientos de amor atraerá hacia sí todos los pensamientos de amor que hubieren dentro de su círculo de influencia.
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    Este hecho lo reconoce el hombre instintivamente al buscar la vecindad de personas que piensan de la misma manera. Las comunidades tienen sus distintivos lo mismo que las personas. Cada provincia, condado, ciudad o villa tiene sus peculiaridades propias que son al momento notadas por los visitantes de ellas. Los forasteros o extranjeros que entran a formar parte de estas comunidades, toman gradualmente las características del lugar, a menos que sean de carácter muy distinto, en cuyo caso tratarán a todo trance de abandonar cuanto antes aquel punto y sólo se contentarán cuando hubieren traspasado sus límites.
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    Es bueno rodearse de aquellos cuyos pensamientos laten con los nuestros, porque así nos comunicamos poder mutuamente, estando casi libres de fuerzas externas nocivas; pero naturalmente las personas deben hacerse positivas respecto al pensamiento de los demás, por medio de la práctica y el conocimiento, a fin de poder soportar sin peligro el verse rodeado por personas de pensamientos diversos. De este modo podrán atraer de largas distancias los pensamientos que armonicen con los suyos, aun en medio de elementos contrarios.
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    Todo ser humano está constantemente circundado por una aura-pensamiento que afecta a aquellos con quienes se pone en contacto. Algunas personas nos atraen sin habernos hablado una palabra, mientras que otras nos repelen en el momento de entrar en el radio de su aura. El aura del hombre compónese de la esencia de sus pensamientos dominantes y refleja su actitud mental. Esta aura la sienten no sólo en hombre sino también los animales inferiores. Los niños son igualmente muy susceptibles a su influencia y muchas simpatías y antipatías inexplicables de los niños se explican sólo de este modo.
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    Hay personas muy sensibles a la atmósfera-pensamiento de los demás, pudiendo darse cuenta al punto de la actitud mental de aquellos con quienes se ponen en contacto. Algunos psíquicos son capaces de percibir esta aura y establecer sus variantes en densidad y matices, de acuerdo con la cualidad dominante del pensamiento del individuo de que se trate.
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    Cuando uno se convence del maravilloso trabajo de la ley de atracción del pensamiento, ve la importancia de controlar los propios a fin de poder atraer los mejores del mundo para obtener mayor ayuda, en lugar de pensamientos depresivos, hirientes y negativos que emanan en todo momento de tantas mentes. Un ser que se mantiene en una actitud mental de confianza, valor y esperanza, atraerá hacia sí iguales pensamientos de los demás y será fortalecido y ayudado por el influjo del pensamiento externo, yendo de éxito en éxito, gracias al auxilio de las fuerzas combinadas de los pensamientos que ha atraído hacia él. Por este medio llegará a ser un verdadero imán que atraerá aquello que le fortifique y auxilie.
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    Igualmente cierto es el hecho de que el hombre que mantiene una actitud mental negativa de miedo y desaliento, atraerá hacia sí mismo del campo del pensamiento, elementos similares que le hundirán y mantendrán aun más sumido en el pantano de la desesperación.
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    Recordad siempre que lo semejante atrae a lo semejante en el mundo del pensamiento, y podéis estar bien seguros de que sea lo que fuere lo que penséis, atraeréis ondas-pensamientos correspondientes emanadas de la mente de los demás.
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    ¿Habéis notado alguna vez el poder atractivo del pensamiento entre personas que se encuentran por primera vez? Cada uno atrae hacia sí a personas con ideas semejantes. Instalad cien personas extrañas en un salón y antes de una hora los hallaréis en grupos que representarán tipos diferentes y también diferentes aptitudes mentales. Cada uno atraerá y será atraído instintivamente por las cualidades mutuas correspondientes.
