Aclaraciones

Apreciado lector:

¡Gracias por visitar la bitácora!

Todos los artículos de esta bitácora son de interés permanente; es decir, no pierden valor ni envejecen con el paso del tiempo.

Podrá usted leer todos y cada uno de los artículos publicados en esta bitácora viendo el ÍNDICE DE ARTÍCULOS Y TEMAS, ubicado en la columna derecha. Allí aparecen los títulos de todos los artículos publicados aquí, y pinchando en cada uno de ellos se podrá leer el artículo correspondiente.

Los artículos de esta bitácora NO son copias de otros artículos de otras páginas de internet, excepto si se dice lo contrario. Casi todos ellos no son de la web, sino de publicaciones impresas.

Todos o casi todos los artículos aquí publicados han aparecido por primera vez en internet en este sitio. Aunque se han publicado antes en libros y revistas, todos o casi todos ellos son una novedad en internet.

Los artículos publicados aquí son transcripciones de libros y revistas cuya calidad y seriedad son incuestionables.

lunes, 8 de marzo de 2010

Causa común de las enfermedades Hans Selye

........................................... Dr. Hans Selye.

..El siguiente artículo trata de la investigación del Dr. Hans Selye (Viena, 1907 — 1982), el descubridor del estrés. Su teoría apunta a que casi todas las enfermedades tienen una sola causa.

¿Tienen todas enfermedades
una causa común?

por J. D. Ratcliff

   El trabajo de un investigador austro-húngaro-canadiense está ofreciendo deslumbrantes perspectivas a la ciencia médica. Sus resultados indican que puede haber una causa común para casi todas las enfermedades, ya se trate de un ataque cardíaco, de un caso benigno de asma o sencillamente de la sensación de "estar enfermo". El doctor Hans Selye, de Montreal, cree que la causa es el desequilibrio químico del organismo, producido por la tensión orgánica (estrés).

..«Si los acontencimientos futuros demuestran que esta teoría es cierta —dice la Revista de la Asociación médica de los Estados Unidos—, será uno de los adelantos médicos más importantes de este siglo» (XX). The Lancet, una de las principales revistas médicas inglesas, coincide con esta opinión.

..El equilibrio químico del organismo está bajo el gobierno, principalmente, de tres diminutas glándulas, la pituitaria, que se aloja debajo del cerebro, y las dos suprarenales, que se hallan montadas sobre los riñones. Las tres juntas pesan menos de diez gramos y sin embargo sus hormonas, increíblemente poderosas, tienen enorme influencia sobre las funciones vitales. De acuerdo con la teoría de Selye, su trabajo principal es adaptar el cuerpo a todo género de tensiones orgánicas y rechazar cualquier amenaza al bienestar corporal.

..Selye cree que en un mundo de premura estamos sujetos a demasiadas tensiones. Nos apresuramos constantemente y nos preocupamos sin cesar. El hombre de negocios se somete a las exigencias esclavizantes de su oficina todo el día y a las preocupaciones toda la noche. El ama de casa se esfuerza por dirigir su hogar, hacer vida social y participar en actividades de la colectividad; a la hora de acostarse está tan aturdida que necesita tomarse una píldora para dormir.

..Las glándulas tratan de adaptarse a las demandas constantes de la tensión orgánica. Segregan hormonas en exceso para mantener el cuerpo en funciones y por algún tiempo tienen éxito; pero a la larga el propio macanismo de defensa se descompone. Las arterias se endurecen, la tensión arterial se eleva, se desarrollan las enfermedades del corazón, viene la artrítis. Éstas y otras enfermedades, según opina Selye, forman parte del cuadro de la tensión orgánica.

..«La causa aparente de la enfermedad —dice Selye— es a menudo una infección, una intoxicación, el agotamiento nervioso o sencillamente la edad avanzada; pero la causa más común de la muerte parece ser en realidad el desarreglo del mecanismo de adaptación hormonal». El estudio que hizo de este mecanismo, mediante extensos experimentos con animales, preparó el terreno para sus descubrimientos transcendentales.

..Hans Selye nació en Austria, de una familia que ha producido médicos durante cuatro generaciones, y recibió sus títulos de doctor en medicina y de filosofía en la universidad alemana de Praga. Posteriormente pasó a Norteamérica, becado por el Instituto Rockefeller, y estudió en las univerdades de John Hopkins (Baltimore) y MacGill (Montreal). Desde 1945 ha estado al frente del Instituto de medicina y cirugía experimentales de la univerdidad de Montreal.

..Cuando era estudiante de medicina asesiaba a los estirados profesores alemanes, sumamente inclinados a hablar de enfermedades específicas con causas específicas, tales como la neumonía y el microbio que la produce: «¿Y las enfermedades no específicas?», preguntaba constantemente Selye. «¿Qué me dice usted de la sensación de sentirse enfermo, sencillamente?»

..Los profesores escuchaban impacientes esas tonterías; pero Selye insistía. Casi todas las enfermedades tenían ciertos síntomas comunes, por ejemplo palidez, pérdida del apetito, pérdida de peso. «¿No significan algo esos síntomas comunes?», preguntaba. «No se ocupe usted en esas cosas», le decían.