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    Si deseáis desarrollaros en un sentido determinado, el mejor método es pensar en tal sentido, tanto como os sea posible, procurando mantener vuestros pensamientos fijos en el asunto deseado. Haciéndolo así no sólo desarrollaréis la mente por medio de la autosugestión, sino que atraeréis del gran océano de pensamientos aquellos que necesitéis y que hayan sido emanados de otros cerebros, obteniendo de este modo los beneficios de sus pensamientos unidos a los vuestros.
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    Muchos de nosotros en algunas ocasiones hemos pensado intensamente y con poder de concentración en algún sentido dado, y repentinamente una idea luminosa ha venido a herir nuestra mente, dejándonos sorprendidos el valor de ella con respecto a lo que nos preocupaba. Los pensamientos vigorosos, positivos y de confiada expectación, concentrados en cualquier asunto, atraerán hacia uno preciosos y útiles pensamientos. Es incuestionable que muchos hombres han desarrollado de este modo cualidades extraordinarias con sólo ponerse en contacto con las mentes superiores que trabajaban en el mismo sentido. Muchos inventores se encontrarán dando a luz el mismo invento y los escritores verificarán a menudo que un libro que ha acabado de escribir guarda inmensa semejanza con otro simultáneamente publicado en otro país. Muchos sentimientos desagradables se engendran con frecuencia sólo a merced de la ignorancia de la leyes que rigen el trabajo del pensamiento.
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    Yo he tratado extensamente este punto en mi libro titulado La Fuerza del Pensamiento, pudiendo el estudiante que lo pone en práctica verificar pronto sus maravillosos resultados en los asuntos diarios de la vida.
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    No hay motivo alguno para alarmarse ante la posibilidad de poder ser indebidamente afectados por los pensamientos extraños. El remedio están en poneros en la clave conveniente, a fin de recibir sólo las vibraciones útiles correspondientes a los pensamientos alimentados en vuestra propia mente.
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    Cada ser es amo de su propia mente y no puede entrar a ella nada mientras él no lo permita. La fuerza interna es mucho más poderosa que la externa. Lo único que hay que hacer es mantener la mente propia, libre de toda base negativa de pensamiento, y entonces los pensamientos despreciables de otros, no tendrán atracción ni cabida. Sólo los pensamientos que armonicen y congenien hallarán asilo dentro de nuestra mente. Uno es el único dueño de fijar su clave propia y su mente no responderá sino a la nota correspondiente a ella. Si la mente emana amor, el odio no se acercará y, por tanto, no podrá afectar; y si emana verdad, la mentira huirá de ella. En este caso puede también aplicarse aquello de como el hombre piensa en su corazón, así es él.
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    El ser tiene maravillosas posibilidades para desarrollar su mente, de modo que pueda atraer hacia sí cuanto necesita del gran almacén mundial de pensamientos no modelados. Hallará cantidades enormes de pensamientos sin forma, que deseosos de obtenerla fluirán ansiosamente a sus mentes en busca de aquello que no les fue dado por la mente que los originó. Esta materia pensante está hambrienta de expresión y se congrega alrededor de la mente del que tiene la suficiente energía para dar forma a los pensamientos que vienen hacia él. Muchos hombres son demasiado perezosos para expresar los grandes pensamientos que originan y éstos quedan flotantes para que otros los absorban y les den expresión. Nada se pierde y lo que uno no usa, otro lo aprovecha. El pensamiento sin forma va al depósito universal para ser utilizado por todos aquellos que lo necesiten y sepan atraérselo hacia ellos.
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    Vuestra mente es un imán que atrae pensamientos en relación con vuestros deseos o necesidades conscientes o inconscientes. Cultivando una actitud mental conveniente atraeréis los mejores productos del mundo pensante. ¿No creéis que vale la pena hacer la prueba?
 William Walker Atkinson: La Ley del Nuevo Pensamiento.