..Pero Selye se ocupó. En 1936, cuando estudiaba en MacGill, se conocían dos hormonas sexuales femeninas. Selye pensó que estaba a punto de descubrir una tercera. Para probar los efectos de un nuevo extracto que había producido, lo inyectó en ratas a las que se les habían extirpado los ovarios. Esperaba que la autopsia mostrara cambios en el aparato sexual de los animales. En lugar de ellos, se le ofreció un espectáculo totalmente desconcertante. Las glándulas suprarenales de sus ratas estaban hinchadas hasta tres veces su tamaño normal; el sistema linfático había sufrido una degeneración; las cavidades gástricas e intestinales estaban punteadas con úlceras.

..¿Era alguna substancia tóxica que había en su jugo químico lo que estaba destruyendo el interior de las ratas? Para averiguarlo inyectó un poco de aldehido fórmico en una rata. La autopsia mostró exactamente el mismo cuadro: suprarenales inflamadas, úlceras, sistema linfático destruído. Evidentemente seguía una pista falsa en busca de una nueva hormona.

..Entonces se le ocurrió un pensamiento trascendental: ¿habría otras cosas además del aldehido fórmico y de su jugo hormonal que lesionaran el organismo de las ratas?

..Puso animales enjaulados en la azotea de su laboratorio, batida por el viento. Por largos períodos sobrevivieron al frío del invierno, pero finalmente sufrieron la misma clase de lesiones internas que los otros. Después provocó el agotamiento de otras ratas poniéndolas en jaulas giratorias movidas por un motor. Nuevamente se presentaron los mismos efectos. Parecía que cualquiera que fuese la tensión orgánica a la cual se sometiera a los animales se producían los mismos síntomas: suprarenales hinchadas, úlceras, degeneración del sistema linfático.

..Selye recordó los días de estudiante en Praga. Lo que estaba viendo ahora era la enfermedad no específica; no la enfermedad de un solo órgano producida por un solo factor. Casi cualquier tensión orgánica parecía causar los estados patológicos. La tensión orgánica... ¿podría ser la clave de todo?

..En los seres humanos no se había explicado muy bien por qué las enfermedades del corazón atacan a millones de seres, por qué la hipertensión produce una mortalidad tan numerosa, por qué la artritis y la fiebre reumática descargan sus ataques devastadores. ¿Era posible que todas estas cosas fueran sencillamente expresiones, resultados finales, de la tensión orgánica? ¿Podía ser que resultaran del desequilibrio hormonal dentro del cuerpo? Tenía que investigarlo.

..El Dr. Frederic Banting, el genio creador que dio al mundo la insulina, estaba de visita en McGill. Selye le habló de sus experimentos y de sus sospechas de que la tensión orgánica pudiera ser la causa de muchas enfermedades mortales. Banting escuchó atentamente. «Tal vez tenga usted entre manos algo muy grande —le dijo—. Necesitará dinero para seguir estudiando eso. Creo que puedo conseguirle una subvención».

..Llegó la subvención: ¡Quinientos dólares! No era mucho; pero Selye, solo en un pequeño laboratorio, siguió adelante su investigación, como precursor de la oposicíón al pensamiento médico tradicional fundado en la enfermedad específica.

..El primer problema fue encontrar por qué la tensión orgánica producía efectos tan terribles a las ratas. Selye pensó que la glándula pituitaria podía ser la responsable. Ideó una técnica sumamente delicada para extirpar la glándula con un instrumento que él mismo inventó. Sometió a los animales privados de pituitaria al frío, al calor, la fatiga, el ruido, los venenos. ¡Suprimida la pituitaria no había destrozos internos!

..Después extirpó las suprarenales pero dejó la pituitaria y provocó tensiones orgánicas similares: esta vez las lesiones internas de los animales fueron pequeñas. De manera que también vio que las suprarenales desempeñaban una parte de lo que Selye comenzó a llamar «el síndrome de la tensión orgánica».

..Gradualmente empezó a desenvolverse todo el cuadro. Cuando un animal era sometido a la tensión orgánica, había una reacción de alarma. La pituitaria producía hormonas que estimulaban a las suprarenales para que éstas segregaran otras. Si las tensiones orgánicas continuaban, a la reacción de alarma seguía un período de adaptación durante el cual el animal se acostumbraba; pero a la larga el mecanismo de defensa de gastaba, los animales enfermaban y morían.

..La autopsia mostró algunos síntomas notables. En general, las arterias estaban engrosadas y endurecidas; el corazón y los riñones gravemente lesionados. Algunos tenían enfermedades semejantes a la artritis; otros tenían enfermedades similares a la fiebre reumática. En suma, parecían exactamente víctimas humanas de los trastornos cardíacos y circulatorios. Evidentemente las lesiones habías sido ocasionadas por el exceso de hormonas producidas por la pituitaria y las suprarenales como reacción de defensa en un estado de urgencia contra las tensiones orgánicas aplicadas en el exterior del organismo.

..Había, con toda claridad, algunos paralelos notables entre lo que Selye observó en sus ratas y lo que todos hemos advertido en nosotros mismos. Bajo las tensiones de la preocupación, el exceso de trabajo, la fatiga, las infecciones crónicas, muchos de nosotros al parecer pasamos la vida bastante bien... por algún tiempo. Entonces, el tipo delgado, silencioso, que guarda sus preocupaciones dentro de sí, pasa a ser víctima de la hipertensión arterial. El robusto gerente de una fábrica, activísimo trabajador, sufre de enfermedad coronaria. El ama de casa, siempre cansada por el exceso de trabajo, puede llegar a ser diabética.

..Selye quería confirmar su convicción de que las lesiones que observaba en sus ratas se producían por un exceso de hormonas. ¿Podrían producirse lesiones semejantes mediante la inyección de hormonas en exceso? ¿Harían perder al organismo su equilibrio químico y producirían la enfermedad?

..La glándula pituitaria segrega una serie de hormonas que tienen finalidades específicas. Sólo una de ellas parecía adecuada para desempeñar un papel importante en el problema de la tensión orgánica: la hormona somatotrófica, que estimula el crecimiento del cuerpo. Las suprarenales producen unas 30 hormonas, pero al parecer también aquí sólo había un candidato probable: la desoxicorticosterona, o DOCA.

..Selye inyectó a unas ratas grandes dosis de DOCA. Al poco tiempo empezaron a sufrir enfermedades del corazón y de los riñones e hipertensión arterial. Sus articulaciones se pusieron tumefactas, inflamadas, dolorosas al tacto. Con una substancia que segrega el cuerpo de forma natural, Selye había producido algunas de las peores enfermedades con las que tiene que luchar el hombre.

..El siguiente paso fue ver qué haría la hormona del crecimiento. Administrada en dosis excesivas produjo casi las mismas enfermedades: una dolencia como la fiebre reumática, enfermedades del corazón y de las arterias y diabetes. ¡Ahora estaba en el camino! En 1944 Selye comunicó a la revista de la Asociación médica esos resultados.

..Era evidente que si la hormona del crecimiento y la DOCA, podían producir una serie de enfermedades, debería haber otras hormonas que las neutralizaran y contrarestaran sus efectos. En caso contrario, todos tendríamos artritis, diabetes y enfermedades del corazón y de los riñones. De este modo, el trabajo de Selye profetizó la ACTH y la cortisona cinco años antes de que en efecto se descubrieran.

..Cuando se anunció el descubrimiento de la cortisona y la ACTH en 1949, la mayor parte de los médicos quedaron asombrados ante su amplio radio de actividad. ¿Cómo, preguntaban, puede un solo medicamento como la cortisona ser eficaz para toda una gama de enfermedades aparentemente no afines: la gota, el asma, los padecimientos de la piel, la artritis, enfermedades musculares, enfermedades de los ojos? Para Selye la respuesta era clara: los mismos tipos de enfermedades se habían producido experimentalmente en sus ratas con dosis excesivas de DOCA o de hormona del crecimiento. Todo lo que hacían la ACTH y la cortisona era restablecer el equilibrio químico; cuando éste se restauraba las enfermedades se desvanecían como por arte de magia.

..El interés que ha demostrado la teoría de la tensión orgánica de Selye se pone de manifiesto en el hecho de que cada año se publican como 5.000 trabajos de investigación sobre esta materia. Prueba material de su aceptación la constituye el apoyo económico que están dando a su equipo de investigación fundaciones particulares, compañías farmacéuticas y los gobiernos de los Estados Unidos y del Canadá.

..¿Qué enseñanzas pueden derivarse de los descubrimientos de Selye? ¿Cómo puede uno evitar las tensiones orgánicas (estrés) que tan a menudo conducen al desastre?

..Es bastante fácil aconsejar al trabajador activo que asiente el paso, y al preocupado que se tranquilice, pero es difícil seguir el consejo. No obstante, todos pueden estar sobre aviso de que la tensíon orgánica es un asesino; tal vez el mayor de todos los asesinos. El hombre de negocios puede encontrar pasatiempos sedantes que contribuirán a darle serenidad. El ama de casa puede aprender que acaso sea más importante echar una siesta que lavar las cortinas de la sala. Todos podemos aprender cualquier lección una vez que sepamos que en ello nos va la vida.

..Si se demuestra que es verdad la teoría de Selye, es posible prever que un día se harán a las personas reconocimientos periódicos de su equilibrio químico tal como ahora se hacen del metabolismo, la tensión arterial y la orina. Si se descubre un desequilibrio, quizá la administración de hormonas y otras substancias pueda restaurar el cuerpo a su estado normal. Cuando llegare ese día, según Selye, no habrá ninguna razón por la cual la duración de nuestras vidas no haya de aumentar a 100 años o más.
«El cuerpo humano; maravillas y cuidados de nuestro organismo».

1 comentario:

Silvia dijo...

Muy buen artículo Sherlock.!