lunes, 23 de agosto de 2010

Carta de un médico a un cardíaco.

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Carta de un médico a un cardíaco
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por Charles Miner Cooper
doctor en Medicina
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Hace algunos años, el doctor Cooper, bien conocido facultativo de San Francisco, quien está ya retirado de la práctica médica, escribió la carta que sique a un paciente que había sufrido un ataque cardíaco. Contiene tal carta sanos consejos, útiles aún para aquellas personas que actualmente gozan de buena salud.
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Mi estimado amigo:
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.. Indudablemente ha experimentado usted una excelente mejoría después de su reciente ataque cardíaco. Ese ataque ha debido servirle de advertencia para llevar una vida arreglada en forma de aminorar el trabajo del corazón. Sin embargo, usted no se ha preocupado por su exceso de peso, ha continuado comiendo y bebiendo sin atender más que a las exigencias de su buen apetito. Ha seguido su vida activa de negocios trabajando largas horas y a menudo con excesiva premura. No ha moderado sus rápidas y a veces violentas reacciones emotivas. La carga que ha soportado su corazón ha sido muy pesada; de ahí que ahora se sienta usted mortificado por la respiración anhelosa y otros síntomas inquietantes.
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.. Acude usted a mí en solicitud de consejo, como ha acudido a otros médicos, esperando quizás que pueda yo darle alguna droga que lo ponga en capacidad de seguir haciendo lo que antes hacía sin molestias. Desgraciadamente no existe tal droga; pero permítame usted delinearle un régimen que le ayudará muchísimo si después de un período de casi completo descanso físico, mental y emocional, lo sigue usted a conciencia.
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1. Debe usted empezar por reducir su peso a lo normal, de acuerdo con su estatura, su estructura y su edad. Esta reducción debe llevarse a cabo lentamente, modificando la dieta y por medio de ejercicios graduados; en ningún caso con el auxilio de drogas para reducir. Absténgase siempre de recargar su estómago en ninguna ocasión.
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2. Debe disminuir la extensión y la celeridad de sus actividades físicas. No corra para coger el tren, ni suba aprisa escaleras, ni trate de estacionar su automóvil en un espacio reducido, ni use ninguno de sus músculos hasta el límite. Absténgase de todo esfuerzo físico inmediatamente después de comer y no haga nada que le provoque respiración anhelosa. Si alguna vez empieza usted a respirar rápidamente o experimenta un dolor constrictivo del pecho, acuéstese y descanse.
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3. No debe usted consagrarse a tareas de orden mental sino cuando tenga la cabeza fresca, y asimismo debe interrumpir tal ocupación en cuanto se sienta fatigado o molesto. De esta suerte podrá dedicar su atención a los negocios con un mínimum de esfuerzo.
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4. Trate de atemperar sus reacciones emocionales. Podrá usted darse cuenta de cómo obran tales reacciones sobre el corazón si le informo que con cierto paciente tuve ocasión de observar un aumento de 60 milímetros en la presión arterial como consecuencia inmediata de un acceso de cólera. Bien sé que a usted su carácter le mantiene a la defensiva y le inclina a reprochar sin segunda consideración a quienes le hacen algo irritante, en vez de considerarse tonto a sí mismo por dejar que lo alteren. Tal punto de vista no es raro. El gran cirujano escocés John Hunter era de la misma condición de usted y como conocía el efecto de las reacciones emocionales sobre su corazón, decía que su vida estaba en manos del primer bellaco que tuviera a bien impacientarle. Y aun estando prevenido olvidó disciplinarse y padeció un ataque fatal durante un acceso de ira.
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.. Cuando un problema de negocios empiece a hostigarle o cuando sienta que está usted a punto de encolerizarse, deje el asunto a un lado; así se disipará la tempestad interior que iba formarse.
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5. Sean cuales fueren las circunstancias en que se encuentre usted, esfuércese por sentirse alegre. Desgraciadamente usted es un hombre taciturno que se deja dominar a veces de modo muy considerable por la tristeza. Tal estado no le ayuda a suministrar el estímulo que necesitan para funcionar apropiadamente el corazón y los vasos sanguíneos. Me dirá usted que eso de sentirse uno alegre cuando el ánimo se inclina a la tristeza es más fácil decirlo que hacerlo. Permítame hacerle una insinuación: cuando se sienta usted deprimido, o melancólico, piense en algún episodio especialmente grato de su vida; tráigalo de nuevo a la memoria. Su disposición de ánimo se pondrá entonces de acuerdo con el pensamiento evocado.
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.. Si es usted fumador le diría que se abstuviera enteramente de tal hábito, pues yo creo que el tabaco es dañoso para quienes padecen lesiones cardio-vasculares degenerativas.
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.. Su corazón le está reclamando que le exima de toda actividad excesiva y pidiéndole también que usted, su dueño, conserve su peso dentro del límite correcto, que esté siempre plácido, que frene con inteligencia sus actividades físicas, mentales y emotivas.
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.. Tengo muchos pacientes cuyo corazón pasó hace años por las mismas pruebas que el suyo. Todas esas personas disfrutan todavía de bienestar y atienden a su trabajo debidamente. Usted podrá obtener los mismos resultados con sólo seguir el régimen a que me he referido.
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.. Un atento y cordial saludo.
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.......................................Dr. Cooper.
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«La mortalidad debida a enfermedades del corazón es (en los Estados Unidos) tres veces más alta que la debida al cáncer y once veces superior a la causada por la tuberculosis. Las afecciones cardíacas producen más víctimas que las otras cinco causas de muerte combinadas , y son responsables por más casos de enfermedad crónica que cualquier otra afección».
—De un folleto preparado por la Asociación Norteamericana de enfermedades del corazón.
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«Sin embargo, millares de enfermos del corazón hacen una vida cómoda, feliz y útil porque están colaborando con los médicos para facilitar el trabajo del corazón. Algunos de ellos hasta tienen la esperanza de curarse por completo.
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«El sistema ideal para evitarse complicaciones cardíacas consiste en hacerse reconocer del médico una vez por año, y consultarle en cualquier momento en que aparezcan uno o más de los síntomas que pueden ser o pueden no ser indicios de lesiones cardíacas o de hipertensión arterial.
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«Su médico tiene a su disposición muchas drogas poderosas y nuevas técnicas quirúrgicas, pero no puede vivir la vida de usted. A la larga, la manera como usted viva más bien que los remedios que tome será el factor que determine cuánto tiempo y cuán feliz vivirá usted con una afección cardíaca».
Your Heart («Su corazón»), folleto de la Metropolitan Life Insurance Company.
«Selecciones» del Reader's Digest, tomo XVI, núm. 96. (Artículo completo y datos añadidos).

domingo, 8 de agosto de 2010

Exterminador de chinches y exterminador de ratas y ratones.

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Exterminador de chinches y exterminador de ratas y ratones
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Un producto de gran eficacia para la exterminación de las chinches, se prepara con los productos de la siguiente
FÓRMULA
Agua ................................................... 620 centímetros cúbicos.
Aguarrás ............................................. 100 -------------------------
Petróleo refinado o queroseno ............ 100 -----------------------
Jabón corriente ................................... 200 gramos.
Disuélvase el jabón en el agua, calentando ésta a fuego directo. Aparte caliéntese a baño de María el aguarrás junto con el petróleo. La disolución jabonosa caliente añádase a la mezla también caliente de aguarrás y petróleo; agítese todo bien y déjese enfriar. Este matachinches debe extenderse cada ocho días con una brocha por todas las grietas y rendijas y por el armazón de las camas.
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Pasta para exterminar ratas y ratones.
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Se obtienen unas tortas muy eficaces para exterminar ratas y ratones sirviéndose de la siguiente
FÓRMULA
Queso ............................................. 500 gramos.
Carne de vaca cocida ....................... 500 ----------
Carbonato de bario ......................... 1 kilogramo.
Glicerina ........................................ 500 centímetros cúbicos.
Agua de anís .................................. 200 -----------------------------
Pan molido .................................... A discreción.
Tómese el queso rallado, preferentemente rancio, y la carne de vaca cocida y triturada, y amásese primero con el agua de anís y después con el carbonato de bario y la glicerina. Hecho esto, añádase el pan finamente molido hasta obtener una pasta, que se amasará extendiéndola con una botella y se dejará como de medio centímetro de espesor. Luego con una copa o vaso grande, córtense tortas o galletas y caliéntense en el horno a calor moderado (unos 180° C.) para secarlas.
En lugar de galletas, se puede hacer con la pasta una especie de píldoras. Este producto, antes de ponerlo en la boca de las madrigueras para que lo coman los ratones o las ratas, es bueno humedecerlo con un poco de agua.
N. B.—El agua de anís se puede preparar echando unos 15 gramos de semillas de anís trituradas en 250 c. c. de agua e hirviendo unos 10 minutos. El carbonato de bario y la glicerina se venden en las droguerías industriales.

sábado, 7 de agosto de 2010

Noel Clarasó Las consecuencias lógicas

El gran escritor español Noel Clarasó (Barcelona,1899–1985) nos dice algunas cosas muy ilustrativas acerca de las consecuencias de nuestros actos.


Las consecuencias lógicas

Si la chimenea no tira, la casa se llenará de humo.

     Lo peor que se puede hacer en una chimenea que no tire es fuego. Si se hace fuego, sólo se consigue llenar la casa de humo. Porque el humo dentro de las habitaciones es una consecuencia de las chimeneas que tiran mal. Pero se puede hacer otra cosa: limpiar el tiraje o ensancharlo, si no da paso suficiente al aire que entra por la boca. Después la chimenea tirará y entonces se podrá hacer fuego en ella, sin peligro ninguno.

 
Todo, en la vida, es como una chimenea que a veces tiene el tiraje limpio y tira, y a veces lo tiene sucio y no tira. Y todo acto humano tiene, en la vida, sus consecuencias lógicas que se han de tener siempre en cuenta antes de obrar.

    El hombre que prevé las consecuencias lógicas de sus actos no labrará jamás su propia ruina, ni creará dificultades ni sinsabores innecesarios. Pero muchos, por impulso o por falta de preparación, obran en la ignorancia de las consecuencias lógicas de sus actos. O, lo que es peor, en la esperanza de que estas consecuencias sean, milagrosamente, otras.

   Estos milagros son rarísimos. En novecientas noventa y nueve veces de cada mil que hagamos fuego en una chimenea que no tire, la casa de llenará de humo.

     En donde se ve más claro el error de no pensar en las consecuencias lógicas de nuestros actos es en la comida y en el trato con los subordinados.

    Hay comidas pesadas, fuertes, que el organismo soporta mal. Si abusamos de ellas, la consecuencia lógica será el quebrantamiento de la salud del cuerpo. Muchos abusan a diario de estas comidas, enferman luego, se lamentan y pretenden curarse con específicos. Lo que han de hacer es cambiar de régimen alimenticio. Porque el quebrantamiento de la salud es una consecuencia lógica de cualquier exceso en las comidas fuertes.

 
    Todos consideramos que la salud es uno de nuestros mejores bienes. Todos sabemos que muchas enfermedades son consecuencias lógicas de ciertos atentados, cometidos en forma de comida o de bebida, contra nuestro cuerpo. Y, sin embargo, nos dejamos dominar por el placer del momento y comemos y bebemos en exceso.
 
    Y nunca decimos: «Como y bebo así, porque estoy resueltamente decidido a quebrantar mi salud». Buscamos otra explicación que suponga una ignorancia u olvido absoluto de las consecuencias lógicas.
    Igual nos conducimos en el trato con nuestros subordinados. Necesitamos que ellos trabajen y bien. Su buena disposición para el trabajo depende de su naturaleza y de nuestra manera de conducirnos con ellos. Su naturaleza no la podemos escoger siempre; pero nuestra manera de conducirnos con ellos, sí.

     Si les alabamos lo bueno que tienen y hacen, aunque sea poco; si le damos la impresión de que de su acertada colaboración depende el éxito de la empresa; si así les interesamos espiritualmente en nuestros negocios; si les animamos con un trato cordial y hacemos que se sientan persona importantes a nuestro lado y hasta nos interesamos de cuando en cuando por sus pequeños asuntos personales, ellos nos corresponderán poniendo, como quien dice, toda la carne en el asador.

    Pero si les humillamos, reprendiéndoles delante de otro por la menor falta, nos mantenemos siempre fríamente en un plano superior y nos contentamos con dar órdenes secas y contundentes, ellos las cumplirán mal, trabajarán poco y de mala gana y sólo esperarán que volvamos la espalda para decir pestes de nosotros y complacerse en evitar todo esfuerzo en su labor.
 
    Esto es claro como el agua y lo sabemos todos. Las reacciones de los subordinados son consecuencias lógicas de la forma como les tratamos, y lo mismo se puede decir de cualquier reacción ajena ante nosotros.
 
    Dejemos, pues, nuestros impulsos y nuestra vanidad a un lado, pensemos únicamente en las consecuencias lógicas y tratemos a todo el mundo de tal forma que sus reacciones sean siempre las más favorables a nuestro propósito.
 
    Los hombres no son inteligentes ni perfectos. Y el que atienda a mejorar la vida, ha de ser inteligente y perfecto por ellos. Si no lo hace así, sucumbirá a la tontería y a la mala disposición ajena. Que no olvide jamás el hombre que la mayor prueba de tontería y de imperfección consiste en mostrarse desagradablemente sorprendido por las consecuencias lógicas de sus actos.
 
    Toda palabra y toda acción tiene sus consecuencias lógicas; piénsalo.
    «Vive más, vive mejor», por Noel Clarasó. Barcelona, 1.ª reimpresión, 1957. (1.ª edición: 1952).